Fe

—¿Crees en Dios? —pregunta el hombre. —Sí —respondo—. Creo en Dios. El hombre tose. La mujer se lleva las manos al rostro, solloza. —¿Por qué? —pregunta el hombre. —Porque lo he decidido. Yo. Libremente. —Ahí lo tiene —dice la mujer—. Lleva con ese rollo todo el día, sin parar. Ay, Dios. Y ahora, ¿qué va a pasar? El hombre se incorpora y coge el mando. —Me temo que tendremos que llevarnos al taller su televisor —dice el hombre, y sin añadir una palabra más me apaga.
Santiago Eximeno Hernampérez