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Inundada de fuerza.

Cuando la angustia me inundó, fui al monte a meditar, mis problemas eran tan grandes y fuertes como la roca que se postraba ante mi dentro de aquella cueva fría y con goteras. Sacudí con fuerza, pero mis problemas, como la roca;
sin un rasguño...me rendí, y al tiempo volví a la cueva a recordarme lo pesados que eran mis tormentos, pero...¡sorpresa!, gota a gota, el agua había partido la roca en dos. Y yo, que soy 65% gotas, todavía me cuestiono mi fuerza.
Patricia González García