Las ballenas jorobadas superan el peligro de extinción

Las ballenas jorobadas recuperan números naturales en el océano Atlántico sur, tras sufrir una importante reducción de su población por la actividad de la industria ballenera. Un caso más de cómo la actividad humana y la sobreexplotación de los recursos naturales está cambiando los distintos hábitats del planeta.

La industria ballenera ha sido una de las formas explotación más destructivas a lo largo del siglo XX de cara a la exposición de las ballenas ante un grave peligro de extinción. En un estudio publicado en la revista Royal Society Open Science, un grupo de científicos de la Universidad de Washington ha expuesto que las ballenas jorobadas –Megaptera novaeangliaehan crecido en 25.000 ejemplares. Una cifra que se acerca a la cifra que existía antes de que la caza de ballenas se convirtiese en una práctica habitual y extendida.

En la década de 1960 comenzaron a ponerse en marcha medidas rotundas para proteger a las ballenas cuando se hizo patente que la especie estaba disminuyendo de manera drástica en todo el mundo. En 1980, la Comisión Ballenera Internacional mostró a través de una moratoria que la situación era cada vez más acuciante y que se enfrentaban a un peligro de extinción. A pesar de estas medidas, la caza ilegal siguió produciendo un descenso de la especie.

Alrededor de 27.000 ballenas jorobadas fueron cazadas en menos de doce años a mediados del pasado siglo. Desde 1800, la estimación es que entre 40.000 y 60.000 ballenas de esta especie murieron en manos de la industria ballenera. De ahí que el hallazgo resulte sorpresivo y positivo.

Durante los años 2006 y 2015, la Comisión Ballenera Internacional llevó a cabo varios estudios en los que se hablaba de que tan solo se habían recuperado un 30% de estas especies; pero los nuevos datos amplían ese porcentaje y aportan, además, mucha más información sobre cómo fueron capturadas y su desarrollo. Gracias a técnicas avanzadas de modelado, a partir de observaciones tanto desde el mar como desde el aire.

Por otro lado, el estudio analiza también cómo las ballenas jorobadas, en su recuperación en cuanto a número, puede afectar al ecosistema. Por ejemplo, es una especie que se alimenta, como tantas otras, del kril, el cual está gravemente afectado por la crisis climática. Por tanto, habrá que ver si ante la ausencia de este alimento no acaban emigrando a otras zonas. En cualquier caso, al menos, parecen haber superado ese peligro de extinción al que se enfrentaban.