Luchar por el empoderamiento femenino

El Día Internacional de la Mujer es una fecha perfecta para recordar el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5, el cual aboga por “lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”, sin lo cual, ninguna sociedad podrá desarrollarse plenamente.

La lucha por la igualdad de la mujer en la sociedad está marcada por numerosas aristas. Lejos de ser una batalla reciente, el empoderamiento femenino tiene décadas de historia.

Génesis del movimiento del empoderamiento femenino

En 1975, la ONU declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Dos años después se convirtió en el Día Internacional de la Mujer y la Paz Internacional. La fecha elegida se debe a que ese día, en 1857, un grupo de trabajadoras textiles salió a las calles de Nueva York para protestar por las ínfimas condiciones laborales en las que trabajaban. Una de las primeras manifestaciones por la igualdad de la mujer y el empoderamiento femenino. A raíz de esta protesta surgieron diferentes movimientos y acontecimientos.

No se nace mujer, se llega a serlo”. Así lo planteó Simone de Beauvoir (1908-1986).  El Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5, que es “lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”, persigue “poner fin a todas las formas de discriminación contra las mujeres y niñas no es solo un derecho humano básico, sino que además es crucial para acelerar el desarrollo sostenible. Ha sido demostrado una y otra vez que empoderar a las mujeres y niñas tiene un efecto multiplicador y ayuda a promover el crecimiento económico y el desarrollo a nivel mundial”.

ODS5, por la igualdad de género

Basado en el empoderamiento femenino, el ODS 5 es uno de los más relevantes a la hora poder llevar a cabo la Agenda 2030. Porque de una manera u otra, se relaciona con el resto de ODS, dado que las mujeres y las niñas representan la mitad de la población mundial. Son, por tanto, la mitad de su potencial, una parte necesaria en todos los niveles sin la cual no será posible conseguir las metas propuestas para el año 2030.

El problema reside en que la desigualdad de género persiste en todo el mundo de maneras muy distintas, dependiendo de la singularidad de cada país o territorio, pero que, a nivel global, provoca un serio estancamiento para el progreso social. El escaso reconocimiento de la contribución de la mujer en algunos campos, como el científico, sigue estando a la orden del día. El empoderamiento de la mujer es, entonces, no solo distribuir derechos sino también reconocer hechos.

El segundo sexo, Simone de Beauvoir

En su libro El segundo sexo, Simone de Beauvoir ya planteó algunas problemáticas que, con cambios y diferencias, se siguen produciendo en la actualidad en diferentes esferas y distintas latitudes:

“La desigualdad afecta a las mujeres en aspectos como la educación, que imponen que la mujer siempre ha sido, si no la esclava del hombre, al menos su vasalla; los dos sexos jamás han compartido el mundo en pie de igualdad; y todavía hoy, aunque su situación está evolucionando, la mujer tropieza con graves desventajas. En casi ningún país es idéntico su estatuto legal al del hombre; y, con frecuencia, su desventaja con respecto a aquel es muy considerable.

Incluso cuando se le reconocen en abstracto algunos derechos, una larga costumbre impide que encuentre en los usos corrientes su expresión concreta. Económicamente, hombres y mujeres casi constituyen dos castas distintas; en igualdad de condiciones, los primeros disfrutan situaciones más ventajosas, salarios más elevados, tienen más oportunidades de éxito que sus competidoras de fecha reciente; en la industria, la política, etc., ocupan un número mucho mayor de puestos, y son ellos quienes ocupan los más importantes”.

Una desigualdad que no entiende de fronteras

Cuando la igualdad de género no está garantizada, los problemas a los que se enfrentan las mujeres y las niñas pueden arrancar en el mismo momento de su nacimiento y persistir a lo largo de su vida. Por ejemplo, el no acceso a sanidad o a una alimentación adecuada, puede conducir a que las mujeres presenten una mayor tasa de mortalidad. O bien, en algunos casos, el no acceso a la educación produce una brecha considerable a la hora de poder plantearse una vida profesional en paridad con el hombre.

El empoderamiento femenino es particularmente importante en los países donde las mujeres deben casarse en edad muy temprana. Porque desde ese momento su rol social quede circunscrito a la esfera del hogar sin posibilidad alguna de desarrollarse más allá. Por tanto, un amplio espectro de población, el que representa la mujer, queda relegado como agente social en todos los sentidos. Para que las sociedades puedan disfrutar de un crecimiento económico y de un desarrollo social aceptable, el empoderamiento femenino es esencial.

El empoderamiento femenino, cuestión de derechos humanos

La igualdad de género es un derecho humano fundamental que nos implica a todos. Por el empoderamiento femenino, independientemente del país en el que se viva, debemos luchar todos. Es esencial en todos los ámbitos sociales, dado que implica una sociedad no solo más justa e igualitaria, también con mejores condiciones sanitarias y educaciones. Aumentaría el bienestar de la infancia, tanto para niños como niñas.

Para conseguirlo, desde la ONU se recuerda algunos actos de empoderamiento femenino que se pueden llevar a cabo:

  • Si eres una niña, puedes permanecer en la escuela. Motivar a tus compañeras de clase para que hagan lo mismo. Y luchar por tu derecho a acceder a servicios de salud sexual y reproductiva.
  • Como mujer, puedes luchar contra los prejuicios. Las asociaciones implícitas a menudo son un obstáculo no pretendido y a menudo invisible para la igualdad de oportunidades.
  • Todos podemos aportar fondos para las campañas educativas que intentan frenar prácticas culturales como la mutilación genital femenina y cambiar las leyes que limitan los derechos de las mujeres y las niñas y que les impiden desarrollar todo su potencial.