“El desarrollo tecnológico actual impide datar con precisión la antigüedad de los vestigios encontrados”, difunden los medios de comunicación. “Es el mayor engaño de la civilización moderna” grita perplejo el arte. Mutismo cómplice del cuerpo científico internacional.
No mirar hacia adentro, no explorar las profundidades del mar.
Miedo visceral a perder el poder. Obtusa negación de formas alternas de organización social.
La carrera espacial fue impulsada por las potencias mundiales desde entonces, asevera con cinismo la ONU.
Sí hubo vida humana subacuática, adaptada a la ausencia de oxígeno, antes del colapso del ecosistema marino. Las evidencias fueron intencionalmente ocultadas.