Microrrelatos 2016
Azucenas verdes
Perlas de rocío adornaron aquellos vestidos que imitaban al amanecer, se asomaron curiosas junto a la cerca, eran las tres hermanas que la embelesaban cada mañana.
Poco a poco invadieron todo su huerto, inocentemente entraron en un incestuoso juego al aceptar ser cuidadas. Ella les distraía con canciones, manipulaba la tierra con sutileza, invitaba a las abejas a jugar con ellas. Así nacieron hermosas mestizas. Sin embargo, nunca le vio. El glauco botón que con ansias esperaba no floreció. Exhausta, perdió la fe lentamente.
Esa oscura noche, sus colores evanescentes iluminaron el terreno, irisaban su sueño mientras ella, decepcionada, dormía.
La crisálida
Emocionado, el sol bañó el huerto con su estela, huevecillos cual gemas le devolvieron el saludo reflejando su luz. El verano trajo consigo nueva vida.
A mordiscos se abrió paso, comiéndose su cáscara. Hambrienta acabó con el verde lecho que la vio nacer. Sin mesura devoró los brotes tiernos que surgieron con ella, creció implacable a expensas de las hojas que le protegían, el hambre emergía de sus ganas de vivir, hasta que fatigada se entregó a la confortable oscuridad.
En su letargo, suspendida en alcohol, la crisálida aun sueña perpetuamente extasiada mientras dos orbes le vigilan con cerúlea curiosidad.
Causa perdida
Hoy, un nuevo día nace. Tanto tiempo pasé encerrada buscando soluciones a lo inevitable, las velas iluminaban esas muestras que desde el éter volvían a la vida, gozosas, risueñas con su verdor.
En sueños le vi, agonizante sonreía agradeciendo mi esfuerzo, al apamate moribundo que mi mente humanizaba ellos le llamaban “causa perdida”.
La primera dosis me llenó de expectativas, le acicalé con la suave caricia del abono recién salido del Erlenmeyer. Esa noche ocultó las gotas que, por mi imprudencia, saciaron a la tierra; ahora mi nuevo vergel custodia su sepulcro.
Hoy, un apamate muere y un jardín renace.
Límite
Cuando la máquina del tiempo pasó de moda, los hombres inventaron la forma de traer a las especies extintas: el ave del trueno, lobo marsupial; pero éstas se alimentaron de nuestras especies: perros, vacas, hijos, y luego nosotros evolucionamos, pero no entendíamos por qué ya no había más.
Certidumbre
Supongamos por un momento y quede constancia de que es sólo un suponer, que Heisenberg, hace ya casi noventa años, hubiera decidido actuar al estilo de San Manuel Bueno Mártir, de forma y manera que, aún a sabiendas del final ineludible de la física clásica, hubiera tomado en consideración la posibilidad de retrasar la formulación de su principio de incertidumbre. La relación de indeterminación afecta también al futuro y bien podría haber intuido, en términos de física aplicada, que, libre de las limitaciones impuestas por la ubicación espacial, alguien se aprestaba a imprimir tal velocidad que terminaría consiguiendo que la posición de la masa se convirtiera, desde entonces, en indeterminada, incierta, incognoscible.
El péndulo mágico.
De cómo la ciencia se hizo magia.
Un incrédulo visitando Becerril de Campos. Su iglesia de San Pedro. Una ruina convertida en escenario de milagros. Cuatro paredes y dos arcos, fueron el comienzo de la fe para el ateo. Bastó una línea meridiana para comprobar como incidía la luz en su signo zodiacal. Y un péndulo de Foucault que verificaba el paso del tiempo, y la rotación del mundo. El vaivén hipnótico del oscilante artilugio le reconcilió con lo sobrenatural. ¿Fue sólo ciencia?.
1, 2, 3, 4, 6, 8, 9, 10…
Me llamo Siete.
Conocí a Cinco en los folios de Viggo Brun.
Nos enamoramos, y desde entonces solo queremos estar juntos.
Seis, el “perfecto” (y vanidoso) de Euclides, nos dijo que eso era imposible, y nos habló de la estúpida conjetura de los números primos gemelos. ¡Qué sabréis vosotros, matemáticos! Lamento deciros que no tenéis ni idea de lo que pasa en nuestro Infinito. Y si es allí, por remoto que sea, donde puedo estar con Cinco, allí nos tendréis que buscar.
Adiós.
La criatura
Y la criatura se miró en el agua. El reflejo, una vez que dejó de ondear en el estanque, le devolvió una imagen hermosa y amable, porque así era su corazón. Ese mismo que días antes estaba encerrado en un laboratorio, como tantas partes de su cuerpo, rodeado de matraces, retortas y tubos de ensayo. Hasta que un rayo liberador le insufló la vida llenándolo de amor por todo lo que le rodeaba.
