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Especies del “Diario de a bordo” de Cristóbal Colón (I)

16 de Febrero de 2015

Siempre en la mar, la esperanza de la tierra.

Es el pensamiento que se me viene a posar como un pájaro en la cabeza mientras voy leyendo el “Diario de a bordo” de Cristóbal Colón para averiguar cuántas especies animales y vegetales nombra.

Desde que se parte a escribir este diario con fecha del viernes 3 de agosto de 1492, hasta ese histórico viernes 12 de octubre en el que… “Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras”, he contado durante esa primera travesía 30 especies que por orden de aparición en el Diario son:

Garjao (Sterna paradiseae)

Rabo de junco (Phaeton spsp.)

Ruiseñores (Luscinia megarhynchos)

Manadas de yerba (Sargassum spsp.)

Hierbas de ríos

Cangrejo vivo (Nautilus grapsus minutus)

Toninas (atunes o delfines o marsopas)

Multitud de aves

Alcatraz (familia Sulidae)

Pájaro que era como un garjao y que era pájaro de río pero no de mar y con pies de gaviota

Pajaritos de tierra

Ballena

Pardelas (familia Procellariidae)

Tórtola (Zenaida spsp.)

Pajarito de río

Aves blancas

Dorados (Coriphaena hippurus)

Otros peces

Rabihorcado o rabiforcado u horcado (Fregata spsp.)

Muchos peces

Gaviota (familia Laridae)

Fruta

Peces golondrinas (Dactylopterus volitans)

Gran multitud de aves

Pajaritos del campo

Ánades (familia Anatidae)

Pájaros

Junco verde

Hierba que nace en tierra

Escaramujos (frutos de la familia Rosaceae, o similar)

*****

He de aclarar que las identificaciones entre paréntesis, con su grado de acierto o de error, son mías, excepto la del cangrejo vivo que apareció sobre unas hierbas y que guardó el Almirante.  Este cangrejo lo identifica Samuel E. Morison como Nautilus grapsus minutus.

Conviene precisar que los ruiseñores son en el Diario más literarios que reales, buenos recuerdos de la primavera andaluza para Colón, cuando el día viene como el domingo 16 de septiembre de 1492:

“Tuvo aquel día algunos nublados, lloviznó. Dice aquí el Almirante que hoy y siempre de allí adelante hallaron aires temperantísimos, que era placer grande el gusto de las mañanas, que no faltaba sino oír ruiseñores”.

Las especies que me parecen más interesantes, son las que realizan grandes migraciones y que se encuentra Colón en su derrota, como el garjao, que es la primera especie que se nombra en el Diario, y que es un Charrán ártico (Sterna paradisaea) en su migración otoñal hacia la Antártida. Por otro lado, cuando hablan de los dorados que pescan, creo que se refieren a la especie Coriphaena hippurus, ese pez dorado con cabeza de delfín y cuerpo de pez espada que resulta muy apreciado en nuestras costas cuando llega en octubre. Me inclino a creer que se trata de esta especie porque suele nadar cerca de la superficie, y porque le atrae, sobre el océano, la sombra de los barcos. Y sobre todo, porque además de llampuga y lampuga, recibe, todavía hoy, el nombre común de dorado. Corrobora esta idea que más adelante se nombre en el Diario a los peces golondrina, de los que se alimenta el dorado (dando saltos de varios metros por encima de la superficie) y que serían peces voladores tropicales (Dactylopterus volitans).

Un estudio aparte, merecería la mención de las toninas, y que los historiadores atribuyen a los atunes. Tengo muchas dudas sobre este asunto. Desde luego tonina es un nombre que se refiere al atún, ya que procede del latín Thunnus, pero también se llama tonina al delfín.

Veamos cómo lo citan el lunes 17 de septiembre de 1492:

“Vieron muchas toninas, y los de la “Niña” mataron una.”

Dicen matar, no pescar, como se diría si fueran a comérsela. Los delfines, lloran lágrimas verdaderas. Es como si los de la “Niña” hubieran matado la tonina más por divertimento que por necesidad. Porque además, andando el Diario, ya de regreso, el 18 de enero de 1493, se cita directamente a los atunes que vieron (“hoy pareció la mar cuajada de atunes”) sin llamarles toninas. Por eso me inclino a creer que eran delfines y no atunes, esas toninas del 17 de septiembre.

Cabe destacar para terminar esta primera parte, cómo se notaba que Cristóbal Colón había estado previamente en Cabo Verde, porque nombra a las aves tropicales con toda naturalidad, como el rabo de junco que cita en cinco días.

Se hacer ver también en el Diario que el Almirante apuntaba menos leguas de las que andaba, “porque si el viaje fuese luengo no se espantase y desmayase la gente”. 

Mientras, cada una de las especies que observan, las convertía Colón en una roca firme en la que apoyarse sobre la Mar Océana, para infundir ánimos a su tripulación con la cercanía de la tierra.

Siempre en la mar, la esperanza de la tierra.

Y fue una tierra inesperada, la que al final descubrieron.

*****

Saber más:

Biblioteca Nacional

“Capitulaciones, Diario de a bordo y primeras cartas sobre el descubrimiento”

  • Colón, Cristóbal
  • MSS.FACS/ 642    (Sala Cervantes)

“Atlas lingüístico de los marineros peninsulares”

  • Alvar, Manuel
  • VC/ 10124/ 9       (Salón General)

“El Almirante de la Mar Océano: vida de Cristóbal Colón”

  • Morison, Samuel E.
  • HA/ 7616               (Salón General)

“Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias”

  • Viera y Clavijo, José
  • 1/ 57350 V.1
  • 1/ 57351 V.2          (Salón General)

ACERCA DEL AUTOR

Mónica Fernández-Aceytuno
Premio Nacional de Medio Ambiente “Félix Rodríguez de la Fuente de Conservación de la Naturaleza” y columnista de ABC. Es fundadora y editora del portal de la Naturaleza Aceytuno.com.
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