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El niño y el científico
Galilea Huerta
Me gusta pensar que todos somos científicos. En cualquier humano donde exista el interés de descubrir su entorno ahí está la ciencia, disfrazada de curiosidad y con hambre de ser estudiada. En fin, el científico siempre tendrá que pensar como un niño inquieto con ganas de aprender, en un mundo inhóspito donde somos tan grandes como una galaxia y tan pequeños como un átomo dependiendo hacia donde dirijamos la mirada.
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El niño y el científico
Galilea Huerta
Me gusta pensar que todos somos científicos. En cualquier humano donde exista el interés de descubrir su entorno ahí está la ciencia, disfrazada de curiosidad y con hambre de ser estudiada. En fin, el científico siempre tendrá que pensar como un niño inquieto con ganas de aprender, en un mundo inhóspito donde somos tan grandes como una galaxia y tan pequeños como un átomo dependiendo hacia donde dirijamos la mirada.
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El niño y el científico
Me gusta pensar que todos somos científicos. En cualquier humano donde exista el interés de descubrir su entorno ahí está la ciencia, disfrazada de curiosidad y con hambre de ser estudiada. En fin, el científico siempre tendrá que pensar como un niño inquieto con ganas de aprender, en un mundo inhóspito donde somos tan grandes como una galaxia y tan pequeños como un átomo dependiendo hacia donde dirijamos la mirada.
Galilea Huerta
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Las dimensiones
ricardodamian595@gmail.com
Al caer el objeto sobre aquella tensa superficie, tejida por ínfimas cuerdas, provocó un hundimiento en la tela que resultó en un pequeñísimo agujero; desde ahí es posible observar las siguientes capaz. Hasta donde alcancé a ver estabas tú leyendo estas líneas.
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Las dimensiones
ricardodamian595@gmail.com
Al caer el objeto sobre aquella tensa superficie, tejida por ínfimas cuerdas, provocó un hundimiento en la tela que resultó en un pequeñísimo agujero; desde ahí es posible observar las siguientes capaz. Hasta donde alcancé a ver estabas tú leyendo estas líneas.
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Las dimensiones
Al caer el objeto sobre aquella tensa superficie, tejida por ínfimas cuerdas, provocó un hundimiento en la tela que resultó en un pequeñísimo agujero; desde ahí es posible observar las siguientes capaz. Hasta donde alcancé a ver estabas tú leyendo estas líneas.
ricardodamian595@gmail.com
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Una gota de letra.
Jeinner
Poco a poco se resbaló la letra a. Luego, llegó una g. La u era un poco escurridiza, mojó el papel, pero fue la última a quien decidió evaporarse sin importar que todo estuviera empapado. En ese momento me di cuenta que era peligroso escribir bajo la lluvia. Nunca se sabe qué letra pueda caer.
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Una gota de letra.
Jeinner
Poco a poco se resbaló la letra a. Luego, llegó una g. La u era un poco escurridiza, mojó el papel, pero fue la última a quien decidió evaporarse sin importar que todo estuviera empapado. En ese momento me di cuenta que era peligroso escribir bajo la lluvia. Nunca se sabe qué letra pueda caer.
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Una gota de letra.
Poco a poco se resbaló la letra a. Luego, llegó una g. La u era un poco escurridiza, mojó el papel, pero fue la última a quien decidió evaporarse sin importar que todo estuviera empapado. En ese momento me di cuenta que era peligroso escribir bajo la lluvia. Nunca se sabe qué letra pueda caer.
Jeinner
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No he sido yo
pregon7
No he sido yo dijo el murciélago, pero todos los dedos apuntaban a él. No era la primera vez que se le acusaba. Lentamente y en reversa se escabulló en la oscuridad mientras esquivaba piedras y palos que le llovían de todos lados. No he sido yo, volvió a gritar, mientras huía despavorido.
Al día siguiente todo era distinto. Los humanos no salieron. Reinaba el silencio. Alrededor de lo que era su hogar, en lugar de árboles y flores había cultivos y ciudades. Emprendió el vuelo a quien sabe dónde… yo no traje el virus, yo no traje el virus.
2
No he sido yo
pregon7
No he sido yo dijo el murciélago, pero todos los dedos apuntaban a él. No era la primera vez que se le acusaba. Lentamente y en reversa se escabulló en la oscuridad mientras esquivaba piedras y palos que le llovían de todos lados. No he sido yo, volvió a gritar, mientras huía despavorido.
Al día siguiente todo era distinto. Los humanos no salieron. Reinaba el silencio. Alrededor de lo que era su hogar, en lugar de árboles y flores había cultivos y ciudades. Emprendió el vuelo a quien sabe dónde… yo no traje el virus, yo no traje el virus.
