¿Conoces a la foca monje del Mediterráneo?

Una de las especies de mamíferos marinos más amenazados es la foca monje, un animal que tuvo grandes poblaciones en el Mediterráneo y en la costa atlántica de África, pero del que ahora apenas quedan unos cientos de ejemplares
FOTO DESTACADA: Un ejemplar de foca monje. | FOTO: Vasilis Drosakis via Wikimedia Commons

Las focas son mamíferos marinos muy populares y apreciados. Existen diversas especies distribuidas a nivel global, y a menudo se las asocia con ambientes de aguas frías o heladas ya que muchas de ellas prefieren, efectivamente, esos hábitats para vivir. 

Sin embargo, no siempre es así: el Mediterráneo, un mar interior de aguas cálidas, tiene su propia especie de foca, la foca monje o Monachus monachus, como es conocida por su nombre científico.

Durante milenios, la foca monje fue un habitante habitual y abundante de las costas de Europa y de África, pero por desgracia ha sufrido una gran regresión en la época moderna. 

De hecho, apenas quedan unos cientos de ejemplares en todo el mundo y su estatus, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) está en la categoría de Vulnerable.

foca monje en Croacia Marinko Babić via Wikimedia Commons

Un ejemplar aislado de foca monje avistado en el año 2014 en las costas del Adriático de Croacia. | FOTO: Marinko Babić via Wikimedia Commons

Un caso singular de la evolución

La foca monje es una de las especies de foca más antiguas que existen. Su linaje se remonta a millones de años

En las clasificaciones taxonómicas, la foca monje del Mediterráneo se incluye en el orden de los Pinnípedos y la familia Phocidae, en la que se contabilizan 33 especies. 

Estas van desde la pequeña foca común (Phoca vitulina), habitual en el Ártico y de apenas 130 kilos de peso de media, hasta el gigantesco elefante marino, (Mirounga spp.) otro habitante de las zonas polares y cuyos ejemplares pueden alcanzar fácilmente los 2.000 kilos. 

A diferencia de esos parientes adaptados a romper hielos o soportar temperaturas bajo cero, la foca monje del Mediterráneo evolucionó en aguas templadas, ocupando cuevas costeras, calas escondidas y playas abiertas poco visitadas. Las usan para descansar, reproducirse y criar a salvo de los depredadores y, también, de las actividades humanas.

La foca monje es un animal de tamaño considerable, con un cuerpo adaptado para el buceo y la natación. Los adultos pueden alcanzar entre 2,2 y 2,8 metros de longitud y un peso que supera fácilmente los 250 kilos

Su pelaje es corto y oscuro, entre marrón y gris. Una peculiaridad llamativa es su hocico corto y redondeado, que recuerda a la forma de un monje encapuchado y que da lugar al nombre común de la especie. Su dieta es variada: peces, cefalópodos y, ocasionalmente, crustáceos. 

La foca monje fue un animal muy extendido durante gran parte de la Antigüedad. Su presencia era habitual en las costas de Grecia, Turquía y el norte de África, como atestiguan autores como Aristóteles en sus escritos. Este hecho se refleja también en su aparición en mosaicos romanos y en monedas de la época.

¿Qué ocurrió para que un animal tan extendido como la foca monje del Mediterráneo desapareciera de la mayor parte de su territorio natural? La respuesta apunta a la acción humana.

Un ejemplar de foca monje. | FOTO: Vasilis Drosakis via Wikimedia Commons

Un ejemplar de foca monje. | FOTO: Vasilis Drosakis via Wikimedia Commons

El declive de una foca abundante 

Durante siglos, las focas monje fueron cazadas por su piel, su carne y su grasa, como se ha hecho en todo el planeta con el resto de sus parientes.

Desde la Edad Media los relatos de marineros y pescadores ya registraban matanzas regulares de este animal que ofrecía todo tipo de retornos a quienes lo capturaban.

También se las perseguía y eliminaba porque se pensaba que competían por los recursos, al comer peces y otros productos marinos de utilidad para el ser humano.

A la caza directa durante siglos se sumó después el avance de la intervención en el litoral. La urbanización de la costa, la ocupación y degradación de playas solitarias y la proliferación de embarcaciones a motor redujeron los lugares tranquilos donde las focas podían descansar y criar. Además, las capturas accidentales en redes de pesca añadieron una nueva causa de mortalidad. 

En el caso de España, la población de foca monje experimentó durante el siglo XX un proceso continuado de deterioro, disminución y arrinconamiento de ejemplares hasta desaparecer por completo. 

Existe una amplia documentación sobre los lugares dónde habitaron los últimos ejemplares de focas monje en España y las causas de su desaparición.

