Viscosidad del agua: significado y valores

La viscosidad es una propiedad que comparten todos los fluidos. De manera general, la definimos como la resistencia al movimiento de los líquidos y algunos gases. El agua tiene la viscosidad justa para darle vida a los diversos organismos que habitan el planeta.

Es probable que te hayas preguntado cómo es posible que el agua circule a través de nuestro sistema capilar o cómo el corazón bombea la sangre por nuestro cuerpo. Esto y muchos procesos similares del día a día están relacionados con la viscosidad del agua. Seguro que el término lo has escuchado en otras ocasiones y te has preguntado a qué se refiere. Te explicamos en detalle en qué consiste, su valor y sus características.

¿Cuál es el significado de la viscosidad?

La viscosidad es una propiedad física que caracteriza a todos los fluidos, ya sean gases o líquidos. Las partículas de cada fluido colisionan y se separan entre ellas según la velocidad a la que se muevan, lo que también puede entenderse como resistencia al movimiento. Es por ello por lo que notarás, por ejemplo, que lleva más tiempo verter de un recipiente a otro la misma cantidad de miel que la misma cantidad de aceite. Dicho suceso se debe a que la miel es más viscosa que el aceite. Por tanto, se puede concluir que cuanta más resistencia tiene un líquido para fluir, mayor es su viscosidad.

La propiedad de la que hablamos puede variar en cada fluido según ciertas condiciones. El someter un líquido al calor significará que su viscosidad disminuya y, por tanto, se mueva con mucha más facilidad. Cada materia o fluido depende de la fuerza con las que estén unidas sus partículas; algunas lo están de una manera tan determinada que se encuentran muy cerca de ser un sólido. La característica de viscosidad está más presente en los líquidos, aunque también la tienen algunos gases en movimiento.

¿Cómo se comporta la viscosidad en el agua y cuál es su valor?

El agua es una sustancia que tiene una viscosidad bastante baja en comparación con otros líquidos como la miel o el aceite. Dentro de las características del agua, la viscosidad es de vital importancia para la vida. Como explicábamos antes, su baja viscosidad permite al agua, por ejemplo, circular a través de nuestro sistema capilar.

Intentemos comprender la importancia de la baja viscosidad del agua en un ejemplo muy práctico: el corazón bombeando sangre a todo el cuerpo. La sangre es la responsable de llevar a todo nuestro organismo lo necesario para vivir. Sabemos que el agua y la sangre no es lo mismo, pero el plasma sanguíneo está compuesto aproximadamente por un 95% de agua. Si el agua tuviera la viscosidad, por ejemplo, del aceite de oliva, al corazón le costaría mucho más bombearla y habría muchos capilares a los cuales no llegaría.

Elementos que pueden influir sobre el agua y su viscosidad

Existen dos importantes conceptos: el fluido newtoniano y el fluido no newtoniano. Ambos explican cómo fluyen los diversos líquidos al someterlos a distintas presiones. Algunos no varían su comportamiento ante esos cambios y siempre tendrán la misma viscosidad: son los llamados fluidos no newtonianos. El agua y la leche son algunos de los ejemplos más comunes. Sin embargo, aquellos que, bajo distintas presiones, cambian su viscosidad son los llamados fluidos newtonianos, como el yogurt.

La mezcla del agua con otros productos puede influir en su comportamiento ante la presión y, por lo tanto, en su viscosidad. Uno de esos productos es la maicena. La mezcla da como resultado un fluido que, mientras más presión reciba, mayor es su viscosidad y más cerca está de un estado sólido. En los lugares en que más presión se ejerce, las partículas de maicena sufren un proceso de compactación, atrapando las moléculas de agua entre ellas y convirtiéndose por un breve periodo en un semisólido. Dicho comportamiento lo diferencia de la mayoría de los fluidos newtonianos que, a más presión, presentan menos viscosidad.

Los efectos del cambio de la viscosidad en el agua

Aunque la viscosidad en el agua solo se ve afectada por los cambios de temperatura o la mezcla con otras sustancias, es importante destacar que el comportamiento humano puede influir en su dinámica. Acciones como la contaminación, el exceso de gases contaminantes y el mal cuidado del medio ambiente han influido en el calentamiento global. Todo esto ha impactado a gran escala en la salinidad de los mares y en cambiar la viscosidad y movimiento de las distintas corrientes de los océanos.

En Aquae, la fundación del agua, tenemos entre nuestros objetivos proteger este recurso vital y escaso, y trabajar por un mundo más sostenible.

 



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