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Riesgos globales, ¿a qué esperamos?

3 de Junio de 2016
Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial: ¿Preferimos afrontar el «fin del mundo» que un cambio social radical?

 

El Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) o Foro de Davos es una organización fue fundada en 1971 por un ingeniero y empresario alemán llamado Klaus M Schwab y cada año reúne en la localidad suiza de Davos a lo más florido del mundo político y empresarial, además de a destacados miembros del ámbito periodístico, intelectual y periodístico, y a una representación de organizaciones no gubernamentales.

No es lo que se dice una entidad ecologista ni se preconizan allí consignas antisistema. Para nada: WEF está financiada por 1.000 empresas de abasto internacional, cada una de las cuales factura, por lo menos, unos 5.000 millones anuales. En fin, cabe resaltarlo, porque en el Informe Riesgos Globales 2016 que presentaron a principios de año dejan claro su gran temor al impacto que tendrán en la humanidad toda una serie de temas que, a veces, nos son presentados como si preocuparan solo a personas afines a ideologías izquierdistas y pro revolucionarias.

No, los popes que allí se reúnen son poco sospechosos de ser treehuggers (término slang que significa «abrazadores de árboles» y se refiere a los activistas pro medioambientales) y, anualmente, participan en lo que algunos denominan «la gran misa del capitalismo», acudiendo, comme il faut,  a bordo de sus súper coches, helicópteros y aviones privados. (En 2015, hasta 700 jets privados trasladaron a los top del mundo empresarial hasta esta localidad asentada en el cantón de los Grisones, en los Alpes suizos).

Esta muestra de la esfera humana más pudiente del planeta da por sentado en su informe más reciente que lo que toca ahora es atrincherarse en la resiliencia. «El año 2016 marca un claro punto de quiebre con respecto a resultados anteriores, ya que los riesgos sobre los que el informe ha estado alertando durante la última década están empezando a manifestarse de formas nuevas y en ocasiones inesperadas y a afectar a las personas, las instituciones y las economías. Es probable que el calentamiento global eleve la temperatura 1° C con respecto a la media de la era preindustrial. 60 millones de personas, más que la población de España, ya han sido desplazadas», se afirma en la introducción.

Lo que más temen los 750 expertos del Foro Económico Mundial encargados de concretar el ranking de riesgos de impacto global en un horizonte de 10 años es, en este orden:

 

1) la falta de mitigación y adaptación al cambio climático,

2) las armas de destrucción masiva,

3) la crisis del agua,

4) migraciones involuntarias a gran escala y

5) el shock en el precio de la energía.

 

En cuanto a los temores más inmediatos y probables, la lista está encabezada por las migraciones masivas, seguidas de los fenómenos meteorológicos extremos, la falta de mitigación y adaptación al cambio climático, los conflictos entre países y los desastres naturales.

La falta de agua es para ellos uno de los mayores riesgos a lo que se enfrenta el mundo. El año pasado hicieron hincapié en que la crisis hídrica era el principal peligro a nivel global. Lo mismo piensan ahora, porque entienden, que la conexión entre el agua, los alimentos, la energía, el cambio climático, los desastres naturales, las migraciones masivas y muchos conflictos bélicos son distintas consecuencias de un problema general. Un ejemplo: según la FAO, entre 2003 y 2006 los desastres naturales causaron daños estimados en 1.5 billones de dólares, mataron a 1,1 millones de personas y afectaron gravemente la vida de 2.000 millones más. Otro: dos tercios de la población mundial se enfrentan ya a escasez de agua, pero además en los próximos 20 años el incremento de agua solo para fabricar energía necesitará incrementarse un 85%.

Son muchas las empresas que están realmente preocupadas por todos estos aspectos que pueden poner en jaque a corto plazo sus lucrativas actividades comerciales. En unas filtraciones de la empresa Nestlé que Wikileaks hizo públicas recientemente, la corporación se manifiesta claramente alarmada por el «fin del agua potable», aduciendo que en 2050 la situación podría ser potencialmente catastrófica.

Es sabido y resabido que tenemos el conocimiento para revertir tantos y tantos despropósitos. Ese no es el problema. Podemos optar, sin duda, por un nuevo camino hacia un futuro más luminoso y esperanzador para nuestros hijos. La cuestión es: ¿por qué seguimos insistiendo en lo de siempre?, ¿qué es lo que nos impide dar, de una vez por todas, el necesario volantazo?  Dice el filósofo y sociólogo eslavo Slavoj Zizek que «nuestro principal problema, incluso ahora, es que nos resulta más sencillo imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo». Zizek, autor del libro Viviendo en el final de los tiempos piensa que «vivimos una época que promueve los sueños tecnológicos más delirantes, pero no quiere mantener los servicios públicos más necesarios». «No soy un ingenuo, ni un utópico; sé que no habrá una gran revolución – afirma–. A pesar de todo, se pueden hacer cosas útiles, como señalar los límites del sistema».

 

Señalémoslos pues, seamos balizas vivientes, faros en ese oscuro mar.

ACERCA DEL AUTOR

Eva van den Berg
Redactora y editora de secciones para la edición española del National Geographic. Guionista y documentalista.
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