«El cierre de los colegios aumenta la desigualdad»

Nunca habíamos vivido un inicio de curso tan convulso como el actual. El impacto de la pandemia en la educación, con el cierre de los colegios durante el confinamiento, ha puesto sobre la mesa las debilidades de la enseñanza y los desafíos a los que se enfrenta.

Mariola Urrea, vicerrectora de la Universidad de la Rioja, presidenta del Consejo de Estrategia de Fundación Aquae, aborda en esta entrevista las oportunidades de mejora en el sistema educativo, en el que la colaboración de los actores tradicionales y los sectores económicos y sociales es clave para formar adecuadamente en las habilidades y competencias que exigen un mundo en constante transformación y un contexto de incertidumbre.

Pregunta: ¿Qué enseñanzas nos ha dejado la pandemia en el terreno educativo? 

Respuesta: Una de las enseñanzas es que hemos ampliado el consenso sobre las debilidades que tiene nuestro sistema educativo. Hoy sabemos que nuestro currículum necesita mejoras, hoy sabemos que nuestras metodologías docentes pueden tener margen de mejora, hoy sabemos que nuestros sistemas de evaluación también lo admiten, incluso que necesitamos repensar la formación del profesorado. Si estamos de acuerdo en ese diagnóstico, ya tenemos mucho avanzado para impulsar las reformas y hay que recordar que existe una propuesta de reforma legislativa que está en el Parlamento.

La otra gran enseñanza que nos ha dejado la pandemia es que con el confinamiento y el cierre de los colegios  se han sacado a la luz las brechas de desigualdad que existen en la comunidad educativa y en las familias. Son brechas digitales que tienen que ver con la falta de infraestructuras tecnológicas en los colegios y en los sistemas familiares. No todos los miembros de las unidades familiares disponen de un equipamiento tecnológico para poder hacer su trabajo y su estudio en las mejores condiciones. Pero es que además también hay una brecha de uso. No todo el mundo está en disposición de usar esa tecnología de manera eficiente para el aprendizaje.

P: ¿Los cambios que el sistema educativo ha sufrido durante el pasado curso académico como consecuencia de la pandemia revertirán o formarán parte de la nueva normalidad educativa?

R: Algunos de los cambios que ha introducido la pandemia, el confinamiento, el cierre de los colegios, la importancia de la educación online en los distintos niveles educativos, primaria, secundaria, bachillerato, pero estoy pensando, por ejemplo, en el ámbito universitario ha venido para quedarse. Pero, hay otros elementos que hay que revertir. Por ejemplo, el cierre de los colegios. No hay que permanecer en esa situación.

Hemos sabido que el cierre de los colegios incrementa las brechas de desigualdad. La importancia de la educación tiene que ver mucho con espacios de socialización, espacios físicos donde los niños y las niñas conviven, donde los niños y las niñas aprecian otras realidades a las que están acostumbrados, bien por sus núcleos familiares o sus núcleos de relaciones. Las escuelas tienen que estar abiertas y tenemos que ser capaces de acomodarnos, por supuesto respetando siempre el máximo de seguridad. Probemos todas las fórmulas que sean pertinentes, pero eso hay que revertirlo.

P:  Más allá de los actores tradicionales que operan dentro del sistema educativo, ¿qué pueden hacer actores económicos y sociales en el campo de la educación y la formación?

R: Creo que pueden y deben hacer muchísimo. El sistema educativo es un conglomerado de actores, algunos con una posición protagónica. La educación es un derecho fundamental contemplado en la Constitución, por lo tanto, debe tener unas reglas definidas, un control y en eso la Administración es un actor protagonista. Y también lo son por supuesto los profesionales de la educación y las familias como parte importante de la comunidad educativa. Pero luego hay otros elementos de la sociedad desde el sector empresarial, el tercer sector, las fundaciones, que deben participar y sumarse a la conversación de la formación y la educación porque es lo que aporta valor al capital humano y es una de las palancas de transformación social. Todos tenemos que ser capaces de tener algo que decir en este sistema. Hay formación formal o reglada y hay educación o formación no formal, y aquí hay muchos sujetos que tienen mucho que decir.

P: ¿Qué papel reserva Fundación Aquae a la educación y cómo trabaja esta área?  

R: Para Fundación Aquae la educación es una línea estratégica y estamos trabajando en tres grandes campos. Primero, Fundación Aquae quiere participar en la conversación sobre la educación, quiere contribuir a apoyar las reformas educativas, las mejoras que sean pertinentes para hacer que la formación y la educación sea un proyecto a lo largo de la vida de las personas porque la formación tiene que ver con la capacitación técnica y también con la formación de un espíritu crítico. Un ciudadano crítico, es un ciudadano formado.

Mariola Urrea, presidenta del Consejo de Estrategia de Fundación Aquae.

Desde ese punto de vista, uno de los proyectos relativamente nuevos pero que la Fundación cultiva con mucho interés y mimo es el de contribuir en esta conversación de la importancia de la educación, apoyándonos en expertos que saben de educación primaria, secundaria, bachillerato y por lo tanto también de la comunidad universitaria. Fundación Aquae también quiere acompañar al proceso para que se incrementen las vocaciones científicas en nuestro país. Y lo hacemos a través del programa Aquae STEM, con el que cultivamos la vocación científica en niñas de entre 8 y 12 años. Además, queremos aproximar la generación del conocimiento con el mundo empresarial. Esa unión que es virtuosa entre la comunidad científica y la comunidad empresarial la tratamos de alinear en torno a un programa de doctorados industriales.

P:  En un mundo en plena transformación, ¿qué contenidos y habilidades deben trabajarse desde el sistema educativo para responder a las nuevas exigencias?

