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Incrédula

-Todo fue un montaje – sentenció. Le mostré la escafandra de papá, algunas fotos, y unas cuantas rocas que se trajo de su primera expedición, pero ante cada prueba aquella anciana insistía en afirmar que el hombre nunca había llegado a la luna. -Pues allí conoció a mi madre – confesé finalmente. La mujer comenzó a reír, y por eso no tuve más remedio que quitarme la piel y enseñarle mis escamas. Ella me miró y, tras unos segundos eternos de silencio, sólo dijo: -Maquillaje.
Raúl Clavero Blázquez