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No he sido yo
No he sido yo dijo el murciélago, pero todos los dedos apuntaban a él. No era la primera vez que se le acusaba. Lentamente y en reversa se escabulló en la oscuridad mientras esquivaba piedras y palos que le llovían de todos lados. No he sido yo, volvió a gritar, mientras huía despavorido.
Al día siguiente todo era distinto. Los humanos no salieron. Reinaba el silencio. Alrededor de lo que era su hogar, en lugar de árboles y flores había cultivos y ciudades. Emprendió el vuelo a quien sabe dónde… yo no traje el virus, yo no traje el virus.
pregon7
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Reflejos
Andra
Me gusta pensar la ciencia como ese principio para desmitificar eso de que somos indispensables: indispensables para esta humanidad, para la naturaleza, para el planeta. No lo somos. Antes, hoy y después de nosotros la vida siguió, sigue y seguirá. Aunque sí podemos dejar algunas ópticas, formas de mirar y hacer. Para dejar algo, un puntito en esta inmensidad hay que animarse a cuestionar las aguas en las que nos reflejamos hasta hoy. Mirar a nuestro alrededor, hundirse en el barro y escuchar con paciencia y despojo de mochilas viejas, eso que late en las nuevas generaciones.
17
Reflejos
Andra
Me gusta pensar la ciencia como ese principio para desmitificar eso de que somos indispensables: indispensables para esta humanidad, para la naturaleza, para el planeta. No lo somos. Antes, hoy y después de nosotros la vida siguió, sigue y seguirá. Aunque sí podemos dejar algunas ópticas, formas de mirar y hacer. Para dejar algo, un puntito en esta inmensidad hay que animarse a cuestionar las aguas en las que nos reflejamos hasta hoy. Mirar a nuestro alrededor, hundirse en el barro y escuchar con paciencia y despojo de mochilas viejas, eso que late en las nuevas generaciones.
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Reflejos
Me gusta pensar la ciencia como ese principio para desmitificar eso de que somos indispensables: indispensables para esta humanidad, para la naturaleza, para el planeta. No lo somos. Antes, hoy y después de nosotros la vida siguió, sigue y seguirá. Aunque sí podemos dejar algunas ópticas, formas de mirar y hacer. Para dejar algo, un puntito en esta inmensidad hay que animarse a cuestionar las aguas en las que nos reflejamos hasta hoy. Mirar a nuestro alrededor, hundirse en el barro y escuchar con paciencia y despojo de mochilas viejas, eso que late en las nuevas generaciones.
Andra
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Globo-Sonda espacial
Luis Calderon Cisneros
Se me ocurrio, un día en un globo o algo similar que pueda subir hasta 100 kilómetros de altura.
Parecía imposible.
Si se arma una sonda con 3 globos.
El primero lleno de helio normalmente, el segundo lleno de helio hasta la mitad y el tercer globo solo un poco de helio. Se procede a armar la sonda junto con un celular moderno y con la cámara activada.
Se eleva y se revienta los globos cada cierta altura hasta llegar a los 100 kilometros.
Excelente idea...En serio.
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Globo-Sonda espacial
Luis Calderon Cisneros
Se me ocurrio, un día en un globo o algo similar que pueda subir hasta 100 kilómetros de altura.
Parecía imposible.
Si se arma una sonda con 3 globos.
El primero lleno de helio normalmente, el segundo lleno de helio hasta la mitad y el tercer globo solo un poco de helio. Se procede a armar la sonda junto con un celular moderno y con la cámara activada.
Se eleva y se revienta los globos cada cierta altura hasta llegar a los 100 kilometros.
Excelente idea...En serio.
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Globo-Sonda espacial
Se me ocurrio, un día en un globo o algo similar que pueda subir hasta 100 kilómetros de altura.
Parecía imposible.
Si se arma una sonda con 3 globos.
El primero lleno de helio normalmente, el segundo lleno de helio hasta la mitad y el tercer globo solo un poco de helio. Se procede a armar la sonda junto con un celular moderno y con la cámara activada.
Se eleva y se revienta los globos cada cierta altura hasta llegar a los 100 kilometros.
Excelente idea...En serio.
Luis Calderon Cisneros
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Mujer!
nataliaperrotta
En años como medica he visto cientos de niños nacer. Mejor aún he comprobado la belleza en ti. Un cuerpo pleno, lleno de energía que estalla en un santiamén. Y allí se conjuga la belleza de ella, el amor y la fuerza. Veo venir a tu niño y a tu cuerpo rebozar de hormonas, fuerza y amor, hormonas de amor. Y toda la literatura se une en ti. Todo lo que sé desaparece en un santiamén! Doy la bienvenida a este mundo a tus niños. Los recibo en mis manos. Pero más aún, me asombro de tu fuerza, gran mujer!
