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La cabra montés

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La cabra montés o íbice ibérico (Capra pyrenaica) es una de las especies de bóvidos del género Capra que existen en Europa. Antiguamente repartido por el sur de Francia, Andorra, España y Portugal, el íbice ibérico es un endemismo que actualmente se encuentra principalmente en las áreas montañosas de España y del norte de Portugal.

Durante los meses de noviembre y diciembre se ve a las hembras y machos reunirse. Es su época de celo. Como relata Mónica Fernández Aceytuno en este microsespacio de Aquae TV, la cabra montés ofrece en estos días el espectáculo del cortejo y la conquista con los violentos combates de los machos cabeza contra cabeza.

La cabra montés íbice ibérico es una especie con fuerte dimorfismo sexual, al igual que muchos otros bóvidos. Las hembras miden unos 1,20 metros de largo y 60 centímetros de altura en la cruz, pesando entre 30 y 45 kilos. Tiene cuernos bastante cortos y se parece bastante a una cabra doméstica. Los machos, en cambio, pueden llegar a los 148 centímetros de largo y tener una altura de 77 centímetros en la cruz, alcanzando un peso máximo de 110 kilos. Los cuernos de los machos son notablemente gruesos y pueden llegar a ser el triple de largos que los de las hembras.

Es una especie de hábitos diurnos en invierno, y se va haciendo nocturna en el verano. Tímida y tranquila, tiene un gran olfato y oído. Está dotada para andar entre rocas y saltar por paredes casi verticales o incluso hielo. Muy gregario, forma grupos numerosos bien de hembras y crías o bien de machos. Aunque no migra, realiza largos viajes erráticos durante el invierno.


Ejemplar de macho de cabra montés o íbice ibérico
Autor: Javier García Diz. Licencia CC BY-SA 3.0


El color y longitud del pelaje varía según las subespecies y la época del año, tornándose más largo y grisáceo en invierno. Tras las mudas de pelo de abril y mayo, el color es pardo o canela, con manchas oscuras en la parte inferior de las patas que en los machos adultos pueden extenderse hacia los costados, hombros y vientre. La parte central de este es blanca en ambos sexos, y la cola negra y corta (12-13 cm.).

Entre los enemigos destacan los perros asilvestrados y los lobos, aunque éstos últimos actualmente ocupan áreas bastante alejadas de los territorios de las cabras montesas.

La caza de esta especie por parte del hombre se producía ya en la Prehistoria. Son abundantes sus restos en las cuevas paleolíticas y aparece representada con frecuencia en las pinturas rupestres de toda la península ibérica.
Con la introducción de la agricultura y el aumento de la población humana (y con ello, de la caza), su población desapareció de varias zonas y en otras menguó ostensiblemente. En tiempos recientes, el hecho de ser una especie única en el mundo, endémica de la península, la convirtió en una cotizada especie de caza mayor.

Las subespecies que sobreviven podrían sumar cerca de 50 000 ejemplares, presentes en su mayor parte en sierra Nevada, Gredos, las Batuecas, Los Puertos de Morella, Muela de Cortes, Serranía de Cuenca, Alcaraz, sierra Madrona, sierra Mágina, sierra de Cazorla, sierra de Segura, los Filabres, sierra de las Nieves y montes de Cádiz. También se han introducido unas cuantas cabezas en varios puntos del sector peninsular, como la sierra de Guadarrama o el término municipal de Albaladejo (Ciudad Real).



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