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El día después del último día

Abrí mis ojos deseando que todo eso fuera una simple pesadilla. Salí a la calle y observé los cuerpos tirados de un lado y del otro, y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Sé que mi fin también debe estar cerca, lo puedo sentir en mis entrañas. Caminé un poco más y me arrodillé en el suelo viendo hacia arriba, pidiendo por algo que antes no hacía falta pedir. —¡Qué llueva una última vez!— dije casi gritando. Mi voz se escuchó como un eco en esas calles vacías. —No, ya no hay agua. Murmuró el viento.
Angie Pamela González García