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El objetivo subjetivo

04/07/2018 - Blog - Carlos Cazurro

Es donde estás. Es por qué estás ahí. Es quién eres. Es tu estado de ánimo. Es el momento en el que decides coger la cámara. Es analógico o digital. Es el motivo por el que decides cogerla. Es montar ese o aquel objetivo. Es cuando la metes en la funda y sales a la calle con ella. Es salir con una idea o esperar encontrarnos con ella. Ese día. A esa hora. Es el camino que recorres. Es caminar con prisas o con pausas...

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… La gente que se cruza en tu camino. La gente en cuyo camino te cruzas. Es la luz. Son las sombras. Es tu mejor amigo/a en primero de primaria. Es a lo que estás acostumbrado. Es nuestra capacidad de sorpresa. Es la chispa que te pide que desenfundes. Es que desenfundes. Es la reacción (o no) del entorno a tu cámara y tú. Es tu respuesta a esa reacción. Es donde te paras. Es haber mojado la noche antes. Es vertical u horizontal. Es la longitud focal. Es manual. Es el diafragma. Es la velocidad de exposición. Es tu última/o novia/o. Es sobreexponer. Es subexponer. Es la sensibilidad. Es saber lo que haces. Es el tiempo que llevas haciéndolo. Es automático. Es prioridad apertura. Es prioridad exposición. Es el punto de enfoque. Es manual. Es autoenfoque. Lo que encuadras. Es llevar boxers o gayumbos, bragas o tanga. Un paso atrás. Lo que dejas sin encuadrar. Dos pasos adelante. Es el tiempo que te detienes. Es el tiempo que detienes. Una vez. Dos veces. Una ráfaga de veces. Guardar sonriendo o borrar disgustado… Y podéis seguir rellenando este párrafo a vuestro antojo con tantas líneas como estiméis convenientes pero creo que con esto ya vale como punto de partida para lo que viene a continuación.

Una de las cosas que más gracia me ha hecho siempre de la fotografía es la capacidad que tiene de suscitar reacciones y generar reflexiones. Cuando alguien observa una foto parece que se olvida de que está frente a n+2 historias al mismo tiempo (donde n = al número de personas que van a ver esa foto y el +2 viene dado por la constante que define la suma de la historia que vio/quiso contar el autor con esa fotografía y la que estaba sucediendo en realidad). Pocas veces he visto coincidir dos de ellas y menos aún las tres (espectador, autor, motivo). Y, si nos quisiéramos poner más trascendentales, podríamos incluso llegar a afirmar que la realidad misma no es objetiva ya que cada momento viene dado por una serie de circunstancias que harán que la comprendamos más o menos en función de lo que queramos profundizar en ella y en la forma en la que seamos capaces de asimilar cada matiz. Pero tampoco es plan porque de eso ya habló largo y tendido el amigo Ortega y Gasset. A mí lo que me llama la atención (casi diría que me escandaliza) es que todavía haya gente que piense y/o afirme con rotundidad que la fotografía es un arte objetivo cuando la fotografía es una reflexión en sí misma. Y lo es desde el momento en que decides hacerte con una cámara y tu cabeza empieza a filtrar lo que merece la pena ser fotografiado y lo que no en función de todo aquello que sea lo que te ha llevado a estar delante de la foto que estás a punto de hacer hasta el momento mismo en el que ejecutas la obturación.

El objetivo subjetivo

En fotoperiodismo (que parece ser el caballo blanco sobre el que cabalga la doncella de la foto-objetividad) la fotografía nos muestra una porción de realidad situada en una pequeñísima porción de tiempo. Partiendo de la base de que me parece hilarante que alguien pueda pensar -de verdad- que haya algo relacionado con el periodismo que sea objetivo, podríamos considerar muchos factores que hacen que el fotoperiodismo no lo sea: los objetivos acotan el ángulo de visión, la composición nos invita a mirar aquí o allá, el tiempo que se captura acota nuestro conocimiento del contexto o la técnica del fotógrafo que, además, elige lo que considera más interesante en función de lo que el antes citado Ortega y Gasset llamaba perspectivismo o, lo que es lo mismo, la forma que tenemos cada uno de nosotros de componer nuestra verdad (que muchas veces se contradice con la de otros) en función de nuestras experiencias. El punto de vista (lo subjetivo), lejos de ser algo demonizable en fotografía es, precisamente, lo que hace que haya fotógrafos excepcionales, buenos, mediocres, malos o pésimos. Y que una fotografía sea excepcional buena, mediocre, mala o pésima tampoco es algo que tenga que preocuparnos demasiado ya que no existe una matemática formulada al respecto sino que dependerá en buena medida de la forma en la que se desarrolle el diálogo fotógrafo-público y de la perspectiva con la que cada parte emita/reciba. Lo importante, al menos para mí, al hacer una fotografía no es buscar el que les guste sino hacer que me guste.

Todo esto para decir que lo único objetivo que atrevo a decir de la fotografía es que la fotografía es subjetiva en todo su recorrido. Yo soy yo y mis circunstancias, decía Ortega y Gasset. Y mis fotos también. ¿A alguien le cabe duda todavía?

Este texto fue escrito como “Tribuna” para la publicación “Monográfico Agua Magazine PhotoAquae 2018”.

 

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Sobre el autor

Licenciado en periodismo, trabaja como fotógrafo y documentalista. Ha recibido diversos premios entre los que destacan los concedidos por National Geographic en 2008 y 2011. En los últimos años ha documentado la situación de los refugiados en Europa, Palestina y el norte de África.

 

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