Innovación

«Lo abierto es sostenible»

Javier Creus

Javier Creus es fundador de Ideas for Change y Pentagrowth, una consultora especializada «en lo colaborativo, lo abierto y lo móvil».

Con él hablamos de Economía colaborativa y la confianza, el activo imprescindible para que ésta funcione. “Hoy en día”, nos explica, “quien no se pone a vivir en abierto lo tiene difícil, ya que o eres capaz de cambiar y pensar que lo que compiten son sistemas y no empresas y te sumas a uno y compartes tu información, o tú solo lo tienes muy difícil”. La competencia es entre sistemas, no entre marcas de coche, sino entre el coche eléctrico, el de gasolina y el de pila de hidrógeno. Cuando la competencia es entre plataformas, o contribuyes y participas o puedes ganar la batalla solo, pero no estarás en la guerra adecuada.

La economía colaborativa es un tema de eficiencia económica

Según la revista TIME, la economía colaborativa es una de las 10 ideas qué más va a cambiar el mundo. ¿Por qué?

Porque genera un nivel de eficiencia, hace más con menos, porque quien no lo adopte se queda fuera de la partida. Es un tema de eficiencia económica: el que no sepa aprovechar lo que está disponible en común o no sepa darle un rendimiento a lo que tiene infrautilizado tendrá unos costes superiores a los que sí lo hagan, y no podrán competir.

¿Qué es lo que hace que ahora esta cultura de economía colaborativa madure?

Es la evidencia. Fíjate en las organizaciones basadas en recursos compartidos, como Wikipedia, basado en el “cuéntame lo que sabes que yo se lo contaré a todo el mundo”, o como BlaBlaCar, “dime dónde vas que igual te encuentro un polizón y compartís costes”. Estas organizaciones trabajan con un nivel de eficiencia que es de otra magnitud. Wikipedia se ha creado con menos del 1% del tiempo que los norteamericanos invierten en ver la tele en un año. Y cuesta 40 millones de euros de mantener.

Cuéntanos las conclusiones de tu informe Pentagrowth

En septiembre de 2013 empecé a reunir información sobre el crecimiento de 50 organizaciones que han crecido más del 50% en los últimos 5 años. Hice análisis de datos para ver qué cosas aceleraban el crecimiento, y a raíz de esto publiqué un informe llamado “Pentagrowth”, que son las cinco palancas del crecimiento acelerado.

Combinando estas cinco palancas, se explica el crecimiento de Wikipedia, de eBay, de Netflix, de estos “bebés raros” que vimos nacer un día y que se han convertido en los gigantes de nuestro tiempo.

Tienes una máxima: “lo abierto es sostenible”.

Yo creo que esta relación es muy importante y cada vez más evidente. Si somos capaces de crear modelos tecnológicos en abierto, la inversión en investigación nunca se pierde, porque queda para que alguien la recoja y la mejore. Además, como cualquiera puede utilizarla, mejora el sistema, o la plataforma.

Los ciudadanos empoderados creamos nuestros propios recursos

Hannah Arendt decía: “Conocer y saber es importante, pero pensar también lo es”. ¿Esta actitud activa de “pensar” refleja también en esta economía?

Yo creo que esta actitud de pensar desde cero se acerca a este nuevo modo de producción, un modo entre pares que crea commons, recursos comunes. Hay una especie de tercera lógica, una dicotomía entre lo público, pensado para la escasez -cuando hay poco de algo, dame una parte para dárselo a los que lo necesitan-, o el mercado, que cuando hay poco, se lo da al que más paga. La lógica de la creación colectiva y los recursos compartidos es una lógica de la abundancia: genera nuevas rutas de transporte sin comprar más autocares o invertir más en trenes; y esta tercera lógica es la que se está imponiendo de manera muy natural. Esta nueva actitud, en la que los ciudadanos empoderados creamos nuestros propios recursos y aprovechamos los que existen, se va imponiendo de una manera muy natural.

¿Qué entorno, urbano o rural, es el más apropiado para esta economía colaborativa?

La ciudad es el lugar privilegiado del intercambio y de la oportunidad. Mientras tengamos energías centralizadas, la ciudad va a tener mucha ventaja, porque el coste de habitar ciudad es mucho menor que habitar en el medio rural. En el momento en que tengamos energía distribuida podemos pensar en un continuo urbano mucho más habitable.

Das clase y colaboras con escuelas de negocios, ¿los emprendedores de hoy tienen mentalidad colaborativa?

Los que llegan ahora tienen esta mentalidad, por varias razones. Una de ellas es que ellos mismos son consumidores: cuando van de vacaciones ya no se compran un Interrail, sino que salen de su ciudad en un BlaBlaCar y tienen la libertad de elegir cómo se van a mover. Y la segunda es que ha pasado el yuppismo y la gente joven quiere poner sus capacidades y su creatividad al servicio de cosas que valgan la pena. Incluso en la London Business School ha habido manifestaciones de estudiantes pidiendo que se cambie el programa de economía, porque les explican una materia que no se sostiene. La universidad y las escuelas de negocio son el siguiente campo donde vamos a ver una revolución humana como la que hemos visto en las plazas.

¿Cuándo comenzó la economía colaborativa y en qué fase crees que está?

Comenzó hace mucho; si lees a Polanyi ya habla del mercado centralizado-distributivo y del modo común, que es el que se empleaba en sociedades muy arcaicas. Hasta ahora la confianza estaba circunscrita a la gente en la que confiabas; este tipo de intercambio de poner en común o de compartir, ocurría en esos círculos. Ahora, la confianza ha escalado a nivel planetario: las redes sociales nos permiten tener información de alguien antes de conocerlo, lo que nos permite poder tener más confianza en esa persona que en un vecino. Esta revolución intelectual de darse confianza entre desconocidos permite jugar partidas de parchís planetarias, en las que, si todos respetan las reglas, no hace falta conocer más. Así es como se ha creado Wikipedia, Linux o BitCoin. Esta es la nueva dimensión que tiene ahora la economía colaborativa.