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¿Qué significa que una especie está en peligro de extinción?

20 de Mayo de 2020
qué significa peligro de extinción
La catalogación de una especie como amenazada depende de su estado de conservación y del ecosistema al que pertenece, a partir de la evaluaciones de las poblaciones existentes en la actualidad y sus tendencias a lo largo del tiempo. Unos análisis que permiten conocer cuáles son los principales factores de amenaza para la especie y predecir su evolución o extinción.

¿Qué significa peligro de extinción? A pesar de que los fenómenos de extinción de especies sean procesos completamente naturales, la tasa de desaparición de especies ha incrementado de forma muy significativa debido al cambio global que ha tenido lugar en las últimas décadas. El reino Plantae ha sido uno de los más afectados a causa del carácter sésil de los individuos que lo conforman.

¿Qué factores condicionan la supervivencia de una población vegetal?

Las principales causas para la pérdida de especies vegetales, y de biodiversidad y servicios ecosistémicos asociados, parecen estar vinculadas a la actividad humana. Desde fenómenos como la destrucción y fragmentación del hábitat, pasando por cambios en su calidad (contaminación del hábitat), hasta cambios en la estructura y/o composición de las poblaciones vegetales debidos al cambio climático.

En España existen aproximadamente 1.200 plantas en peligro de extinción, de esta cantidad, más de 400 están en estado crítico. La ubicación de aquellas especies más amenazadas suele coincidir con zonas en las que se producen un mayor número de endemismos tales como las Islas Canarias, Andalucía o los Pirineos.

En el Pirineo Aragonés (España), se han estudiado los estados de conservación de las poblaciones de cinco especies vasculares en función de distintos criterios (la estructura de la población, el éxito reproductivo y la herviboría o predación, entre otros), para analizar la previsible evolución de las distintas poblaciones presentes en la localidad.

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Cuatro de ellas son endemismos de la Península Ibérica, y las poblaciones pirenaicas de la restante constituyen el límite sudoeste de la distribución de la especie en Europa. Todas ellas se encuentran recogidas en la lista roja de flora vascular española bajo distintas categorías de amenaza: Androsace pyrenaica (VU);  Borderea chouardii (CR); Cypripedium calceolus (EN); Petrocoptis pseudoviscosa (VU); Petrocoptis montsicciana (VU).

El conjunto de los endemismos analizados en el estudio (Androsace pirenaica, Borderea chouardii, Petrocoptis pseudoviscosa y Petrocoptis montsicciana) son rupícolas, siendo el aislamiento poblacional y la dificultad de la dispersión de semillas lo que condiciona en gran medida la recolonización del territorio (sistemas fragmentados con matrices hostiles), aumentando el riesgo de extinción local por la estocasticidad demográfica o por posibles perturbaciones puntuales.

En el caso de la especie restante, Cypripedium calceolus, es la alteración del funcionamiento de su ecosistema el principal factor de amenaza, donde el riesgo de extinción deriva de la recolección de ejemplares por el ser humano, y de los procesos erosivos y de compactación que afectan al tipo de sustrato sobre el que se suelen establecer los individuos pertenecientes a esta especie.

El estudio revela que, con base en la información disponible en aquel momento (año 2002) acerca de la distribución, demografía y biología de las cinco especies,  únicamente Androsace pyrenaica debería estar recogida en una categoría inferior de amenaza a la considerada inicialmente (año 1994), debido a los individuos y poblaciones nuevas encontradas en esa franja temporal (1994-2002) en el área de estudio. Por lo que, según este estudio, el resto de especies demandan unas elevadas inversiones en materia de conservación para prevenir el previsible riesgo de extinción.

