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Huella hídrica: sepamos en qué gastamos el agua

29/02/2016 - Blog - Joaquim Elcacho
Después de haber pasado 90 días sin prácticamente ni una gota de agua de lluvia, los habitantes del área metropolitana de Barcelona teníamos muchos motivos para escuchar atentamente las palabras del profesor Arjen Hoekstra, impulsor del concepto que conocemos desde 2002 como huella hídrica. Hoekstra nos recordó la importancia del buen uso del agua en una ponencia pronunciada en el Museu Agbar de les Aigües de Cornellà de Llobregat.
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He de reconocer que me considero muy afortunado por haber podido dedicar buena parte de mi carrera profesional a la información de naturaleza y medioambiente. No obstante, en muchas ocasiones sigo preguntándome si los artículos que escribimos los periodistas ambientales sirven de algo. Quiero decir, no estoy demasiado seguro de que -a parte de los lectores ya convencido de antemano en la causa ambientalista- el gran público modifique su forma de pensar y -sobretodo- sus hábitos de conducta después de leer buenas entrevistas como la de Antonio Cerrillo en La Vanguardia.





El entrevistado era Arjen Hoekstra y sus explicaciones desgranaban uno por uno los grandes retos con los que nos enfrentamos los ciudadanos y las empresas en el uso y gestión del agua potable. 


El titular de esta entrevista, “Tu vaquero lleva oculto un consumo de 10.000 litros de agua”, es una llamada de atención que funciona muy bien en el nuevo periodismo, más dependiente que nunca de los titulares impactantes y fáciles de entender. Pero lo realmente importante es que los ciudadanos nos sintamos atraídos por el titular para caer en la tentación de leer la entrevista y, si es posible, busquemos más documentación sobre este reconocido científico holandés y la propuesta de la huella hídrica.


Parafraseando el nuevo término de la Economía Circular, cerraríamos un círculo perfecto si después de leer las preguntas de Cerrillo y las respuestas de Hoekstra tomáramos consciencia del problema real de la gestión del agua potable y pusiéramos en práctica acciones personales para reducir nuestra huella hídrica. Es cierto que buena parte de las propuestas de este profesor de la Universidad de Twente, en Enschede (Holanda), van dirigidas a mejorar la gestión del agua por parte de las empresas y es evidente que no podemos estar todo el día calculando si provocaremos menos consumo de agua comprándonos unos pantalones de algodón o unos de lino; pero todo cuenta, no nos quepa la menor duda.


Es cierto que en ocasiones soy demasiado pesimista e incluso cuestiono la capacidad de influencia del periodismo ambiental pero, en el fondo, he de destacar que mantengo todas las esperanzas sobre la capacidad de los humanos para aprender y mejorar. Sigo siendo además un gran defensor del principio de que 'los pequeños gestos son poderosos'. 


La suma de muchos pequeños gestos -incluida una modesta aportación de los periodistas ambientales- ha hecho posible por ejemplo que el consumo per cápita de agua potable se haya reducido más de un 20% en las últimas dos décadas en el área metropolitana de Barcelona. Los datos de Aguas de Barcelona indican que el consumo medio se sitúa actualmente en los 101 litros por persona y día, es decir, en un rango de consumo que se puede considerar relativamente bajo para una zona socialmente desarrollada con temperaturas entre moderadas y altas durante buena parte del año. Las campañas informativas difundidas durante los últimos años, en especial a partir de la sequía de 2007-2008, han influido positivamente en la toma de conciencia ciudadana de un problema de escala global.


Confío en que los datos sobre consumo de agua y las explicaciones del profesor Hoekstra sean dos ejemplos positivos que permitan seguir abriendo puertas a la esperanza. Y para mi propio consuelo, siempre recordaré al director de uno de los diarios en los que he trabajado -muy poco ecologista, por cierto- que después de leer un artículo sobre los problemas de la sequía -en el que aparecía mi firma- se acercó a mi mesa y me confesó que desde aquel día había decidido que mantendría cerrado el grifo durante los dos minutos en que se frotaba los dientes con su cepillo eléctrico. 


Menos da una piedra.

 

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Sobre el autor

Joaquim Elcacho. Periodista especializado en medio ambiente y ciencia. Coordinador de La Vanguardia Natural, canal/sección de medio ambiente y naturaleza de la edición digital de La Vanguardia. http://www.lavanguardia.com/natural

 

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