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El desperdicio de alimentos, un problema global

Evitar el desperdicio de alimentos supone luchar contra un problema social, pero también ambiental

El desperdicio de alimentos no solo supone una preocupación social y humanitaria, también ambiental. Malgastar alimentos y la producción excesiva de éstos agrava la desnutrición, los problemas de salud y la contaminación atmosférica de nuestro planeta.

Los desequilibrios en nuestra dieta, junto al modelo productivo poco sostenible, ponen en riesgo nuestra salud y el medio ambiente.  La Organización de las Naciones Unidas estima que 1.300 millones de toneladas de alimentos terminan en la basura cada año. Cuánto mas alimentos desperdiciamos, malgastamos recursos tan valiosos como el agua, el uso y la energía empleados para producirlos.

Los efectos del desperdicio de alimentos 

Mientras enormes cantidades de alimentos acaban en vertederos, el 11% de la población sufre desnutrición, el 26% sobrepeso y entre el 25% y 30% de las emisiones de carbono provienen de la industria alimentaria agravando así la crisis climática, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

A medida que la población mundial crece, el desafío de la sociedad debe estar orientado a alimentar a mas personas despreciando menos de lo que producimos. Este desperdicio en la alimentación varía en función de los países y sus modelos productivos.

Según la FAO, el desperdicio de alimentos en EEUU, Europa, China, Japón y Australia tiene mayor lugar en la distribución y en la nevera del consumidor. Sin embargo, los países menos desarrollados sufren perdidas en casi todos los tramos de la cadena alimenticia. Esto se debe principalmente a que cuentan con peores infraestructuras y menos recursos para su producción.

El sector agrícola debe revisar sus prácticas para mitigar los efectos de la producción de alimentos con el fin de evitar el desperdicio de los alimentos

La producción poco sostenible y el despilfarro de alimentos agravan los efectos nocivos del cambio climático en la naturaleza y adentran a la sociedad en un circulo vicioso donde nuestra forma de alimentarnos también se ve afectada.

Un informe, denominado Tierra y Cambio Climático,  publicado por el IPCC afirma que la crisis climática afecta a los principios de seguridad alimentaria: la disponibilidad, acceso, consumo y la estabilidad. Vulnerar estos principios afecta a nuestra salud, así como la excesiva producción de alimentos provoca la expansión de la actividad humana en la naturaleza que incrementa, entre otros efectos, la aparición de enfermedades zoonóticas como la Covid-19.

“Nuestra continua erosión de las áreas silvestres, de los bosques primarios y los ecosistemas nos ha puesto incómodamente cerca de las especies portadoras, es decir, animales y plantas que albergan enfermedades que pueden pasarse a los humanos”, dijo la directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Inger Andersen.

Desafíos futuros para reducir el malgasto de alimentos

Hacer un mejor uso de los alimentos no es la solución a este problema, al menos por completo. El aumento en el consumo de alimentos procesados o de la carne roja está provocando un importante cambio en el uso del suelo en la agricultura que lleva implícito la destrucción de ecosistemas, la reducción de la biodiversidad y agrava la emergencia climática.

Por tanto, todos los actores que trabajan en el sector agrícola deben revisar sus prácticas con el fin de reducir los excesos en su producción, distribución y consumo. Por un lado, los consumidores deben ser conscientes para analizar su comportamiento cuando consumen y tratar de comprar únicamente aquello que se necesita.

El desperdicio de alimentos lleva implícito la destrucción de ecosistemas y la reducción de la biodiversidad

Por su parte, los supermercados y empresas de alimentación deben revisar sus practicas y estándares de fechado de los alimentos para reducir la cantidad de alimentos que acaban en la basura. Toda la cadena alimentaria y el sector agrícola debe revisarse a si misma con la finalidad de reducir su producción, distribución y consumo.

“Si no cuidamos la naturaleza, no podemos cuidar de nosotros mismos”, afirma Andersen. Y añade: “A medida que crece la población mundial y nos acercamos al umbral de los 10.000 millones de personas, tenemos que prepararnos para llegar al futuro con la naturaleza como nuestro aliado más fuerte”.

Planear con anticipación nuestra compra incluyendo en ella únicamente lo que necesitamos, usar el congelador y ser creativo con aquella comida que nos sobre son algunas de las recomendaciones para evitar el desperdicio de alimentos.