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Valerie Miles

Imaginación, la Tierra invisible

La cultura es el laboratorio de las ideas que son hijas de la pasión, la dedicación, hasta de la tenacidad. El despertar del homo sapiens ocurre con el primer uso de la imaginación en los albores de los tiempos míticos. Capta el espíritu de nuestro presente y nos proyecta hacia el futuro. Una idea no puede existir sin lenguaje, sin una gramática de la imaginación.

La imaginación es la capacidad de producir y simular nuevos objetos, sensaciones e ideas en la mente sin ninguna entrada inmediata de los sentidos.

¿Qué es la imaginación?

También se describe como la formación de experiencias en la mente, que pueden ser recreaciones de experiencias pasadas, como recuerdos vívidos con cambios imaginados, o pueden ser escenas completamente inventadas y posiblemente fantásticas. La imaginación ayuda a que el conocimiento sea aplicable en la resolución de problemas. Es fundamental para integrar la experiencia y el proceso de aprendizaje. Un entrenamiento básico para la imaginación es la escucha de la narración (narrativa), en la que la exactitud de las palabras elegidas es el factor fundamental para “evocar mundos”.

Es un proceso cognitivo que se utiliza en el funcionamiento mental y, a veces, se utiliza junto con imágenes psicológicas. Se considera como tal porque implica pensar en posibilidades. El término afín de imaginería mental puede usarse en psicología para denotar el proceso de revivir en la mente los recuerdos de objetos que antes se daban en la percepción sensorial.

Variantes del concepto

Dado que este uso del término entra en conflicto con el del lenguaje ordinario, algunos psicólogos han preferido describir este proceso como “imagen” o “imaginería”. O hablar de él como “reproductivo” en contraposición a la imaginación “productiva” o “constructiva”.

La imaginación constructiva se divide en imaginación voluntaria impulsada por la corteza prefrontal lateral (LPFC) e imaginación involuntaria (independiente de LPFC), como el sueño REM, el soñar despierto, las alucinaciones y la percepción espontánea. Los tipos voluntarios de imaginación incluyen la integración de modificadores y la rotación mental. Las imágenes imaginadas, tanto nuevas como recordadas, se ven con el “ojo de la mente”.

La imaginación, sin embargo, no se considera una actividad exclusivamente cognitiva porque también está ligada al cuerpo y al lugar, particularmente porque también implica establecer relaciones con materiales y personas, excluyendo la sensación de que la imaginación está encerrada en la cabeza.

Otras maneras de expresarla

También se puede expresar a través de historias como cuentos de hadas o fantasías. Los niños a menudo usan tales narrativas y simulan juegos para ejercitar su imaginación. Cuando los niños desarrollan la fantasía, juegan en dos niveles. Primero, usan el juego de roles para representar lo que han desarrollado con su imaginación. En el segundo nivel juegan nuevamente con su situación imaginaria actuando como si lo que han desarrollado fuera una realidad actual.

Los psicólogos han estudiado el pensamiento imaginativo, no solo en su forma exótica de creatividad y expresión artística, sino también en su forma mundana de imaginación cotidiana. Ruth M.J. Byrne ha propuesto que los pensamientos imaginativos cotidianos sobre alternativas contrafácticas a la realidad pueden basarse en los mismos procesos cognitivos en los que también se basan los pensamientos racionales.

Los niños pueden participar en la creación de alternativas imaginativas a la realidad desde sus primeros años. La psicología cultural está elaborando actualmente una visión de la imaginación como una función mental superior involucrada en una serie de actividades cotidianas tanto a nivel individual como colectivo que permite a las personas manipular significados complejos de formas lingüísticas e icónicas en el proceso de experimentar.


ACERCA DEL AUTOR

Valerie Miles

Nacida en Estados Unidos y radicada en Barcelona, es escritora, editora, traductora y docente. Cofundadora de la revista Granta en español junto con Aurelio Major. También fundó la colección en español del The New York Review of Books durante su periodo como subdirectora de Alfaguara. Es colaboradora habitual de The New York Times, El País y La Nación de Argentina.