A principios del siglo XX, ya sólo quedaban focas en las partes más escarpadas de la Costa Brava catalana, en las zonas poco humanizadas del litoral desde el sur de Alicante hasta Murcia y Almería y en algunas calas de Baleares.

Los ejemplares eran tan pocos que hay constancia documentada de la desaparición concreta de cada uno. En el caso de Baleares, las dos últimas focas monje del Mediterráneo murieron en 1958, una capturada en una red de pesca y otra abatida a tiros. 

En el caso de la costa peninsular, hasta mediados de los años 60 un pequeño grupo de focas sobrevivió en el Cabo de Gata, en Almería. En 1979 se avistó por última vez un ejemplar en aguas de Águilas, Murcia, en aguas cercanas a Cabo de Gata.

Finalmente, la última foca monje española se hizo sumamente conocida en los años 80. Se trataba de un macho adulto que habitaba en las islas Chafarinas, un enclave a medio camino entre España y Marruecos. 

En 1989 ese ejemplar concreto de foca monje del Mediterráneo fue noticia ya que  un equipo de veterinarios militares y biólogos civiles lograron librarle de un aro de pesca que le oprimía el abdomen y amenazaba su vida. 

La foca recibió un nombre, Peluso, y ocupó todos los noticiarios de la época. Fue el último ejemplar de foca monje española conocido. 

¿Dónde vive hoy la foca monje?

Actualmente, la distribución de la foca monje se reduce esencialmente a tres regiones donde hay poblaciones estables. 

  • MAURITANIA. La colonia más abundante, con unos 200 ejemplares adultos, está en la península de Cabo Blanco, en la costa atlántica de Mauritania. Es una zona remota y salvaje del país, donde desde hace décadas la cooperación internacional centra esfuerzos para salvar la especie
  • MAR EGEO. En las islas y costas del Egeo entre Turquía y Grecia hay otros 200 ejemplares, en este caso más distribuidos espacialmente y no centrados en un pequeño espacio como es Cabo Blanco en Mauritania.
  • MADEIRA. Entre el archipiélago portugués de Madeira y los islotes deshabitados de Islas Desertas, pertenecientes a Portugal y que están cercanos a Canarias, hay una población sana de tamaño difícil de determinar de focas monje que  se mueven por el Atlántico sin llegar a conectar con las focas de Mauritania.  

Aunque la foca monje sigue catalogada como Vulnerable por la IUCN, su situación ha mejorado ligeramente en los últimos años. 

Países, agencias estatales de cooperación, organizaciones internacionales, los científicos y las comunidades locales han impulsado diversos programas de conservación, investigación y cooperación que, al menos, han frenado el acelerado deterioro que sufría la especie. 

Se han creado programas para proteger sus dos grandes núcleos actuales de población, en Mauritania y en el Egeo. Y se espera que, desde allí, puedan empezar a extenderse. 

En ese sentido, se han avistado recientemente ejemplares divagantes visitando el Adriático o Baleares, lo que invita a pensar que, con el tiempo, podrían poco a poco reocupar sus antiguos territorios. 

 

Parientes de la foca monje del Mediterráneo

 

La gran mayoría de las 33 especies de focas existentes hoy en día están adaptadas a vivir en aguas frías.

La foca monje del Mediterráneo es una de las pocas adaptadas a mares cálidos. Solo hay otra parecida, un pariente evolutivo cercano conocido como foca monje de Hawai (Neomonachus schauinslandi), que habita en el Pacifico.

Hubo una tercera especie de foca de aguas cálidas, la foca monje del Caribe (Neomonachus tropicalis), pero se extinguió durante el siglo XX.

Foca monje de Hawai. | FOTO: NOAA/PIFSC/HMSRP

Foca monje de Hawai. | FOTO: NOAA/PIFSC/HMSRP

Dentro del orden de los Pinnípedos hay otros familias de mamíferos marinos similares a las focas y emparentados con ellas,  pero hay diferencias muy notables que los distinguen.

Las focas pertenecen a la familia Phocidae y muestran rasgos concretos y distintivos, como tener las patas traseras orientadas hacia atrás. Esto les ayuda mucho en la natación, pero les impide moverse con facilidad en tierra firme. Las focas, además, no tienen pabellón auditivo.

Dentro del orden Pinnípedos se incluye también la familia Otariidae, a la que pertenecen leones marinos, lobos marinos y osos marinos. Estos mamíferos marinos sí cuentan con pabellón auditivo. Además, tienen las patas traseras orientadas hacia delante, lo que les permite desplazarse mejor en el medio terreste.

Por último, hay otro familia de pinnípedos, Odobenidae, a la que sólo pertenece la morsa marina. Este gran mamífero tiene también las patas traseras orientadas hacia delante, pero comparte con las focas el hecho de no tener orejas.

20/11/2025