fbpx
Fundación Aquae > Microplásticos: un contaminante que se propaga por mar, tierra y aire

Microplásticos: un contaminante que se propaga por mar, tierra y aire

03/07/2019 - Blog - Eva van den Berg
El plástico es un problema ambiental a gran escala. En especial, los fragmentos más pequeños, llamados microplásticos. Estos enemigos a menudo invisibles son ubicuos y forma ya parte de nuestra dieta habitual. Frenar el uso del plástico y minimizar los daños que causa debería convertirse en una gran prioridad a nivel mundial.
Compartir en

«Hoy encontramos residuos plásticos en las áreas más remotas del planeta —dijo el secretario de las Naciones Unidas, António Guterres, en la cumbre de los G7 de 2018—. El plástico mata la vida marina y perjudica gravemente a las comunidades que dependen de la pesca y el turismo». Pero no “solo” eso: las partículas más pequeñas, los microplásticos, inferiores a los 5 mm de diámetro, ya forman parte de nuestra dieta habitual: los contienen los alimentos y el agua potable, tanto la del grifo, como la embotellada (esta, en mayores proporciones). Es decir, los comemos, bebemos y respiramos y aún no sabemos qué impacto tendrá eso en nuestra salud.

La cifra de basura plástica que los humanos arrojamos al medio ambiente es escalofriante: cada año van a parar al océano unos 8 millones de toneladas de este material, de las cuales entre el 15 y el 31% son los susodichos microplásticos. Aunque en gran parte se generan a partir de la degradación de grandes piezas de plástico, un porcentaje importante procede de actividades tan cotidianas como conducir, lavar la ropa, asearnos, arreglarnos o pintar. Según datos de la IUCN, del monto total que va a parar al mar, dos terceras partes proceden de las lavadoras y de la abrasión de los neumáticos contra el asfalto. Y es que, conforme a un estudio de la Universidad de Plymouth, en una lavadora de una carga de seis kilos que trabaje a entre 30 y 40ºC, se liberan cantidades distintas de estas partículas, según del tejido que se trate. Las prendas acrílicas, las que más: unas 730.000 partículas por lavado. A ello hay que sumar la cantidad ingente de microesferas que contienen diversos productos de aseo personal, como las cremas exfoliantes, los geles de baño o los dentífricos. En una sola ducha, dice un informe del Comité de Auditoría Medioambiental de la Cámara de los Comunes de Reino Unido, se pueden producir hasta 100.000 microesferas, que se van por el desagüe, escapan a los filtros de las depuradoras y van a parar al mar y a los ríos, donde son ingeridas por los animales acuáticos.



Por ello, en varios países la fabricación de productos cosméticos con microesferas se ha prohibido, como en Canadá, Reino Unido, Suecia, Francia o Estados Unidos  y se espera que cada vez sean más los países que los veten. Una sorprendente proporción de estas micropartículas se cuela en las conducciones de agua potable, cerrando así el círculo completo.

Los microplásticos, nuevo hogar para las bacterias


 Los efectos nocivos que estos microrresiduos ocasionan en los animales que viven en mares y ríos o cerca de ellos es ya bastante conocido. Sin embargo ¿qué repercusión tienen en las bacterias, esos organismos tan y tan abundantes situados en el nivel más bajo de la cadena trófica? Un equipo de investigadores del Instituto de Ciencias del Mar y del Instituto de Investigaciones Marinas en Vigo, ambos del CSIC, liderado por Cristina Romera Castillo, ha averiguado algunas cosas importantes al respecto. «Estos residuos liberan una gran cantidad de carbono orgánico disuelto en el agua, hasta 23.600 toneladas métricas por año. La mayor parte de este carbono es consumido rápidamente por las bacterias marinas, las cuales ven estimulado su crecimiento», dice Romera Castillo. Además, añade, «los plásticos contienen aditivos que les confieren propiedades como la elasticidad y durabilidad, que pueden transferirse al agua, y factores como la radiación solar estimulan la liberación de estos compuestos».

Pero esos microfragmentos no solo ofrecen alimento a las bacterias. También son plataformas flotantes donde estas pueden instalarse, algo que ha llamado la atención del microbiólogo Gunnar Gerdts del Instituto Alfred Wagener (AWI) de Alemania. Según Gerdts, es normal que los organismos unicelulares del mar colonicen todo tipo de soportes, ya sean piedras, cascos de barcos o conchas de gasterópodos. Lo preocupante es que algunos de los microorganismos que se asientan en esos nichos de plástico pueden ser dañinos para el ser humano. Gerdts ha detectado, por ejemplo, la bacteria Vibrio parahaemolyticus, un agente patógeno causante de gastroenteritis, diarrea y vómitos. ¿Pueden esas partículas plásticas, entonces, convertirse en un vector de enfermedades?, cabe preguntarse. «De momento no lo sabemos —dice Gerdts—. Pero es posible que en el futuro las masas de microplásticos acumuladas en el océano promuevan la propagación de enfermedades». Son varios los estudios que han observado que los fragmentos de plástico son colonizados por especímenes que constituyen comunidades muy diferentes a las naturales. Una auténtica plasticosfera en la que se han registrado ya más de 335 grupos de organismos, incluyendo bacterias, algas, esponjas, insectos, crustáceos y moluscos, los cuales pueden causar graves impactos en el ecosistema.

 

El Mediterráneo, un mar lleno de plásticos


Lamentablemente, nuestro mar Mediterráneo es hoy uno de los mares con mayor contaminación por plásticos del mundo, tal y como deja bien claro el informe de 2018 Una trampa de plástico: liberando de plástico el mediterráneo de la organización conservacionista WWF, en el cual se subraya la grave afectación causada por estos residuos. En la cuenca del Mediterráneo, circunvalada por una veintena de países y habitada por 150 millones de personas, cada individuo produce entre 208 y 760 kg al año de residuos urbanos. En nuestro mar, el  plástico constituye el 85% de los desechos, tanto en aguas abiertas como en los fondos marinos y en las playas. Y los ubicuos microplásticos alcanzan niveles récord: aunque parezca increíble, aquí la concentración de esas partículas tan nocivas prácticamente cuadruplica la existente en la isla de basura del océano Pacífico Norte.



Sin duda alguna, el tema que nos ocupa es una emergencia mundial y, por ello, la lucha contra la contaminación marina es una de las áreas prioritarias del Objetivo de Desarrollo Sostenible 14 de las Naciones Unidas, que considera la presencia de plástico en el mar una de las principales amenazas ambientales de la Tierra, junto con el cambio climático, la acidificación de los mares o la pérdida de biodiversidad. Los argumentos para evitar al máximo el uso de este material son incontestables, porque, además, su fabricación contribuye a agravar el calentamiento global: el 90% de la producción de plásticos depende de los combustibles fósiles. Detener este descomunal sinsentido es cosa de todos. Parémoslo ya.

 

Etiquetas:

Sobre el autor

Periodista especializa en ciencia y medio ambiente, redactora de National Geographic, colaboradora de otros medios especializados y editora de libros científicos.

 

Compartir en