En su bondad no entendía que las personas con las que se encontraba (exceptuando al doctor Frankenstein), huyeran como si hubieran visto al diablo.
La curiosidad
Alguien tuvo la peregrina idea de entrevistar en horario de máxima audiencia al único científico que quedaba en un país arrasado por la ignorancia y la galbana.
Cuando le preguntan por qué se hizo científico, se hace el silencio. Él recuerda su frío cuarto, más cerca de la pobreza que de la humildad. Ve los libros ajados en las estanterías y la vieja guitarra heredada de su abuelo.
Los directivos de la cadena se alarman, pero de repente la cara del entrevistado se ilumina: “Fue sencillo. Yo era pobre, no tenía móviles inteligentes, ni tabletas, ni consolas; sólo tenía curiosidad”.
¡La magia del agua!
La fórmula de la abuela, aplicando un poquito de calor, aplicando un poquito de frío, se transforma… ¡El agua, al igual que la energía, se transforma, no se destruye!. ¡Es la magia del agua y del ciclo biológico de la vida!. Líquido, sólido y gaseoso, los tres estados del HO2 que hacen de la tierra, un planeta habitado y habitable. ¡Y esperemos que por muchos milenios más!
Un mañana virtualizado
Vivían en una realidad virtual creada por píxeles y códigos. En ese mundo paralelo, las personas eran aquello que habían soñado y que no se atrevían a cumplir en su día a día. Un reflejo mejorado de su vida cotidiana. Perdieron el miedo al qué dirán y al futuro. Se concentraron en lograr sus metas y ser conscientes de su potencial. Todo por una pseudorealidad. Olvidaban que en la vida real podían ser lo que añoraban, que no hacía falta un mundo imaginario para ser lo mejor de uno mismo. Pero claro, era difícil afrontar el desconocimiento del mañana.
En medio del desastre
Recorro la acera mientras escucho unos pesados zapatos detrás de mí.
Está oscuro y me siento frágil pero el peligro ya se alejó entre risas. Me metí en una construcción cualquiera. ¿A quién le importa? Soy un ser más en un mundo enorme, condenado al fin por seres imaginarios y devastado por la hipocresía de los reales; jactándose de amarlo, cuidarlo, llamándolo hogar y destruyéndolo.
¿A quién le importa alguien? Todos son iguales, quejándose del ruido mientras desperdician el silencio, el aire puro matutino.
¿Por qué debería importarme a mí? Solo soy una rata en un mundo de plagas.
El invento.
El mundo se calienta, la atmósfera se envenena, los hielos se derriten y las tierras se inundan. Solo el «invento» podrá salvar la vida en el planeta.
Después de años de estudios los científicos del orbe han decidido que la solución está en injertarles tres corazones más a los humanos, para que sean capaces de sensibilizarse con el cambio climático. A mayor amor mayor conciencia.
Al principio será incomodo sentir latiendo cuatro corazones en el pecho pero terminaremos disfrutando el tamboreo de la vida y podremos escuchar el corazón gigante que late en el centro de la tierra.
La máquina
La máquina rugió como un animal enjaulado y se cubrió con una luz cegadora de color azul.
Las dos personas desaparecieron y aparecieron en la cabina conectada a la máquina en un intervalo de dos segundos, para luego esfumarse definitivamente.
La mujer apareció viva, desnuda y sin un brazo, en una playa bastante concurrida.
De él sólo se encontraron unos huesos en el suelo de la cabina.
La mujer, que sólo tenía estudios primarios, adquirió una extraordinaria capacidad para las matemáticas y se convirtió en una célebre científica. Nunca desveló a nadie lo que le había pasado.
El método científico
El llamado –Aristoteli gratia– principio de contradicción («Es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo») confundió a los científicos durante siglos; hasta que el joven Wittgenstein demostró que los filósofos hacían un mal uso del lenguaje, razón por la que sus proposiciones carecían de sentido lógico. A partir de entonces los científicos leyeron más poesía y menos filosofía, lo que les ayudó a encontrar la inspiración para reescribir dicho principio del siguiente modo: «Todo es posible, incluso que una cosa sea y no sea al mismo tiempo». Y así nació la física cuántica.
La espina
El tenedor cayó estridente por los suelos. Todos callamos y miramos a mi padre que nos suplicaba…
Tomé de la cocina las pinzas de agarrar la carne. La garganta se movía a intervalos frenéticos, pero menos que el tambor que se me coló en el pecho. Y entonces la vi…
Mi padre, sin respirar, me miraba desencajado, pero la espina subía y bajaba como loca. Apreté las pinzas. Una espina de mojarra de más de dos centímetros. Intacta. Le evité a mi padre un sufrimiento atroz, antes, muchos años antes de plantearme ser cirujano laringólogo…
La fórmula
Mi padre llevaba siglos intentando encontrar la fórmula sin hacer caso a mis sugerencias. Aproveché que no estaba para entrar en su laboratorio y llevar a la práctica mi teoría.
