Samu

El tiene 22 años y trabaja en el desierto del Chaco paraguaya donde el agua es salada. Para hacerla potable una pequeña desaladora, en medio de la nada, la extrae del suelo y a través de una serie de tubos y sustancias químicas la limpian.          El la reparte a los menonitas alemanes y a los paraguayos. La reparte entre las comunidades indígenas de los guaraníes, nivaclés, ayoreos... A más de 45 grados celsius el no bebe del agua y el sol ha vuelto su piel trigueña roja, oscura y arrugada.
Erika Segovia Martinez