Las corrientes oceánicas no funcionan como deberían

Un reciente estudio, publicado en 'Nature', alerta sobre las graves consecuencias de este fenómeno debido a que estas masas de agua son el verdadero sistema circulatorio del planeta, que se ocupan de repartir calor, nutrientes y gases.

Las corrientes oceánicas se están frenando. Esto significa que el mecanismo que transporta las cálidas aguas del Caribe hacia el norte y las frías polares al sur lleva décadas fallando. Así lo han corroborado dos grupos diferentes de investigadores, usando métodos distintos. Las posibles consecuencias de este fenómeno son muy graves porque estas masas de agua son el verdadero sistema circulatorio del planeta, que se ocupan de repartir calor, nutrientes y gases.

En el océano Atlántico, la corriente del Golfo es una inmensa masa de aguas cálidas, es decir, menos densas y pesadas, que viajan hasta el norte desde el Caribe, perdiendo calor en el trasiego, lo que atempera el clima de Europa Occidental. Mientras, en sentido inverso, las aguas frías de mares como el de Labrador, el de Barents o el de Groenlandia aún se hacen más densas y pesadas con el aporte de la sal expulsada por el avance del hielo ártico. Se hunden formando la llamada masa de agua profunda del Atlántico Norte, que se desplaza hacia el sur.

Cómo funcionan las corrientes oceánicas profundas

Las corrientes oceánicas profundas son impulsadas por gradientes de densidad y temperatura. Esta circulación termohalina también se conoce como cinta transportadora del océano. Estas corrientes, a veces llamadas ríos submarinos, fluyen profundamente por debajo de la superficie del océano y están ocultas a la detección inmediata. Cuando se observa un movimiento vertical significativo de las corrientes oceánicas, esto se conoce como surgencia y bajada. 

La circulación termohalina es parte de la circulación oceánica a gran escala. Los gradientes de densidad global creados por el calor de la superficie y los flujos de agua dulce impulsan esta circulación. Las corrientes de superficie impulsadas por el viento (como la Corriente del Golfo) viajan hacia los polos desde el Océano Atlántico ecuatorial, se enfrían en el camino y finalmente se hunden en latitudes altas (formando Aguas Profundas del Atlántico Norte). Esta agua densa luego fluye hacia las cuencas oceánicas. Mientras que la mayor parte surge en el Océano Austral, las aguas más antiguas surgen en el Pacífico Norte.

Por lo tanto, se produce una mezcla extensa entre las cuencas oceánicas, lo que reduce las diferencias entre ellas y convierte a los océanos de la Tierra en un sistema global. En su viaje, las masas de agua transportan energía (en forma de calor) y materia (sólidos, sustancias disueltas y gases) por todo el mundo. Como tal, el estado de la circulación tiene un gran impacto en el clima de la Tierra. La circulación termohalina a veces se denomina cinta transportadora oceánica, gran transportadora oceánica o cinta transportadora global. 

Situación actual

Aunque el sistema es más complejo, estos elementos son las arterias principales de la circulación meridional de retorno del Atlántico. Este es el motor que está fallando. Los últimos estudios estiman que el flujo de las corrientes se habría reducido entre un 15% y un 20%.

En términos absolutos, el caudal habría disminuido en unos tres millones de metros cúbicos por segundo. Si tenemos en cuenta que todos los ríos del mundo descargan unos 1,2 millones de metros cúbicos por segundo, la cifra es espeluznante.

En esta investigación, publicada en la revista Nature, los científicos analizaron el tamaño del grano de los sedimentos del lecho marino: cuanto más grande, más fuertes debieron ser las corrientes en ese momento para arrastrar los más finos. Otros datos indirectos fueron los registros de temperaturas del agua.

Causas y consecuencias

El deshielo es también el posible mecanismo causal apuntado por otro grupo de científicos en su estudio propio sobre la evolución del sistema de corriente y que también ha publicado Nature. Como el trabajo anterior, aquí han encontrado una reducción del flujo de este sistema de corrientes de un 15%. Para obtener sus resultados, usaron modelos climáticos y los registros disponibles de la temperatura de las aguas superficiales. De esto hay datos solamente desde el siglo XIX, como indicador del trasiego del agua.

Las consecuencias de este frenazo pueden ser graves, puesto que las corrientes son las encargadas de la redistribución del calor de las aguas del planeta. Su frenazo podría provocar aumento de temperaturas en zonas cálidas y disminución en las más frías.