El calderón tropical de Tenerife, en peligro

La cabeza redondeada en una seña de identidad de los calderones tropicales, que tienen en las aguas de las Islas Canarias a una de las pocas poblaciones residentes del mundo. Además de ser el cetáceo que nada más rápido en profundidad, es fácil verlos en la superficie, donde descansan durante largos periodos de tiempo.

Conocido científicamente como Globicephala macrorhunchus, el calderón tropical es el cetáceo más común de las islas Canarias. Concretamente se trata de un cetáceo odontoceto perteneciente a la familia Delphinidae.

Entre las principales características del calderón tropical destacan su cabeza redondeada, lo que les hace fácilmente identificables, y una aleta dorsal que está curvada en la mitad anterior de su cuerpo. Además, el calderón tropical presenta una coloración que tiende al gris oscuro o negro con un patrón algo más claro difuso en la espalda. A diferencia de lo que sucede con el calderón gris, esta especie no toma apuntes sobre su piel acerca de todo lo que sucede en el océano.

Los machos son más grandes que las hembras y tienen el denominado melón más desarrollado. Realizan un sonido ancestral muy característico que, salvando las distancias, llega a recordar al de una máquina de coser, con la que tejieran en el agua su historia.

¿Dónde vive el calderón tropical?

Lo que está pasando es que los calderones tropicales que viven al sur de Tenerife desde antes de que en la Gomera se oyera un silbo, siguen constituyendo una de las pocas poblaciones residentes del mundo. En las aguas del archipiélago canario también es posible divisar otras especies como el delfín moteado.

Tal y como señala la doctora Aguilar, estos calderones del sur de Tenerife “son los cetáceos que pueden nadar más rápido en profundidad, alcanzando los 9 metros por segundo”, aunque no lo parezca cuando nadan tranquilamente.

El calderón tropical tiene un tamaño que oscila entre los 4 y 5 m, mientras que su peso puede alcanzar los 3.000 kg. Por lo general, prefieren aguas en las que la profundidad sea como mínimo de 400 metros, pero esto no hace más difícil sus avistamientos. De hecho, es habitual verles en embarcaciones preparadas expresamente para ello debido, entre otras, a su afición por descansar en la superficie del agua.

¿Qué come y cómo se reproduce este cetáceo?

Dependen los calderones de sus sonidos para alimentarse. Porque rebotan los chasquidos de ecolocalización en sus presas de las profundidades, entre las que se encuentra el calamar gigante. El calderón tropical utiliza su enorme melón para ayudarse en la captura de sus presas. Los peces y los pulpos también se incluyen en su dieta. Para alimentarse se sumergen hasta los 500-700  metros de profundidad donde la cacería, que les supone un importante gasto energético, se produce a gran velocidad tras un momento inicial de orientación.

Suelen vivir en grupos mixtos de hasta 20 o 30 individuos, siendo la cohesión entre los miembros de cada grupo otras de las características del calderón tropical. Como el soneto de Quevedo, entregan los calderones su amor constante más allá de la muerte, ya que la madre seguiría acompañando a sus crías aunque perdieran la vida.

El verano es la estación del año en la que suelen producirse los nacimientos de las crías. Pero para ello ha tenido que transcurrir prácticamente un año desde el momento del apareamiento.