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Simone de Beauvoir: Luchar por la igualdad de la mujer

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Escritora, filósofa, defensora de los derechos humanos, militante feminista, la figura de Simone de Beauvoir es quizá complicada de definir con una simple palabra. Pero sí que fue una mujer que luchó durante toda su vida en diferentes aspectos sociales, especialmente en reivindicar la igualdad de la mujer, lo cual la situó como una de las grandes figuras del feminismo del siglo XX. A lo largo de su vida publicó todo tipo de libros, desde novelas y textos autobiográficos a ensayos y artículos periodísticos, siempre mostrando una enorme brillantez en sus planteamientos y una capacidad analítica que plasmaba en el papel con gran facilidad a la hora de plantear grandes cuestiones de manera muy clara que se han convertido en clásicos. Y ella en un personaje imposible de olvidar tanto por su figura intelectual como feminista, aunque ambos aspectos se encontraban en su vida y obra intrínsecamente unidos.



Simone Ernestine Lucie Marie Bertrand de Beauvoir nació el 9 de enero de 1900 en París, Francia. Lo hizo dentro de una familia burguesa de estricta moral católica, algo que marcó gran parte de su infancia al ser educada en colegios religiosos y, en casa, bajo la atenta mirada de su madre, la cual era profundamente católica. De su padre, abogado de profesión y quien deseó siempre ser actor, heredó su amor hacia la literatura y la cultura en general. Llegada a la adolescencia, de Beauvoir se rebeló ante las constricciones familiares en temas religiosos, declarándose atea, algo que mantuvo a lo largo de su vida.

En cuanto pudo, abandonó el hogar y se marchó a vivir con su abuela para, después, ingresar en la Universidad de la Soborna para estudiar filosofía, graduándose en 1929 gracias a una tesis sobre Gottfried Leibniz, el mismo año en el que conocerá a Jean-Paul Sartre (1905-1980). A partir de entonces, iniciarán una relación muy sui generis para la época, alejada de las convenciones sociales establecidas. En ningún momento se plantearon el matrimonio en favor de crear una relación en pareja basada, ante todo, en el respeto y la libertad individual dentro de la pareja. Con todas las problemáticas que tuvieron a lo largo de los años, estuvieron juntos hasta 1980, cuando falleció Sartre.

Tras graduarse, de Beauvoir trabajó como profesora hasta 1943, año en el que tuvo que abandonar el centro educacional en el que se encontraba debido a las quejas de una familia debido a la educación, poco apropiada según sus parámetros, que para ellos estaba recibiendo su hija. Un suceso que, junto a otros, su propia experiencia vital y el contexto social, hicieron que de Beauvoir decidiese dedicar su vida desde entonces a la escritura, usando la literatura, ya fuese desde la ficción o desde el ensayo, para dejar constancia de sus ideas.

Ese mismo año escribe su primera novela, La invitada, obra polémica en tanto a que planteaba en su narración una relación sentimental y sexual a tres bandas y que, después se supo, estaba inspirada en una que experimentó junto a Sartre. Pero más allá de esto, ya en su primera novela expone su pensamiento existencialista, en relación con el movimiento parisino en boga durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial y que tendría, después de ella, un mayor desarrollo: en 1945 funda junto a Sartre y Maurice Merleau-Ponty la revista Les Temps Modernes, en honor a la película de Charles Chaplin, Tiempos modernos, y que será durante años referencia intelectual en Francia. En La invitada también plantea una visión muy acentuada sobre la libertad del individuo. Ideas que recorren también sus siguientes novelas, La sangre de los otros, de 1944, y Los mandarines, de 1954. Por esta última, recibiría el prestigioso Premio Goncourt. También publicó ensayos como Pyrrhus y Cineas, en 1944, Para una moral de la ambigüedad, en 1947, y América al día, en 1948.

Su lucha por el feminismo arranca en 1949, cuando publica su ensayo, ya referencia del movimiento y uno de los textos más relevantes del siglo XX, El segundo sexo. Nada más publicarse, desató diferentes polémicas, tachada de inmoral, escandalosa e, incluso, de pornográfica, por movimientos reaccionarios y católicos. Su planteamiento, para la época, contravenía las convenciones sociales de la época a la hora de hablar de la emancipación de la mujer, su papel dentro del hogar y su relación, en este sentido, con el hombre, sobre aquellos factores que suponían un freno para el progreso intelectual y profesionales de la mujer, y acerca de la lucha por la independencia y la igualdad de la mujer en un marco jurídico que considerase al hombre y a la mujer como iguales. En sus páginas desarrollaba una elaborada historia sobre la condición de la mujer, analizando desde diferentes ángulos la opresión masculina que había sufrido y sufría. Uno de sus ataques más fervientes se encontraba en ver que la mujer, confinada a las labores del hogar, sumida en su condición reproductora, como esposa y madre, la mujer no podía crear vínculos sociales y, por tanto, no tenía la posibilidad de ser libre.



Su propuesta se convirtió en la base para muchos movimientos feministas, tanto de su época como posteriores. Fundó junto a otras feministas la “Liga de los Derechos de la Mujer” para conseguir que las ideas plasmadas en su libro tuvieran un marco de acción real, para que se hiciese realidad.

En cuanto su vida, recogió gran parte de sus vivencias y pensamientos en diferentes textos de cariz biográfico o testimonial, como Memorias de una joven formal (1958), La plenitud de la vida (1960), La fuerza de las cosas (1963), Una muerte muy dulce (1964), La vejez (1968), Final de cuentas (1972) y La ceremonia del adiós (1981).

De Beauvoir falleció en París el 14 de abril de 1986.

 

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