Día Mundial del Retrete 2019

Día Mundial del Retrete 2019

Damos por hecho que al llegar a casa, la oficina, escuela, un hospital... habrá un retrete. Pero, ¿qué pasaría si no fuese así? Para 4.500 millones de personas la realidad es no contar con uno, con las correspondientes consecuencias para la vida, salud, seguridad, educación y oportunidades de futuro. En el Día del Saneamiento o del Retrete, analizamos la situación.

Vamos al baño, realizamos nuestras necesidades, pulsamos un botón, nos lavamos las manos con agua y jabón, nos secamos, y listo: seguimos con nuestras actividades.

Detrás de ese pequeño gesto de pulsar un botón hay todo un proceso, con una descarga de un gran volumen de agua en poco tiempo, un cierre hidráulico que impide el paso de los malos olores, el arrastre de la materia orgánica hasta un sistema de saneamiento (conectado al alcantarillado) y un impacto ambiental que queda minimizado por las estaciones depuradoras de aguas residuales, que reducen la propagación de enfermedades infecciosas.

¿Pero has pensado alguna vez qué pasaría si no tuvieses un retrete y una cisterna en casa? Seguramente, no. Porque damos por hecha su presencia en nuestras casas, lugares de trabajo, escuelas… Pero en muchas partes del mundo contar con un retrete y con un sistema de saneamiento puede suponer evitar una enfermedad, una violación o la muerte.

La realidad es que contar con retretes o letrinas no es tan habitual como se puede pensar: 4.500 millones de personas carecen de acceso a estos servicios básicos de saneamiento. Y este tema, a su vez, influye sobre otros como la higiene, la salud, la educación o el impacto medioambiental: más del 80% de las aguas residuales resultantes de actividades humanas se vierten en los ríos o mares sin ningún tratamiento, lo que provoca su contaminación.

En muchos lugares, un retrete puede evitar una enfermedad, una violación o la muerte.

La salud, en riesgo

“Tú imagínate que no tienes baño. ¿Llevarías a tu hijo o a tu hija a una escuela que no tuviese baños?”. Quien lanza la pregunta es Blanca Carazo, portavoz y responsable de Programas Internacionales de UNICEF España.

Desde su experiencia en proyectos sobre el terreno en numerosas partes del mundo, como México, Bolivia, República Democrática del Congo, Ghana, Etiopía o Palestina, entre otros, habla en una entrevista con Fundación Aquae sobre la situación del saneamiento en el mundo y su importancia.

Cuando hablamos de saneamiento, nos referimos a “la disposición segura de la excreta humana”, la higiene personal, la higiene menstrual y, en un sentido más amplio, qué se hace con la basura y los desechos.

“¿Y por qué es tan importante, sobre todo para los niños? Porque si las excretas no se gestionan adecuadamente, si no hay una práctica de higiene adecuada o si estamos contaminando los alimentos y el agua porque no se está gestionando bien, estamos causando enfermedades diarreicas en los niños”. Y estas son ya una de las tres principales causas de mortalidad en niños menores de cinco años.

De ahí la importancia de erradicar la defecación al aire libre, ya que 892 millones de personas continúan con esta práctica insalubre.

Algo que puede «sonar raro», pero «es un indicador muy ilustrativo de las circunstancias en las que viven muchas personas: que no solo son terribles para su dignidad, sino también para su salud», añade María Alcázar Castilla, directora de Cooperación Internacional en la Cruz Roja.

Por unas escuelas con baños

Si bien este problema se da a lo largo del mundo, es especialmente grave en países de África subsahariana (como Níger o Chad, donde más del 60 % de la gente no tiene baño y debe haber sus necesidades al aire libre), Asia (como India, Indonesia o incluso China -con solo un 2%, pero sobre una población de unos 1.400 millones-) y América Latina.

«Por ejemplo, en las emergencias por el ciclón Idai en Mozambique, cuando llegamos el servicio de agua se había visto interrumpido en muchas zonas y las personas no podían gestionar su saneamiento de una manera adecuada», recuerda María Alcázar.

De ahí la enorme importancia de que haya baños e infraestructuras en las escuelas y los centros de salud, ya que una de cada tres escuelas en el mundo no proporciona servicios sanitarios.

Carazo, quien también ha trabajado en temas relacionados con saneamiento y agua desde otras organizaciones, como Acción Contra el Hambre, Prosalus e Ingeniería Sin Fronteras, cuenta su experiencia en proyectos en Ghana, Etiopía, México… y la dificultad de concienciar sobre la importancia de tener un baño, a través de distintas metodologías y buscando que la propia comunidad se comprometa y participe en la solución.

Ya sea con experimentos informales para demostrar cómo la defecación al aire libre contribuye a la contaminación de los alimentos, colaborando todos en la construcción de letrinas (teniendo en cuenta el cambio climático, y si puede haber inundaciones o sequías en esa zona) o promoviendo hábitos de higiene como lavarse las manos antes de comer o después de ir al baño: algo tan sencillo y barato como eficaz, pues reduce las enfermedades diarreicas en un 40 %.

“Todo eso al final lo que crea es que las personas entiendan que tener un baño es algo importante”, explica Carazo. “Incluso se genera una sensación de estatus, de que estar mejor es tener un baño”.

