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La vida efímera

Me desperté aturdida por el tremendo golpe. Sin abrir los ojos, palpe lo que tenía debajo de mi cuerpo, una gran tabla... Olía a quemado. Habíamos tenido un gran accidente, pero me había salvado. ¿Como? pensé. Abrí los ojos. La vi. AGUA
Tania Martínez