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Mujer!
nataliaperrotta
En años como medica he visto cientos de niños nacer. Mejor aún he comprobado la belleza en ti. Un cuerpo pleno, lleno de energía que estalla en un santiamén. Y allí se conjuga la belleza de ella, el amor y la fuerza. Veo venir a tu niño y a tu cuerpo rebozar de hormonas, fuerza y amor, hormonas de amor. Y toda la literatura se une en ti. Todo lo que sé desaparece en un santiamén! Doy la bienvenida a este mundo a tus niños. Los recibo en mis manos. Pero más aún, me asombro de tu fuerza, gran mujer!
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Mujer!
En años como medica he visto cientos de niños nacer. Mejor aún he comprobado la belleza en ti. Un cuerpo pleno, lleno de energía que estalla en un santiamén. Y allí se conjuga la belleza de ella, el amor y la fuerza. Veo venir a tu niño y a tu cuerpo rebozar de hormonas, fuerza y amor, hormonas de amor. Y toda la literatura se une en ti. Todo lo que sé desaparece en un santiamén! Doy la bienvenida a este mundo a tus niños. Los recibo en mis manos. Pero más aún, me asombro de tu fuerza, gran mujer!
nataliaperrotta
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Eliseo
Marcos
“En algún rincón de la Tierra debe existir un pueblo oculto donde hombres y mujeres son felices y viven en armonía con la naturaleza”, piensa Eliseo, mientras observa sus malvones y los geranios.
Pronto caerá un aguacero, anuncian sus huesos.
“Las tormentas deben tratar con esa gente maravillosa”, le dice Eliseo a las plantas y decide sembrar nuevas esperanzas en el jardín.
Al mediodía, caen las primeras gotas.
Eliseo sonríe: no sabe dónde está esa patria anhelada, pero ha vislumbrado uno de los privilegios de la lluvia.
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Eliseo
Marcos
“En algún rincón de la Tierra debe existir un pueblo oculto donde hombres y mujeres son felices y viven en armonía con la naturaleza”, piensa Eliseo, mientras observa sus malvones y los geranios.
Pronto caerá un aguacero, anuncian sus huesos.
“Las tormentas deben tratar con esa gente maravillosa”, le dice Eliseo a las plantas y decide sembrar nuevas esperanzas en el jardín.
Al mediodía, caen las primeras gotas.
Eliseo sonríe: no sabe dónde está esa patria anhelada, pero ha vislumbrado uno de los privilegios de la lluvia.
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Eliseo
“En algún rincón de la Tierra debe existir un pueblo oculto donde hombres y mujeres son felices y viven en armonía con la naturaleza”, piensa Eliseo, mientras observa sus malvones y los geranios.
Pronto caerá un aguacero, anuncian sus huesos.
“Las tormentas deben tratar con esa gente maravillosa”, le dice Eliseo a las plantas y decide sembrar nuevas esperanzas en el jardín.
Al mediodía, caen las primeras gotas.
Eliseo sonríe: no sabe dónde está esa patria anhelada, pero ha vislumbrado uno de los privilegios de la lluvia.
Marcos
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El fuego
Marcos
Vislumbraste el fuego. Estabas solo y no sabías qué era ese brillo surgido de la nada. Frotaste dos piedras, una chispa contagió a las hojas secas y un rayo acarició tus manos. Miraste esas rocas, el cielo y las cenizas. Sentiste miedo y atracción. En el horizonte se arrastraban las sombras. Pensaste en volver a convocar a las llamas, pero preferiste buscar una cueva para pasar la noche. Entonces, por primera vez en la historia de la humanidad, ignoto homo erectus, soñaste que era posible conquistar el poder del sol.
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El fuego
Marcos
Vislumbraste el fuego. Estabas solo y no sabías qué era ese brillo surgido de la nada. Frotaste dos piedras, una chispa contagió a las hojas secas y un rayo acarició tus manos. Miraste esas rocas, el cielo y las cenizas. Sentiste miedo y atracción. En el horizonte se arrastraban las sombras. Pensaste en volver a convocar a las llamas, pero preferiste buscar una cueva para pasar la noche. Entonces, por primera vez en la historia de la humanidad, ignoto homo erectus, soñaste que era posible conquistar el poder del sol.
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El fuego
Vislumbraste el fuego. Estabas solo y no sabías qué era ese brillo surgido de la nada. Frotaste dos piedras, una chispa contagió a las hojas secas y un rayo acarició tus manos. Miraste esas rocas, el cielo y las cenizas. Sentiste miedo y atracción. En el horizonte se arrastraban las sombras. Pensaste en volver a convocar a las llamas, pero preferiste buscar una cueva para pasar la noche. Entonces, por primera vez en la historia de la humanidad, ignoto homo erectus, soñaste que era posible conquistar el poder del sol.
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