Una cuestión de género

Pero el saneamiento, a su vez, también es una cuestión de género. Las mujeres valoran aún más la importancia de disponer de un baño, por un motivo de intimidad; de seguridad, debido al riesgo de sufrir ataques cuando tienen que alejarse del pueblo, muchas veces por la noche; y de higiene menstrual.

La ausencia de baños separados para niños y niñas en las escuelas provoca que muchas niñas, cuando llegan a la pubertad y les baja la regla, dejan de ir a clase en esos días e, incluso, pueden acabar abandonando completamente los estudios.

La ausencia de baños separados provoca que muchas niñas abandonen los estudios.

Al respecto, recuerda Blanca Carazo con una sonrisa un proyecto en una escuela en Etiopía, con el que se buscaba la construcción de baños separados. Allí conoció al “Club de la higiene menstrual”, que se organizaba para concienciar sobre este tema tanto en la escuela como fuera de ella, y que desarrollaba una obra de teatro: en ella, unos niños se reían de una niña con la regla que había manchado la silla, y otros niños criticaban la actitud de estos y les explicaban que era algo natural.

“Me llamó mucho la atención esa naturalidad (…) y el hablar de un tema que a priori es muy tabú”, ya que eso permite cambiar percepciones y abrir “nuevos caminos” en el ámbito familiar, de los amigos, de la comunidad…, rememora la experta. “Eso es algo muy potente y que a veces no se ve: el saneamiento, los baños… esas cosas de las que nadie habla”.

Objetivo para la Agenda 2030

La buena noticia es que, además de la acción particular o de organizaciones como Cruz Roja, UNICEF o Fundación Aquae a través de proyectos, el agua limpia y el saneamiento forman parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por la ONU en su agenda para el 2030, con el objetivo de lograr para ese año el acceso universal y equitativo al agua potable y a servicios de saneamiento e higiene adecuados.

Reducir el uso de agua y reutilizarla, donar a proyectos o apoyar a organizaciones, no arrojar ciertos productos al inodoro para evitar la contaminación de ríos y mares, estar informado y concienciar sobre el tema son algunas de las acciones que recomienda Naciones Unidas para contribuir a esta meta.

Hay que difundir la importancia que tiene el saneamiento, cómo es diferente en unos lugares del mundo y en otros, y lo afortunados que somos: damos por hecho que en nuestra casa va a haber un baño, y que en el hospital donde vayamos o en la escuela de nuestros hijos va a haber baños”, recuerda la portavoz de UNICEF. María Alcázar coincide: «Nosotros vivimos en un contexto privilegiado en ese sentido».

Hablar sobre un retrete o sobre la defecación al aire libre puede resultar impopular, poco frecuente o incluso “tabú” a veces. Pero salva vidas. Y hay que contarlo. Como esa población en Ghana, que colgó un cartel a la entrada del pueblo: “Esta comunidad está libre de defecación al aire libre”.

[Un saneamiento adecuado] les da la oportunidad de estudiar y de tener un futuro mejor.

Desde entonces, “se nota que [nuestros hijos] se ponen enfermos muchísimo menos”, comentan. Y eso repercute en todos los niveles: los niños y niñas no se pierden clases por estar enfermos, las madres y padres no se tienen que quedar a cuidarlos y pueden dedicar más tiempo a generar ingresos, las niñas no dejan la escuela al llegar a la pubertad…

“Eso también es muy potente y supone darles esa oportunidad de estudiar y de tener un futuro mejor”, afirma Carazo. Un futuro que ya tiene fecha: 2030.

 


¿Qué hace Fundación Aquae por el saneamiento?

Fundación Aquae, desde su compromiso por el desarrollo sostenible y la gestión de un recurso esencial como es el agua, contribuye al ODS 6 (agua limpia y saneamiento) desde la difusión, el impulso al talento y el desarrollo de proyectos.

Así, en 2014 inició junto a UNICEF el proyecto “Agua para la Amazonía peruana”, con el objetivo de que esta población disponga de servicios de saneamiento dignos, lo que erradicará, entre otras cosas, la defecación al aire libre. Esto evita la contaminación de fuentes de agua y acuíferos, y reduce drásticamente enfermedades diarreicas: actualmente una de las tres principales causas de mortalidad en niños menores de 5 años.

El objetivo de la segunda fase (2017-2020) es llegar a beneficiar a 50.000 personas de las regiones amazónicas de Loreto y Ucayali (Perú), para que en junio de 2020 puedan disfrutar de sistemas integrales de agua y saneamiento.

De esta forma, “se daría cobertura al 100% de las familias, escuelas y centros de salud, logrando que estas dos comunidades estén ‘libres de defecación al aire libre’”, explica Mariola Urrea, presidenta del Consejo de Estrategia de Fundación Aquae.

El proyecto, en cifras
  • 50.000 personas beneficiadas en Loreto y Ucayali (Amazonía peruana)
  • Construcción de 300 baños ecológicos en la primera fase, y de 180 en la segunda: incluyen lavadero de manos y un doble depósito para transformar los deshechos en compost utilizable para el cultivo.
  • Implementación de 133 modelos integrales de agua y saneamiento: 81 en la comunidad de Miguel Grau (Loreto) y 52 en la de San Rafael, en Masisea (Ucayali).

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