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El periodismo de nuestro tiempo

24 de Agosto de 2016
Octavio Enríquez reflexiona sobre la importante labor social del periodismo

El hambre por contar buenas historias constituye un antídoto y un motor, un correctivo contra el conformismo, y una inyección de revoluciones cuando pulula el próximo reportaje en la cabeza.

Aunque divertido, porque creando se estimulan los enamorados del oficio, el periodismo es también una gran responsabilidad. Los lectores demandan los más altos valores en su ejercicio: objetividad, veracidad e imparcialidad por ejemplo. Se trata de conceptos inalcanzables que nos sirven como horizonte, pero en la práctica no son una realidad.

Es la diferencia entre la idea y lo que se hace. Entre el verso soñado  y el escrito. Entre el mueble imaginado y el real, entre la crónica y lo que publicamos.  Partamos de un concepto: Los periodistas no somos objetivos cuando escribimos. Miguel Ángel Bastenier, columnista del diario El País y mi profesor en Cartagena durante 2002, nos decía citando a Walter Benjamin: “Si fuéramos objetivos, seríamos objetos” (Blanco Móvil, Aguilar: 2002).

¿Qué sobrevive entonces en el periodismo?

El intento por aproximarnos a la verdad, que es otro concepto limitado por lo que el periodista observa, informa y contextualiza, y viene siendo —mejor decir es— la actitud honesta frente a los hechos a lo que Bastenier llama fair play y que se traduce en un relato periodístico, una versión de la realidad que se sustenta en los hechos, la documentación y la declaración de los principales involucrados.

Una posición que garantiza la exposición clara de los acontecimientos reporteados con el mayor balance posible y riqueza de información para que sea el lector quién juzgue.

Los más críticos del periodismo y de los periodistas, en particular, suelen descalificar con rudeza lo que se publica. “Esperaba que fueras más objetivo”, repiten, asemejando sus palabras a un látigo.

Confieso que estoy en contra del periodismo aséptico, que finge desapegarse de la realidad tanto que ya uno no la reconoce. Me cae bien el ejercicio comprometido que se fía de la técnica a la hora de elaborar el producto periodístico—crónica, reportaje, investigación, tanto de forma como de fondo— y de los valores como el respeto a la democracia, los derechos humanos y la defensa de los recursos naturales que deben ser nuestra prioridades.

Por tanto, no se puede callar ante el abuso de poder, ante el policía que golpea al manifestante, ante el sistema en que es imposible encontrar justicia, y en que los ciudadanos no tienen qué comer, ante el funcionario que mete la mano para apropiarse del erario.

Ese es el periodismo de nuestro tiempo y es también el periodismo de siempre, el pasado y el futuro viéndose en un espejo. Si no lo hacemos,  habríamos renunciado a nuestra esencia: ser cronistas de nuestra época. Ese es un privilegio que ninguna otra profesión tiene, pero igual es un trabajo que requiere el desarrollo de un método para que las ideas no se queden ahí, en ese universo vasto de cosas por hacer y se conviertan en el trabajo bien hecho de todos los días.

ACERCA DEL AUTOR

Octavio Enríquez
El reportero nicaragüense Octavio Enríquez es el ganador del Premio Especial Iberoamericano de Periodismo Ambiental 2014, que patrocina Fundación Aquae por el reportaje “Mafia del Granadillo”, emitido en Canal 12.Octavio Enríquez se define en su perfil como Periodista. Soñador empedernido. Amante de las investigaciones. Premio Ortega y Gasset 2011. Y papá 24 horas.http://www.confidencial.com.ni/autor/80/octavio-enriquez