¡Después intentaría apuntarse al éxito…!
Mezclé varios líquidos de colores y aquello comenzó a humear sin desprender olor. Con el dedo comprobé que tampoco tenía sabor y decidí sorprenderle rellenando su botella de whisky preferido.
Cuando mi padre lo tomó comenzó a ponerse verde pero para mi sorpresa su calvicie seguía intacta.
Quizás tuviera razón cuando afirmaba que una semana en la Facultad no daba para ser científico…
Gracias, ciencia
Y ahí estaba yo, sentada en la orilla del mar una tarde, intentando no pensar mirando más allá. Era verano, pero yo tenía frío como si fuera pleno invierno y hacía sol, pero para mí estaba nublado. Sonó mi móvil y en ese momento solo podía escuchar los latidos de mi corazón. No era cualquier llamada, era la llamada que lo podía cambiar todo. Y así fue, mi hijo había superado una operación complicada. En ese momento, ofrecí mi sonrisa como agradecimiento a la ciencia, porque al fin y al cabo es lo que somos, ciencia.
Saber y Mar
«Los vientos del mar llegaron una noche a visitarme, impetuosos se agitaban con sus grandes gotas de aguas tocando mi puerta, cuales seres vivos. Yo tardaba, tratando de poner mis zapatos y ahí comenzaron a agitar el techo débil de mi casa con tal fuerza que corrí descalzo para abrir la puerta. Para honrarles, respire hondo y abrí los brazos para recibirles, y de repente, como magia en el cielo nublado, apareció el rostro de viento, eran hélices de aires fríos y calientes girando en armonía, ahí encontré el arcoíris de mis ojos, silencio, saber humano que estaba dentro de mí».
Mi perro Quantum.
Yo tengo un perro muy especial, se llama Quantum y es un perro cuántico. La probabilidad de escuchar sus ladridos de felicidad es proporcional a la función de caricias que colapsen sobre su pancita y si alguien trata de hacerme daño, podría experimentar el potencial de hacerse un fuerte mordisco sobre sus nalgas. Un día mi vecino el austriaco, dejó escapar a su gato hasta mi casa y mi perro Quantum lo sujetó entre sus fauces. Yo no tuve el valor de ver como quedó su pobre mascota, así que cerré mis ojos, tomé al gato y lo devolví a su dueño. Desde entonces, mi vecino el austriaco, tiene un gato medio vivo y medio muerto.
Científicamente probado
Mientras preparaba el cocido, me explotó la olla exprés. Inmediatamente se formaron sobre la encimera unas diminutas estrellas, circundadas por otras esferas que debían ser planetas y satélites. Esquivando minúsculos asteroides que pasaban por mi lado, cogí una lupa e indagué los cuerpos celestes que se habían originado en mi cocina. Muchos estaban deshabitados pero en otros la evolución ya había llegado. Me llamó la atención el revuelo que se generó en un planeta azul; por lo que parecía acababan de elegir presidente. Me dieron pena todos. Un agujero negro imparable estaba a punto de engullirlos.
E=mc²
Hermann no pudo menos que sobrecogerse cuando observó lo que su hijo escribía obsesivamente y pensó que antes de tomar una decisión tan drástica debía consultarlo con su esposa Pauline.
—¡Debe tratarse de alguna enfermedad rara! —Exclamó preocupado mientras mostraba a su esposa los papeles que había retirado a su hijo— ¡Solo es capaz de escribir estas tonterías!
Pauline tomó los papeles y con un gesto de contrariedad aceptó llevar al niño a la consulta de un prestigioso psicólogo.
La asistente accedió a la sala de espera…
—¿Sr. y Sra. Einstein? ¡Pasen por favor!
El Zapatero de Nureyev
Ochenta y nueve veces sube y baja el telón, arropados por un mar de aplausos interminables. La mano izquierda en la cintura de ella, acompañándola en sus elegantes pasos por la tarima de la Ópera de Viena.
El pequeño zapatero inglés inclina la cabeza, recibiendo también los aplausos tras el velo del anonimato. Cientos de hojas con cálculos matemáticos para darle ciencia a sus pies: la presión sobre la puntera, la elasticidad de la plantilla, la rigidez de la punta.
En la soledad de su camerino Nureyev se sueña. Esta noche sus zapatillas tenían alas… como las de un ángel.
¡Mira!
-¡Mira por la ventana! -Exclamó exultante mientras descorría las cortinas a toda velocidad- ¡Observa qué riqueza! ¡Lo que contemplas es vida! Vida animal, vida vegetal, vida para los seres humanos… Nuestro planeta no sería nada si esto dejase de ocurrir. ¡Dejaríamos de existir!
Yo miraba nervioso por la ventana hacia todos los lados intentando encontrar aquello que me decía y era incapaz de ver nada.
Tal vez no lo veía porque llovía copiosamente…
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