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Biodiversidad y actividad humana, un equilibrio necesario

23 de Mayo de 2015
Han pasado más de dos décadas desde que Naciones Unidas, en la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, reconociera la necesidad de conseguir un equilibrio entre la preservación de la biodiversidad y el desarrollo de la actividad humana, así pues a estas alturas resulta pertinente preguntarse si estamos en el buen camino de lograr el objetivo.

La biodiversidad es el resultado de cuatro mil millones de años de evolución. Es un sistema en evolución constante, tanto en cada especie, como en cada organismo individual. El proceso evolutivo de una especie, tal y como la conocemos hoy, ha podido iniciarse en un periodo de tiempo que va de uno a cuatro millones de años. Pero además del factor tiempo, hay que considerar que esas cadenas evolutivas pueden romperse, de hecho el 99 % de las especies que alguna vez han existido en la Tierra se han extinguido. Además, parece inevitable y consustancial a la misma naturaleza, que con el transcurso del tiempo todas las especies vivan un proceso de extinción. Y una vez llegados a este punto, cabe preguntarse, en qué medida la actividad humana pueda estar acelerando este proceso natural, para así poder establecer las medidas correctoras correspondientes. 

Sin duda, queda mucha labor por hacer, pero ya se ha avanzado enormemente en el establecimiento de criterios y medidas que tienen como objetivo final equilibrar la actividad del ser humano en su interacción con los diversos ecosistemas del planeta. Un claro ejemplo es el de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico, una organización pesquera intergubernamental responsable de la conservación de los túnidos y especies afines en el océano Atlántico y mares adyacentes. Esta organización es la responsable de evaluar el stock y para ello realiza, entre otras actividades, las estadísticas de pesca de estas especies, proponiendo mecanismos de ordenación que deben ser acordadas posteriormente.

Otro buen ejemplo de iniciativas que persiguen el equilibrio entre la actividad humana y el ecosistema, es el de los humedales de l’Embut e Illa de Mar en el Delta del Ebro. Estos humedales funcionan como una estación de tratamiento natural de agua de riego proveniente de los arrozales de la zona. El humedal de l’Embut tiene una superficie total de 93,76 Has., de las cuales 86,43 son superficie de tratamiento con un caudal de funcionamiento de 1m3/s. L’Embut tiene 650 árboles y 53 Has. de carrizo plantadas. Como seguro ya han intuido este sistema de tratamiento permite que el agua utilizada para el riego de los arrozales -que arrastra contaminantes- llegue a la Bahía de los Alfacs en buenas condiciones. Adicionalmente al tratamiento del agua, no cabe la menor duda de que el humedal tiene un gran valor ecológico que permite el establecimiento de fauna autóctona de la zona.

Precisamente, visité recientemente el Delta del Ebro y me surgió una duda que me gustaría compartir. Como saben, la actividad de arrastre de los ríos hace que los sedimentos fluviales se acaben acumulando en la desembocadura y se formen lo que conocemos como delta. Obviando la incidencia que en este fenómeno tengan los sistemas de regulación de los ríos, está claro que siguen llegando sedimentos a la desembocadura y esto provoca que zonas húmedas en la actualidad, puedan llegar a secarse con el paso del tiempo. Durante la visita, me explicaron que había una iniciativa para ‘recuperar’ unos antiguos humedales que se habían secado por el avance del delta y aquí fue donde me asaltó la duda de si esa ‘recuperación’ no es más que otra intervención de la actividad humana contra la evolución natural del entorno. Es decir, ¿podemos afirmar que hemos incrementado la sostenibilidad del entorno con la recuperación de esos humedales?, o ¿quizá la opción más sostenible era no intervenir?

No hay duda de que el equilibrio entre la actividad humana y el proceso evolutivo de la vida en el planeta -ambos en continua evolución, cambio y adaptación- es un desafío complejo pero absolutamente necesario.

ACERCA DEL AUTOR

Manuel Cermerón

Director de Estrategia y Desarrollo de Agbar

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