R: Ahí habrá un debate apasionante acerca de qué parte del contenido hay que revisar e incluso quitar para dar cabida a conocimientos nuevos, habilidades nuevas, competencias nuevas que son las que demandan un mundo en transformación como el que tenemos, también que aspira a ser más sostenible. Este es un debate que tiene un componente académico muy fuerte. Hay expertos dedicados a esto, a identificar qué elementos de la cultura de hoy deberían tener una traducción en contenidos que se incorporan al sistema educativo porque hay que entender que formamos personas que van a vivir en un mundo que por ejemplo queremos que sea por ejemplo más sostenible.

La pandemia también nos ha enseñado que necesitamos personas resilientes, no solo trabajadores, si no ciudadanos que se acostumbren a vivir en un mundo lleno de incertidumbre. Esto no es espontáneo, esto es algo que se cultiva, es una habilidad, una competencia que se trabaja y aquí hay margen de mejora en el sistema educativo. Quizá nuestro currículum está lleno de contenidos teóricos y necesitamos dejar más espacio para este tipo de habilidades.

P: Fundación Aquae tiene un compromiso ineludible con el desarrollo sostenible. ¿Cómo da cumplimiento el sistema educativo a la necesidad de formar personas alineadas con este objetivo? 

R: Este es uno de los grandes mandatos de Naciones Unidas. La Agenda 2030 con los Objetivos de Desarrollo Sostenible nos convoca a configurar un mundo apoyado en unos valores. Creo que ese mandato de Naciones Unidas hay que traducirlo también en contenidos dentro del sistema educativo, y qué duda cabe que los colegios, los profesores están perfectamente alineados con este compromiso, pero creo que hay margen de mejora.

España necesita incrementar el número de personas con vocación por los estudios científico-técnico

Hay proyectos académicos muy interesantes que están trabajando esta materia y aquí debemos preguntarnos: ¿Quién tiene que hacer esta labor? ¿Quién tiene que traducir estos elementos de la cultura del mundo en contenidos? Hasta ahora, ha sido la Administración. Pero quizá hay que darles más voz a los colegios en cómo se diseñan esos contenidos. Ahora es un buen momento para que estos debates se impregnen en el Parlamento y sean compartidos con la sociedad. La sociedad no puede estar al margen.

P:  España necesitará 1,6 millones de perfiles técnicos en la próxima década para atender las necesidades del mercado laboral. ¿Estaremos en condiciones de atender esta demanda? Además, estos perfiles técnicos acumulan una brecha de género. ¿Cómo hay que hacerle frente? 

R: Este es un desafío de país. España necesita incrementar el número de personas que muestran vocación e interés por los estudios científico-técnicos, las famosas STEM. Pero, además, España tiene un reto a abordar y es que ese interés de los estudiantes por la formación científico-técnica tenga un componente de género significativo. Fundación Aquae quiere estar en este debate y lo hace con un programa diseñado para más de 50 colegios en toda España, afectando a miles de niñas entre 8 y 12 años, con el que queremos contribuir a que tengan confianza en la formación científico-técnica, que les apasione. Se trata de herramienta para resolver retos y para que esas niñas de 8 y 12 años se conviertan en un futuro en esas ingenieras que necesita el mercado laboral.

P: En ocasiones se subraya cierta distancia entre los contenidos de los planes de estudio de nuestras Universidades o Centros de Formación Profesional y las necesidades del mercado laboral. ¿Cómo se puede acortar? 

R: Este es un reto pendiente en España y que requiere del esfuerzo de todos. El sistema universitario tiene que estar en disposición de acercarse a las necesidades del mercado laboral. Y el mercado laboral tiene que aproximarse con empatía y cariño al sistema universitario siendo conscientes que el sistema universitario no va a resolver todos los problemas de formación empresarial. El sistema empresarial tiene que asumir como propio el proceso de formación de sus trabajadores como una estrategia, como una inversión, como un elemento clave para fortalecer nuestro capital humano.

Los países más resistentes a las crisis son aquellos que incrementan capas de valor a su capital humano y eso no es solo una responsabilidad del sistema educativo, también lo es del sistema empresarial. Necesitamos entender las necesidades del otro con una capacidad de escucha quizá más amplia que la que hemos tenido hasta ahora. Fundación Aquae quiere contribuir también a este objetivo y el programa de doctorados industriales es un buen ejemplo virtuoso de cómo unir la generación de conocimiento de las universidades con las necesidades de la empresa.

P: Un elemento muy importante cuando se habla de la importancia de la educación entronca con la formación en valores. ¿Cómo debe abordarse este aspecto?

R: Hay que abordarlo sin complejos. Durante mucho tiempo hemos entendido que formar en valores incorporaba una carga ideológica, incluso religiosa y no es verdad. Una sociedad resistente, una sociedad confiada en sí misma es una sociedad que tiene claro cuáles son sus valores públicos y eso no es solo responsabilidad de la familia. Una sociedad democrática como es la española es el resultado de unos valores democráticos que en el fondo hay que traducirlos como aspiracionales.

Los espacios de entendimiento entre distintos configuran ese núcleo de valores que constituyen la hoja de ruta que marca una sociedad democrática. Por supuesto que hay que educar en valores en la escuela principalmente porque es el espacio de socialización común, es donde se forman los ciudadanos, donde se genera el respeto, donde uno advierte que hay diferentes a sí mismo y esto es un valor añadido. Educar en valores no puede ser un espacio reservado a la familia, pero hay que hacerlo sin complejos.

ACERCA DEL AUTOR

Mariola Urrea
Presidenta del Consejo de Estrategia de Fundación Aquae

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