Ella fue la primera. Sostuvo por un momento entre sus dedos una de aquellas pequeñas cosas diminutas.
Se había percatado de que allá donde caían crecían luego las plantas de las que recolectar frutos para comer, tan necesarios cuando escaseaba la caza.
Dedicaba cada día un rato a contemplarlas, ignorando las burlas. Su cuerpo, primigenio aparato de medición, registraba cada cambio: calor, frío, sequía, humedad.
Habían pasado muchas estaciones, muchas lunas. Sus cabellos se habían vuelto blancos. Pero ahora ella sabía...
Enterró aquella semilla en el momento y el lugar correctos. Había creado la agricultura... sí, ella fue la primera.