Posidonia oceanica en el Mediterráneo. | FOTO: Melina Marcou vía Wikimedia Commons
Bajo la superficie del mar, en aguas poco profundas y luminosas, crecen lentamente los pastos o praderas marinas, uno de los ecosistemas más productivos y vitales del planeta. Aunque a menudo pasan inadvertidos, los hábitats formados por praderas marinas tienen un papel crucial en la salud de los océanos, en la biodiversidad y en la lucha contra el cambio climático, según señala el programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), en su informe Out of The Blue, publicado en 2020.
Las praderas marinas están compuestas por plantas, emparentadas con las que vemos en tierra firme. Son vegetales que han evolucionado a partir de plantas terrestres que regresaron al mar hace millones de años y se adaptaron al agua salada.
Técnicamente, las especies que forman las praderas marinas son fanerógamas, es decir, vegetales con raíces, hojas, flores, frutos y semillas. Se las suele confundir con algas, pero no lo son, ya que las algas son un tipo de organismo evolutivamente más antiguo que carece de esos elementos.
Las fanerógamas marinas se desarrollan en fondos arenosos poco profundos y con buena luminosidad que les permita realizar el proceso de fotosíntesis. Forman praderas sumergidas que se extienden por cientos de kilómetros cuadrados junto a las costas. Dependiendo de la claridad de las aguas, pueden prosperar incluso a 40 metros de profundidad, por lo que tienen un amplio rango de litoral para ocupar.
Plantas de posidonia o ‘Posidonia oceanica’ por su nombre científico. | FOTO: Benjamin l. Jones on Unsplash
Existen unas 60 especies reconocidas en todo el mundo de fanerógamas marinas, agrupadas en géneros como Zostera, Halophila, Thalassia, Cymodocea y el de Posidonia, que incluye especies como la emblemática Posidonia oceanica.
Esta última es una especie que solo se encuentra en el mar Mediterráneo, donde forma praderas densas y longevas, algunas con miles de años de antigüedad. Su crecimiento es muy lento, pero persistente, y acaba generando un rico ecosistema que transforma los arenales costeros en un punto caliente de biodiversidad.
En cierto sentido, ofrecen el mismo servicio que los arrecifes de coral en aguas más cálidas: transforman el entorno creando nichos ecológicos para multitud de especies de peces, moluscos y crustáceos y todo tipo de fauna marina.
La posidonia se puede reproducir por semillas, que generan nuevas plantas. Pero habitualmente prospera por medio de sus raíces o rizomas, que, van extendiéndose por el fondo marino y creando nuevos brotes de hojas, colonizando poco a poco el espacio. Diversos estudios científicos han demostrado que algunos tramos de praderas marinas están compuestos en realidad por un único ejemplar de planta, que ha ido colonizando decenas de metros con clones de sí misma nacidos desde la raíz.
Los pastos marinos son auténticos ingenieros del ecosistema. Entre sus funciones más destacadas están:
Plantas de ‘Posidonia oceanica’ en las costas del Mar Mediterráneo. | FOTO: Albert Kok vía Wikimedia Commons
Los pastos marinos, junto con los manglares y las marismas, forman los principales reservorios de carbono azul. A pesar de ocupar solo un pequeño porcentaje de la superficie oceánica, estas praderas pueden capturar y almacenar hasta 35 veces más carbono por hectárea que un bosque tropical, según indican diversos estudios.
Este carbono queda enterrado durante siglos en los sedimentos marinos, lo que los convierte en una herramienta natural y poderosa contra el cambio climático. La Posidonia oceanica, en particular, es una de las plantas más eficaces en la fijación de carbono.
A pesar de su importancia, los pastos marinos están en declive, principalmente por la contaminación del agua, el fondeo de embarcaciones que destruyen físicamente las praderas, la urbanización costera, el dragado de fondos, el aumento de temperaturas, la acidificación de los océanos, y a invasión de especies exóticas.
Es una suma de impactos que han hecho que en las últimas décadas estos ecosistemas pierdan terreno y vitalidad en todo el mundo.
En el caso de Posidonia oceanica, las praderas han disminuido drásticamente amplias zonas costeras del Mediterráneo. Disminuir los impactos es clave, ya que debido a su lento crecimiento, una vez dañadas, estas plantas tardan décadas o incluso siglos en recuperarse, si es que lo hacen.
Frente a esa situación, se están desarrollando múltiples estrategias para conservar y restaurar los pastos marinos:
Las praderas marinas son mucho más que “plantas bajo el mar”. Son infraestructuras naturales esenciales para la biodiversidad, el clima y la protección costera. Cuidarlas ayuda a proteger los mares, frenar el cambio climático y asegurar el futuro de la vida en la Tierra.