×

Sede central. Paseo de la Castellana, 259C.
28046 Madrid
T. 913 075 725
fundacionaquae@fundacionaquae.org

Oficina en Madrid. Santa Leonor, 39.
28037 Madrid
T. 913 621 024
fundacionaquae@fundacionaquae.org


La lucha en Chile para descontaminar a la ballena azul

El Centro de Conservación Cetácea de Chile (CCC-Chile), con Bárbara Galletti como presidenta, desarrolla desde 2004 el proyecto Alfaguara para monitorear la salud y la tendencia poblacional a largo plazo de las ballenas azules que llegan al sur de Chiloé (Chile) cada verano. Durante su trabajo, encontraron en la piel de estas ballenas unas anomalías.

Bárbara Galletti, presidenta del Centro de Conservación Cetácea de Chile (CCC-Chile), descubrió hace doce años, cuando trabajaba en la foto-identificación de una población de alrededor de quinientas ballenas en el archipiélago de Chiloé, en el sur de Chile, que estos enormes cetáceos presentaban en su piel grandes granos rugosos. En un primer momento pensó que se trataba de una simple anomalía, pero en 2007, en un encuentro de expertos en ballenas azules en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), comprobó que otros expertos en la materia se sorprendieron de ese hallazgo.

De este modo, Galletti decidió, junto a su equipo, estudiar a las ballenas que, cada verano, llegaban en busca de alimento al archipiélago de Chiloé bajo el proyecto Alfaguara: nombre que recibía la ballena azul por parte de los antiguos cazadores. Ahora el nombre posee un sentido contrario, dado que el proyecto busca la conservación de la especie.

Primero tomaron muestras de piel y grasa de los animales enfermos, internándose para ello mar adentro para poder acercarse lo suficiente a las ballenas y alcanzarlas con unas flechas especiales que arrancan un trozo de piel de no demasiado tamaño. Actividad que llevaron a cabo entre 2009 y 2017: cinco años necesarios para cotejar que esas anomalías de la piel se extendían en el tiempo y no eran producto de algo ocasional.

Los resultados del estudio de la grasa fueron publicados en la revista Science of The Total Environment, cuyo análisis fue realizado por un equipo de la Universidad de Barcelona. El artículo confirma lo que venían sospechando desde hace más de una década: que existen varios tipos de contaminantes persistentes en la ballena azul que se alimentan en Chiloé. Estos contaminantes corresponden a químicos industriales para aislar y enfriar equipos eléctricos.

A partir de estos resultados se está analizando para entender con mayor precisión los alcances del daño en la piel de estas especies marinas. En el hemisferio norte, otros estudios recientes en cetáceos han arrojado resultados todavía más graves, lo que ha generado preocupación sobre la salud de estos mamíferos en el futuro.