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La plancha

La mujer para de la plancha y se digna dirigirme la palabra. Mi mujer, como digo, deja de planchar y me increpa, colérica:  ¡ otra mancha !, ¡ otra mancha !... Claro, como tú no tienes que lavar; bueno, ni lavar ni planchar ni nada, y esta mancha es de las que no salen, si lo sabré yo... Miro a la mujer, a mi mujer, y no la veo. Mi preocupación ahora no es "la mancha" sino que es más bien dual: va del Principio de Incertidumbre de Heisenberg a la Ecuación de Onda de Schrodinger, y viceversa...  
José Reyes Belzunce