La berrea del ciervo

La lluvia influye en la berrea del ciervo que se inicia con las primeras lluvias tras el verano y que supone el comienza de la época de celo del ciervo ibérico. Descubre las principales diferencias entre machos y hembras, siendo la más visual la ausencia de cuernas en las segundas.

Cervus elaphus hispanicus es conocido comúnmente como Ciervo Ibérico. Esta especie pertenece a la familia de los Cérvidos y son el de mayor tamaño de la Península Ibérica. Su longitud se aproxima a los 2 metros y el peso, en el caso de los machos, puede alcanzar los 200 kg. Por otra parte, presenta una coloración rojiza durante la primavera y el verano, que se transforma hacia unas tonalidades más grisáceas durante el resto del año.

El ciervo ibérico presenta dimorfismo sexual, ya que las hembras son menos corpulentas y más pequeñas que los machos. Pero la mayor diferencia a simple vista es que nunca presentan cuernas. Además, las hembras son más esbeltas.

El sonido de la berrea del ciervo

A mediados de septiembre se produce la berrea de los ciervos, una tormenta de voces que señala la época de apareamiento o periodo de celo de la especie. Sin embargo, en las zonas bajas del sur de la Península puede empezar algo antes. En concreto, a finales de agosto y principios de septiembre, aunque puede retrasarse mucho en función de la altitud y la latitud.

Pero sí hay un fenómeno que suele adelantar el celo: las lluvias propias del mes de septiembre. El sonido de la berrea del ciervo se compone de sonidos guturales denominados bramidos por parte de los machos y también por una actitud pendenciera de estos y porque llevan manchas de barro, al pelarse con frecuencia tratando de volcarse unos a otros en los bañiles y revolcaderos.

Como ya hemos comentado, a diferencia de las hembras, los machos presentan unas majestuosas cuernas y tienen mayor peso. Pero sucede que, en ocasiones, se quedan enredados por las cuernas y pueden morir sin desligarse.

¿Dónde vive el ciervo ibérico?

El Ciervo Ibérico está distribuido en la mayor parte de la Península Ibérica, salvo en Levante, Galicia y las islas. Sin embargo, los tres más hábitats más habituales son los sistemas montañosos, las dehesas y los bosques más densos.

Así, la Cordillera Cantábrica, Extremadura, Pirineos o Monfragüe son solo algunos de los enclaves en los que es posible ver al ciervo ibérico. Mientras que las hembras viven en manadas junto con los más pequeños, los machos suelen hacerlo de manera aislada (en grupos de menos de 5 ejemplares) y son itinerantes, acercándose solo a las hembras coincidiendo con el periodo de celo. Su distribución es muy similar a la del corzo.

¿De qué se alimenta?

El ciervo es una especie herbívora y se alimenta de encinas, jaras, romeros y encinas, así como importantes cantidades de pasto, cereales y frutos.

Cabe destacar que sus hábitos suelen ser nocturnos para no coincidir con los seres humanos, aunque este comportamiento se altera durante la época de celo. En esa etapa del año, además de ser menos asustadizos, sobresale su actividad al amanecer y cuando el sol emite sus últimos rayos de luz. Su depredador natural es el lobo, aunque los más pequeños también pueden ser capturados por otras especies como las águilas.

En los últimos años, la expansión de los ciervos ha crecido especialmente por el interés cinegético que ha motivado las sueltas y la ausencia de predadores naturales.