¿Sufren los fondos oceánicos por la minería submarina?

Durante 18 años se ha recopilado información, proporcionada por empresas mineras, de las profundidades marítimas y de todas las especies y sus hábitats a la hora de proyectar la explotación de la minería industrial. Información que ha estado oculta hasta ahora, cuando se presentan diferentes posibilidades de cara a la protección del fondo marino.

Los estudios y las exploraciones que se han desarrollo a lo largo de muchos años, han permitido conocer tan solo cerca del 1% del fondo del mar a nivel mundial. Un porcentaje muy bajo, pero que ha valido para saber que hay grandes riquezas. Esto ha llevado a la industria de la minería submarina a elaborar planes de futuro para explotar de manera comercial las profundidades marinas. Según Greenpeace, en su informe En aguas profundas, el avance de esta industria podría constituir una de las nuevas y más extensas amenazas para los ecosistemas marinos del planeta.

Qué es la minería submarina

La minería submarina o “de aguas profundas” es un proceso de recuperación de minerales que tiene lugar en el fondo del océano. Los sitios de minería oceánica generalmente se encuentran alrededor de grandes áreas de nódulos polimetálicos o respiraderos hidrotermales activos y extintos a 1.400 a 3.700 metros por debajo de la superficie del océano. Los respiraderos crean depósitos globulares o masivos de sulfuros, que contienen metales valiosos como plata, oro, cobre, manganeso, cobalto y zinc. 

Los depósitos se extraen utilizando bombas hidráulicas o sistemas de cubos que llevan el mineral a la superficie para ser procesado. Como ocurre con todas las operaciones mineras, la minería submarina plantea interrogantes sobre su posible impacto ambiental. Grupos de defensa ambiental como Greenpeace y Deep Sea Mining Campaign han argumentado que la minería submarina no debería permitirse en la mayoría de los océanos del mundo debido al potencial de daño a los ecosistemas marinos y la contaminación por penachos cargados de metales pesados.

18 años de datos

Durante 18 años, esta información ha permanecido oculta por la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés). Ahora, la delegación de las Naciones Unidas en Kingston, Jamaica, será la encargada de fomentar la minería del fondo marino al mismo tiempo que garantizar su protección.

La ISA se reunirá para crear códigos que permitan el comienzo de la minería submarina. Revelará una base de datos que contiene todos los datos medioambientales documentados por los mineros desde 2001. De este modo, los científicos tendrán la oportunidad de analizar la cantidad y la calidad de dicha información. Así podrán determinar si las empresas mineras han cumplido la normativa de la ISA.

Proteger la zona abisal de la minería submarina

La pregunta esencial es; ¿se tiene información suficiente sobre una de las últimas zonas salvajes intactas del planeta y sobre el papel que desempeña en el sistema climático global? ¿Podemos protegerla de la minería submarina y no arriesgarnos a crear una enorme destrucción de los ecosistemas marinos? ¿O la extinción de especies raras y no descubiertas?

La ISA ha emitido ya un total de 29 licencias a compañías, startups y empresas respaldadas por el estado. Licencias para que puedan explorar grandes franjas del fondo marino que contienen las mayores reservas mundiales de cobalto, níquel y otros minerales valiosos. Al mismo tiempo, se exige que todos los contratistas de minería submarina recopilen datos de base medioambientales sobre la biología de las zonas de concesión. Zonas, por otro lado, poco exploradas y ecológicamente particulares. Sin embargo, la ISA ha tratado esta información de manera confidencial. Incluso de han ocultado a su órgano legislador.

Unos datos esenciales

Dado que se posee poca información sobre estas zonas abisales en los mares y océanos, estos datos son de gran relevancia para crear planes de gestión medioambiental y para ayudar a determinar el impacto de la minería submarina en el fondo del mar. También serán cruciales para establecer los pronósticos de las consecuencias de la minería con el paso del tiempo.

«Dichos datos de línea de base medioambiental son literalmente la piedra sobre la que se construirá todo lo demás. Y no solo deben ser abundantes, sino de alta calidad y accesibles», afirma Diva Amon, bióloga del fondo del mar en el Museo de Historia Natural de Londres. Además, «el principal problema, por el momento, es la falta de aplicación de regulaciones medioambientales. Y, por supuesto, la falta de datos para una evaluación adecuada del impacto medioambiental», escribieron Mulsow y Stefan Bräger, el entonces director de asuntos científicos de la ISA, en un artículo científico publicado el pasado septiembre. «Ante nosotros tenemos ecosistemas poco conocidos y muestreados de forma lamentable».