Agua, energía y residuos, un trinomio que impulsa la economía circular

Agua, energía y residuos son piezas esenciales del funcionamiento urbano. Constituyen tres elementos clave del metabolismo de las ciudades y, al mismo tiempo, tres ámbitos con una gran influencia sobre su huella ambiental.

Garantizar el suministro de agua y energía, así como gestionar los residuos generados por la actividad humana, implica un importante consumo de recursos y tiene un impacto directo sobre el medio ambiente. 

Tradicionalmente agua, energía y residuos se han planificado y gestionado por separado, pero hoy sabemos que forman parte de una misma ecuación. La crisis climática, la creciente escasez de recursos naturales y la volatilidad energética han puesto de manifiesto que los sistemas que sustentan nuestras ciudades están íntimamente ligados.

Lejos de ser ámbitos independientes, agua, energía y residuos conforman un sistema que, cuando se analiza de forma integrada, revela un enorme potencial de transformación y que contribuye a la descarbonización, la descontaminación y la regeneración de los recursos naturales.

El agua y la energía

La gestión del ciclo urbano del agua implica un consumo energético significativo en sus distintas fases: captación, potabilización, distribución, depuración y regeneración. En este contexto, gestionar el agua es también administrar recursos energéticos, posibles emisiones de carbono y costes económicos.

Pero esta relación no es unidireccional. El agua no solo consume energía, sino que también puede generarla. Las estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR)  están evolucionando hacia modelos de ecofactoría, que son un ejemplo perfecto de economía circular. 

En las ecofactorías, el ciclo no finaliza con la depuración, sino que el agua depurada se reutiliza para nuevos usos urbanos, agrícolas e industriales, al mismo tiempo que los residuos del proceso se valorizan para transformarlos en nuevos recursos y generar energía renovable.

Estas modernas instalaciones buscan la autosuficiencia energética. Generan sus propias fuentes de suministro energético, como el biogás producido a partir de los lodos de depuración, o también mediante la implementación de fuentes renovables adicionales, como la solar.  

Además, los sólidos resultantes del proceso de depuración son reciclados y pueden convertirse en fertilizantes, transformando residuos orgánicos en productos de alto valor añadido. 

Este cambio de enfoque transforma el papel del agua dentro del sistema urbano: de consumidor intensivo a actor activo en la transición energética y en la valorización de recursos.

Los residuos: una oportunidad

La transformación es igualmente profunda en el ámbito de los residuos. Durante años, el modelo predominante ha sido lineal: producir, consumir y desechar. Sin embargo, este enfoque resulta incompatible con un planeta de recursos finitos.

Ahora se buscan las sinergias y la economía circular, algo que se materializa claramente en la conversión directa de residuos en fuentes de energía. A través de la valorización energética, los desechos urbanos no reciclables se transforman en electricidad y calor en plantas específicas, lo que complementa el reciclaje y previene el depósito en vertederos.

Cuando agua, energía y residuos se abordan de forma conjunta, los beneficios son múltiples. Al recuperar recursos del tratamiento de aguas, transformar residuos urbanos en fuentes de energía local y optimizar los consumos operativos, se logra proteger la vida de las comunidades y la resiliencia de los territorios. Estas acciones no solo reducen la dependencia de recursos vírgenes, sino que también evitan la emisión de gases de efecto invernadero.

La integración de estos tres vectores requiere superar barreras históricas, tanto administrativas como de enfoque. Los sistemas actuales siguen organizados en torno a compartimentos sectoriales, y para superar esas fronteras, hay que  repensar modelos de gobernanza, adaptar marcos regulatorios y apostar por una planificación a largo plazo.

Los desafíos asociados al nexo agua/energía/residuos requieren nuevas miradas, enfoques interdisciplinarios y profesionales capaces de entender la complejidad.

La opinión de las personas expertas

La relación entre agua, energía y residuos fue el tema que se abordó durante la mesa redonda llevada a cabo con motivo de la entrega de los Premios 2025 de la Cátedra Aquae de Economía del Agua.

En el debate, conducido por Marisol Uría, del equipo de Comunicación y Marketing de Veolia, participaron Gonzalo Escribano, director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano; la directora de la Cátedra Aquae de Economía del Agua, Amelia Pérez Zabaleta; y Aránzazu Martín Pérez, directora de Desarrollo de Nuevos Mercados de Veolia.

Aránzazu Martín, Amelia Pérez Zabaleta, Gonzalo Escribano y Marisol Uría, durante la entrega de los Premios 2025 Cátedra Aquae de Economía del Agua.

Los ponentes coincidieron en la necesidad y la oportunidad de abordar la gestión del agua, la energía y los residuos de manera integrada y transversal.

Como se expuso durante la mesa redonda, la sostenibilidad urbana depende de nuestra capacidad para adoptar una mirada sistémica, capaz de transformar la complejidad en oportunidad.