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Más árboles en las ciudades = Mejor salud y menos calor

El cambio climático está produciendo que en los golpes de calor extremo sean cada vez más enfatizados durante el verano. Algo que está ya afectando a las planificaciones de las ciudades, según revela un nuevo estudio.

Las olas de calor aumentan la demanda de energía, y con ello sus costos, algo que puede tener un gran impacto en la salud humana. Una herramienta muy poderosa son los organismos naturales que han existido incluso antes que las civilizaciones humanas, como los árboles, que pueden poseer el secreto para mantener los lugares donde vivimos más habitables y, con ello, mejorar considerablemente nuestra salud.

Monica Turner, profesora de la Universidad de Wisconsin-Madison en el departamento de Biología Integrativa y coautor del estudio, ha afirmado que “sabíamos que las ciudades son más cálidas que el campo circundante, pero encontramos que las temperaturas varían mucho dentro de las ciudades. Mantener las temperaturas más apacibles en los días calurosos de verano puede ocasionar una gran diferencia para los que vivimos y trabajamos allí".

Según el estudio, las superficies impermeables -carreteras, aceras o edificios- absorben el calor solar durante el día, liberándolo durante la noche. Por otro lado, los árboles protegen esas superficies de los rayos solares, pero también transpiran o liberar agua en el aire a través de sus hojas, un proceso que ayuda a enfriar tanto el ambiente como la materia. Para conseguir un máximo beneficio a este respecto, las copas de los árboles deben superar al menos 40%, es decir, una manzana de la ciudad debería estar cubierta casi a la mitad por una red verde de hojas y de ramas.

El estudio ha demostrado que los espacios urbanos con menos vegetación son mucho más cálidos en verano, algo que siempre había conducido a hablar de las “islas de calor”. También a los “archipiélagos de calor”, formados por varias “islas de calor” más pequeñas intercaladas dentro de la urbe con zonas más frescas. En general, para llegar a ellas, los estudios y mediciones se habían centrado en tomar lecturas de la temperatura de la superficie del suelo o medir la temperatura, pero en el nuevo estudio, dirigido por Carly Ziter, se ha tenido en cuenta datos más pequeños y locales porque, según la científica, “las mediciones satelitales de la temperatura de la superficie del suelo en realidad no brindan datos de la temperatura del aire, por lo que no lo acercan tanto a lo que la gente realmente siente".

Para ello realizaron un trabajo de campo a pie de calle para recoger datos y mediciones cercanas a lo que, en el día a día, los habitantes de una determinada zona pueden experimentar. De hecho, Ziter, recorrió la ciudad de Madison, en Wisconsin, en bicicleta con un sensor para obtener la información de manera directa, como si fuese una pequeña estación meteorológica móvil, logrando datos de la temperatura del aire a tiempo real cada cinco metros.

Los resultados de su investigación llevaron a la elaboración de un estudio en el que plantea la necesidad de conformar zonas más arboladas en la ciudad, planteando la necesidad de una plantación arbórea reflexionada, saber dónde y cuántos se plantan, involucrar a toda la comunidad. Porque no es atañe tan solo a cuestiones de temperaturas y al confort en temporada estival, también ocasiona un aire más más limpia que afecta de manera positiva a la salud de los ciudadanos.

El cambio climático está produciendo que en los golpes de calor extremo sean cada vez más enfatizados durante el verano. Algo que está ya afectando a las planificaciones de las ciudades, según revela un nuevo estudio. Las olas de calor aumentan la demanda de energía, y con ello sus costos, algo que puede tener un gran impacto en la salud humana. Una herramienta muy poderosa son los organismos naturales que han existido incluso antes que las civilizaciones humanas, como los árboles, que pueden poseer el secreto para mantener los lugares donde vivimos más habitables y, con ello, mejorar considerablemente nuestra salud.

Monica Turner, profesora de la Universidad de Wisconsin-Madison en el departamento de Biología Integrativa y coautor del estudio, ha afirmado que “sabíamos que las ciudades son más cálidas que el campo circundante, pero encontramos que las temperaturas varían mucho dentro de las ciudades. Mantener las temperaturas más apacibles en los días calurosos de verano puede ocasionar una gran diferencia para los que vivimos y trabajamos allí".

Según el estudio, las superficies impermeables -carreteras, aceras o edificios- absorben el calor solar durante el día, liberándolo durante la noche. Por otro lado, los árboles protegen esas superficies de los rayos solares, pero también transpiran o liberar agua en el aire a través de sus hojas, un proceso que ayuda a enfriar tanto el ambiente como la materia. Para conseguir un máximo beneficio a este respecto, las copas de los árboles deben superar al menos 40%, es decir, una manzana de la ciudad debería estar cubierta casi a la mitad por una red verde de hojas y de ramas.

El estudio ha demostrado que los espacios urbanos con menos vegetación son mucho más cálidos en verano, algo que siempre había conducido a hablar de las “islas de calor”. También a los “archipiélagos de calor”, formados por varias “islas de calor” más pequeñas intercaladas dentro de la urbe con zonas más frescas. En general, para llegar a ellas, los estudios y mediciones se habían centrado en tomar lecturas de la temperatura de la superficie del suelo o medir la temperatura, pero en el nuevo estudio, dirigido por Carly Ziter, se ha tenido en cuenta datos más pequeños y locales porque, según la científica, “las mediciones satelitales de la temperatura de la superficie del suelo en realidad no brindan datos de la temperatura del aire, por lo que no lo acercan tanto a lo que la gente realmente siente".

Para ello realizaron un trabajo de campo a pie de calle para recoger datos y mediciones cercanas a lo que, en el día a día, los habitantes de una determinada zona pueden experimentar. De hecho, Ziter, recorrió la ciudad de Madison, en Wisconsin, en bicicleta con un sensor para obtener la información de manera directa, como si fuese una pequeña estación meteorológica móvil, logrando datos de la temperatura del aire a tiempo real cada cinco metros.

Los resultados de su investigación llevaron a la elaboración de un estudio en el que plantea la necesidad de conformar zonas más arboladas en la ciudad, planteando la necesidad de una plantación arbórea reflexionada, saber dónde y cuántos se plantan, involucrar a toda la comunidad. Porque no es atañe tan solo a cuestiones de temperaturas y al confort en temporada estival, también ocasiona un aire más más limpia que afecta de manera positiva a la salud de los ciudadanos.