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Vivir la ciudad sin coche

22 de Septiembre de 2015
La llegada del otoño nos recuerda que vivir en una gran ciudad no siempre es tan saludable como quisiéramos. Uno de los enemigos principales sigue siendo el vehículo particular con motor de combustión. El Día sin Coches -22 de septiembre- nos ayuda a recordar que, paso a paso, podemos caminar en otra dirección. 

Las dos últimas veces en que he tenido la suerte de coincidir en un estudio de televisión con Mateo Valero, director del Barcelona Supercomputing Center y uno de los investigadores españoles con más distinciones internacionales, la conversación informal posterior a la entrevista ha acabado derivando en el ejercicio preferido de este científico incansable: caminar. Como catedrático de Arquitectura de Computadores no puede extrañar que Valero esté también a la última en aplicaciones para teléfonos inteligentes, y una de sus apps preferidas le ayuda a calcular los miles de pasos que da cada día en sus recorridos por la ciudad; básicamente de camino al trabajo y de regreso a casa.

Muchos ciudadanos podríamos tomar ejemplo de líder del superordenador Mare Nostrum de Barcelona y, por lo menos, olvidarnos del coche durante la semana laboral. En algunos casos, es evidente que la voluntad particular debería ir acompañada -por no decir, precedida- de un mayor esfuerzo de las instituciones por adaptar nuestras ciudades a la movilidad libre de coches privados. 

De un día para el otro, no podemos igualar en todas partes el modelo del distrito sostenible de Vauban, en Friburgo (Alemania), donde conviven 5.000 personas sin necesidad de hacer circular vehículos privados a motor por sus calles; pero este debería ser el camino a seguir. 

Puede parecer una medida populista y de escasa repercusión global pero me permito felicitar al Ayuntamiento de Madrid por la decisión de cerrar al tráfico motorizado los domingos de 9 a 14 horas en el Paseo del Prado, entre las plazas de Cibeles y Carlos V, además de las calles Peña Gorbea y el paseo García Lorca.

En Barcelona, esperemos que en un futuro no muy lejano se hagan realidad proyectos urbanísticos como el de las supermanzanas, que proponen reducir substancialmente el tráfico en zonas como l’Eixample.

Los núcleos urbanos europeos son ejemplo, en muchos casos, de un diseño compacto que facilita la movilidad a pie o en bicicleta. Si les puede servir de incentivo, recuerden que hacer ejercicio de esta forma tan sencilla puede ser la clave para evitar muchos problemas de salud, destacando el sobrepeso cada vez más común en sociedades sedentarias como la nuestra. 

No nos puede parecer extraño que en ciudades donde nadie camina y la comida rica en calorías es relativamente accesible se concentren los problemas de obesidad y ataques al corazón. No hace falta recordar, en este sentido, que la gran mayoría de ciudades de Estados Unidos y Canadá ocupan grandes extensiones de terreno, de forma que se hace prácticamente imposible vivir sin usar el coche particular a diario. 

Para no cargar las tintas con Estados Unidos, vale la pena fijarse en el ejemplo positivo de algunas ciudades de California que están poniendo de moda iniciativas en favor de una movilidad menos motorizada. Encontramos propuestas ciudadanas e institucionales del denominado California Car Free en San Francisco, Los Angeles, San Diego, San Luis, Santa Barbara y en el Napa Valley.

Los hábitos de vida nos impulsan a usar el vehículo privado motorizado con demasiada frecuencia y tienen que ser celebraciones institucionales como la Semana Europea de Movilidad y el Día Sin Coches -22 de septiembre- o experiencias personales como las de Mateo Valero las que nos recuerden que podemos vivir sin la tiranía del coche privado. Por lo menos, debemos intentarlo.  

ACERCA DEL AUTOR

Joaquim Elcacho
Joaquim Elcacho. Periodista especializado en medio ambiente y ciencia. Coordinador de La Vanguardia Natural, canal/sección de medio ambiente y naturaleza de la edición digital de La Vanguardia. http://www.lavanguardia.com/natural
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