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Cambiar el sistema desde dentro

18 de Agosto de 2015
“Demasiada gente adopta una actitud de confrontación en su intento por cambiar el sistema, ya sea político, social, o económico, para construir un mundo mejor. Eso provoca una lucha desigual en la que el sistema crea un muro infranqueable para protegerse. Por eso, yo creo que resulta mucho más exitoso impulsar el cambio desde dentro, utilizando las propias armas que proporciona el sistema”.

Quien habla es Chris Slappendel, un holandés cuyo perfil, a priori, parece cualquier cosa menos el de un revolucionario. No en vano, se ha ganado bien la vida asesorando a multinacionales para que logren el mayor beneficio posible. Pero, desde el año pasado, le ha dado la vuelta a la tortilla para poner sus conocimientos de empresa al servicio de una causa mucho más noble: salvar al tigre de la extinción.

Ha ideado Tiger Trail (www.tigertrail.org), un proyecto que nació como un año sabático dedicado a investigar la triste realidad de esta especie y que ahora se ha convertido en una campaña para involucrar al sector empresarial en su salvación. “Las empresas se mueven por el negocio, y eso no va a cambiar. Pero hay que analizar cómo se hace negocio. En el mundo actual la gente se preocupa de lo que consume, y comienza a dar importancia a lo que hay detrás de cada producto que compra. La responsabilidad social corporativa ya no es un concepto abstracto, sino algo que se puede rentabilizar. Por eso, estoy convencido de que hacer el bien puede repercutir positivamente en las cuentas de resultados”, explica durante una conversación en Amsterdam.

Así, Slappendel ha puesto en marcha su estrategia para conseguir que las empresas que llevan la palabra ‘Tiger’ en su denominación se impliquen en la protección del animal. Y algunas ya han mostrado su interés. “Sólo pedimos el 1% de sus ingresos, un porcentaje a modo de ‘derechos de imagen’ que puede añadirse a los billetes de Tiger Airways o al precio de las latas de Tiger Beer. Si los programas que podremos poner en marcha con ese capital dan resultados, la percepción positiva de la marca supondrá un retorno muy superior al de la inversión”. No en vano, Slappendel se ha propuesto recaudar mil millones de dólares que se invertirían en proyectos de protección y de regeneración del hábitat del tigre en Asia, pero también en campañas contra la corrupción o en periodismo de investigación.

No obstante, hay una variable que se le escapa a Slappendel. Gran parte del negocio ilegal que tiene como protagonista a este felino está relacionado con el interés que despierta en China, sobre todo como ingrediente para preparados de la medicina tradicional. El auge económico del país ha tenido, entre otros, el efecto indeseado de un aumento de la demanda de animales salvajes en peligro de extinción, y es ahí donde también se debería trabajar. Porque, como dice la máxima empresarial, “si no hay demanda no habrá oferta”.

Diferentes campañas publicitarias en China y en países en los que la comunidad china es muy numerosa han conseguido importantes avances en el caso del tiburón, que es exterminado para hacer sopa con él.Y China también está tratando de erradicar las ancestrales creencias que otorgan a los animales salvajes propiedades curativas o afrodisíacas. El vademécum tradicional, por ejemplo, ya ha retirado todas las fórmulas que tienen entre sus ingredientes partes de animales en peligro de extinción. Pero los resultados dejan en evidencia que hay que hacer mucho más. De hecho, todavía están abiertas diferentes granjas de tigres que se esconden detrás de carteles en los que se las llama zoológicos o parques temáticos dedicados al tigre. Tuve la ocasión de visitar el más conocido en la ciudad de Guilin y la triste realidad de los escuálidos animales que allí sobreviven a duras penas deja en evidencia que su objetivo no es vivir, sino morir para que se comercialice con su piel, su carne, sus órganos, y sus huesos.

Seguramente, Slappendel, que se encuentra ahora de viaje en India con una misión comercial, tendrá éxito. Pero para que ese éxito sea permanente hay que atacar la raíz del problema. Y, teniendo en cuenta que es una profunda raíz social, eso es algo que llevará mucho tiempo. ¿Sobrevivirá el tigre hasta entonces?

ACERCA DEL AUTOR

Zigor Aldama
Corresponsal en Extremo Oriente con base en Shanghái. Publica numerosos artículos y reportajes en diferentes medios como El País, grupo Vocento y Ballena Blanca.