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El pez que ronca

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Hasta los pescadores tienen por tonto a este gran pez de boca pequeña y cara de buena persona, que no escapa cuando lo tocas y que, gracias a los movimientos que hace con los maxilares, produce una especie de ronquido.



El pez luna es un pez grande, redondo y plano como la luna que vemos, que puede alcanzar los dos o tres metros de diámetro y el peso de una tonelada. En ocasiones flota en la superficie recostado sobre un flanco, quitando la luz al que bucea y desde abajo ve una negra sombra redondeada, y desde arriba sus colores, que van del sonrosado de la cara, al marrón oscuro de las aletas que salen del norte y del sur de su cuerpo, y que parecen abanicos moviéndose de forma tonta sobre el agua. Cuando las bandadas de peces luna están inmersas, miran siempre hacia arriba, hacia la superficie; pero cuando sale el sol, ascienden y se tumban en el agua. Al no tener escamas en su piel y ser, a la vez, rugosa como una piedra, es uno de los peces más colonizados por copépodos del plancton, y por infinidad de parásitos que mueren fuera del mar. Por eso, en los días despejados y tranquilos, el pez luna sube a la superficie y se tumba al sol hasta que su piel parece la de un satélite sin agua y sin vida. Cabe destacar también el sonido que produce el pez luna con los maxilares y que los marineros definen como “ronquido”.

El pez luna – Mola mola – es un pez enorme: grande, redondo y plano como la luna que vemos, como esas paelleras que salen en los anuncios de lavavajillas, de dos o tres metros de diámetro: pesa una tonelada. Igual como la luna da a veces sombra a la Tierra, el pez luna quita luz al que bucea y desde abajo se ve una negra sombra redondeada, y desde arriba se ven sus colores, que van del sonrosado de la cara al marrón oscuro de las aletas que salen del norte y del sur de su cuerpo, y que parecen abanicos moviéndose de forma tonta sobre el agua.

Flota, a veces, cerca de la costa; sin embargo, no le interesa a casi nadie; y eso que tiene un nombre bonito, una mirada cándida y un aspecto curioso; pero ronca dormido, y ronca despierto.

Esta entrada pertenece al diccionario de la naturaleza de Mónica Aceytuno, patrocinado por Fundación Aquae. Si quieres participar, lee aquí cómo hacerlo. 

Ver también:
Dormir sobre el agua
El tiburón ángel
Escuchando a los peces habladores

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