El concepto de «rareza» frente a «peligro de extinción»

El esfuerzo humano y económico destinado a las especies vegetales en la actualidad sigue siendo muy inferior al asignado al seguimiento de especies animales y, en muchas ocasiones, la ausencia de una evaluación adecuada puede dar lugar a diversos mitos asociados al concepto de rareza en las especies, entre los que se encuentran:

  • Aquellos que relacionan pequeños tamaños de población y bajas tasas de éxito reproductivo en especies vegetales a fenómenos de extinción.
  • Aquellos que dictaminan que las poblaciones periféricas generalmente son más vulnerables, debido a su peor rendimiento ecológico, en comparación con las poblaciones que se encuentran en el centro del área de distribución de una especie.

En lo referente al primero de los mitos, esta relación puede ser demasiado simplista para los organismos antiguos y ecológicamente restringidos, siendo algunos conocimientos acerca de la historia de la vida de las poblaciones los más importantes para evaluar su futuro. Este es el caso de dos de las especies endémicas reflejadas en este trabajo: Petrocoptis pseudoviscosa y Borderea chouardii. Ambas son especies basófilas, y habitan en grietas y extraplomados cuyo rango altitudinal varía entre los 700-1.000 m.s.n.m.

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Evaluaciones en años posteriores (seguimiento periódico) realizadas por una parte del equipo de trabajo inicial permitieron demostrar que su rareza no es sinónimo de extinción. Las proyecciones demográficas simuladas para Petrocoptis pseudoviscosa y Borderea chouardii indicaron que los pequeños tamaños de población son la forma de vida de organismos altamente especializados, restringidos a hábitats irregulares y escasos (islas de conservación/resiliencia). Es decir, la situación estacionaria de sus poblaciones no es debida a un ajuste transitorio en respuesta a las condiciones estresantes del medio, sino que esta corresponde a la respuesta de la población frente a factores ecológicos y fuerzas selectivas que han estado operando en el pasado. A mayor abundamiento, cabe destacar el caso de la especie Borderea chouardii, en la que ha quedado demostrado la existencia de un “error positivo” en su muestreo inicial del año 1985, debido al mecanismo utilizado entonces para la cuantificación de estos individuos y que, respecto del último censo disponible que es del año 2015, arroja una diferencia de alrededor de 9.500 ejemplares.

Todo ello parece indicar que, al contrario de lo que se piensa, las especies endémicas antiguas con poblaciones pequeñas pueden llegar a ser muy robustas.

El segundo de los mitos afecta a la especie Cypripedium calceolus, una orquídea que se presenta principalmente en zonas de semisombra en bosques y prados en Eurasia. Gracias a un trabajo posterior al analizado, realizado por el mismo grupo de investigadores, se pudo comprobar cómo el desempeño de las poblaciones estudiadas parecía más relacionado con factores locales, como la recuperación del hábitat principal en el que se encuentra la especie (abandono de la ganadería→ expansión de los bosques), que con su posición marginal en el área de distribución. A pesar de que este tipo de fenómenos produzcan un efecto negativo sobre la biodiversidad (pastizales subalpinos), pueden ofrecer oportunidades para otras especies de latitudes mayores como la orquídea analizada, lo que provoca la mejora del rendimiento de sus poblaciones.

Todo ello demuestra que una parte muy importante de las inversiones en materia de conservación debería destinarse a evaluar la efectividad de los planes de gestión. Pues los catálogos oficiales de especies de flora amenazada deben ser utilizados únicamente como el punto de partida para las prácticas de manejo, ya que la viabilidad de las poblaciones vegetales no solo depende de cambios o fenómenos que condicionan su supervivencia y las etapas clave en su desarrollo, haciendo que una especie sea considerada “rara”, sino que son la plasticidad o  diversidad genética y sus interacciones con el entorno ambiental los que determinan la persistencia de la especie en un determinado lugar.

ACERCA DEL AUTOR

Samuel Muñoz
Samuel Muñoz es graduado en Ciencias Ambientales por la Universidad Autónoma de Madrid, y en 2019 obtuvo una beca de posgrado de Fundación Aquae y Fundación ONCE para realizar estudios de Máster en Restauración de Ecosistemas.

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