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Áreas protegidas, ¿cómo les afecta el cambio climático?

Las áreas protegidas en España podrían ver mermada su capacidad de conservación de la biodiversidad debido a los efectos del cambio climático. Mario Mingarro, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) asegura que es urgente favorecer la conectividad entre estos espacios para hacer frente a las amenazas ambientales que les acechan.

Estas zonas, a través de los ecosistemas que protegen, son esenciales para conservar la biodiversidad natural. Nos aportan numerosos beneficios. Contribuyen al abastecimiento de agua, aportan alimentos y materias primas, ayudan a la regulación climática y de la calidad del aire, al control de la erosión, a la fertilidad del suelo y a la polinización, así como disfrute recreativo. Son importantes para la educación, la cultura y el desarrollo sostenible las economías locales y regionales.

Frenar la pérdida de biodiversidad

En las últimas décadas su número ha aumentado hasta cubrir el 15% de la superficie del planeta y el objetivo es llegar al 17% en los próximos años. La cifra de las áreas protegidas en España ya se eleva a un 28%.

Sin embargo, estas herramientas tan estratégicas para hacer frente a la crisis que sufre la biodiversidad debida a las presiones humanas pueden perder su capacidad de protección debido al cambio climático, cuyos efectos podrían obligar a muchas especies a abandonarlos y a desplazarse hacia otras zonas en busca de condiciones climáticas más adecuadas. El hecho de que estos espacios protegidos no estén conectados entre sí agrava la situación.

“El cambio climático es una amenaza real y ahora mismo las áreas protegidas son lugares fijos en el espacio con unos límites. El cambio climático no entiende de límites, tiene un dinamismo”, dice Mario Mingarro, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). “Puede que en el futuro el clima de esa área protegida no sea el mismo y aparezca en otro lugar, por lo que las especies van a necesitar desplazarse, ir a alturas superiores buscando sus condiciones climáticas”.

Si protegemos la biodiversidad en espacios que no tienen suficiente tamaño y no están conectados, no podrá desarrollar sus funciones ecosistémicas

La fragmentación de estos espacios juega a la contra. La expansión urbana, los desarrollos en infraestructuras y los cambios en los usos de la tierra han fomentado el aislamiento de muchas de estas áreas, con unos límites geográficos marcados, afectando a su correcto funcionamiento de los diversos mecanismos y funciones ecológicas. La solución pasa por conseguir que estas zonas se encuentren conectadas adecuadamente.

Mario Mingarro asegura que “necesitamos que los espacios protegidos estén conectados para que exista un flujo genético entre las especies, para que tengan un hábitat adecuado para reproducirse y buscar alimento. Si protegemos la biodiversidad en espacios protegidos que no tienen el suficiente tamaño, no tienen suficiente espacio para desarrollar esas conexiones, estamos protegiendo una biodiversidad que no puede desarrollar sus funciones ecosistémicas”, asegura.

La protección de las áreas protegidas en España 

Mario Mingarro ha desarrollado junto a otros investigadores del MNCN-CSIC una metodología para favorecer que la gestión de los espacios protegidos se adapte a las principales amenazas ambientales a las que se enfrentan, y de esta manera asegurar su eficacia conservacionista.

El investigador del MNCN-CSIC explica que esta metodología se puede aplicar en cualquier área protegida y permite examinar si el espacio en cuestión podrá mantener en el futuro las condiciones ambientales por las que se estableció como área destinada a la conservación.

“Mediante modelos estadísticos obtenemos qué va a pasar con ese clima, donde va a aparecer en el futuro y de esta manera podemos identificar cuáles son lugares donde las especies van a tender a ir. También hemos estimado cuáles son los usos del suelo que debe haber en esas áreas y de esta forma poder crear corredores donde se van a presentar las barreras al desplazamiento de las especies”, explica el investigador.

“España es un país que tiene la mayor riqueza de biodiversidad de Europa y sin embargo, es la más vulnerable debido al cambio climático”

Los investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales han estimado las condiciones climáticas actuales y futuras del Parque Nacional de Guadarrama y han visto que “es indispensable establecer una red de corredores que cubran el Sistema Central, desde la Sierra de Gredos, el Sistema de Guadarrama hasta el Sistema Ibérico y que facilitarían mucho la dispersión de las especies”, dice Mingarro.

“Hemos realizado un ejercicio posterior utilizando todos los parques nacionales y los modelos estadísticos y matemáticos nos dicen que las condiciones climáticas que tiene Doñana en el futuro podrían desaparecer y subir a latitudes más altas”. Según este experto, otros parques nacionales como el de Ordesa o el de Aigüestortes también pueden verse afectados por el cambio climático.

Mario Mingarro asegura que “España es un país que tiene la mayor riqueza de biodiversidad de Europa y sin embargo es la más vulnerable debido al cambio climático. El clima mediterráneo está muy determinado por el déficit hídrico”.

Soluciones como “ecoductos que son grandes pasos de fauna por encima de las carreteras o vías de transporte” son medidas muy estudiadas que ya están dando sus frutos, en opinión de este investigador. “Otros elementos muy importantes pueden ser los ríos y sus riberas que son corredores naturales. Podrían reforestarse y permitir el flujo de especies a través de ellas”.

ACERCA DEL AUTOR

Mario Mingarro
Es investigador en el departamento de Biogeografía y Cambio Global en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Estudia cómo les puede afectar a los espacios protegidos el cambio climático y las dinámicas de los usos del suelo. Trabaja en análisis y modelización de las condiciones ambientales de estas áreas.