La encina, el árbol más popular del Quijote

La encina es uno de los árboles más representativos de España por sus características especiales, como su fruto, y su resistencia a las condiciones climatológicas extremas. Mónica Fernández-Aceytuno, bióloga y escritora, nos descubre esta especie de árbol, popular por ser la más nombrada en el clásico "Don Quijote de la Mancha".

La encina es un árbol de la familia de las fagáceas, perteneciente al orden Fagales donde se agrupan alrededor de 670 especies. Su nombre científico es Quercus ilex, aunque se le conoce popularmente como carrasca, chaparra o chaparro. Se caracteriza por contar con una gran copa, con forma redondeada, y unas hojas muy frondosas que lo hacen un árbol ideal para dar sombra.

En su conjunto, la encina puede llegar a alcanzar los 25 metros de altura. Las ramas de la encina, de tanto podarlas, han dado lugar a formas extrañas que, como expresa Mónica Fernández-Aceytuno en su clip natura, son similares a unos brazos extendidos sobre la tierra. En sus ramificaciones, crecen unas vistosas flores unisexuales de color verde amarillento y hojas perennes, es decir, se mantienen durante todo el año.

Este árbol posee un tronco ancho y grueso con una corteza agrietada de color grisáceo. La floración de la encina suele tener lugar entre los meses de marzo a mayo, pero si la temperatura alcanza los 20ºC puede llegar hasta junio o julio.  Una de las peculiaridades de esta especie es que es monoica, es decir, coexisten ambos sexos en sus flores. Su reproducción suele ser por semilla, a través del cultivo, o por los brotes de la raíz, capaz de adaptarse fácilmente a cualquier tipo de suelo.

¿Cuál es el fruto de la encina?

El fruto de la encina es la bellota. Esta es un fruto seco, con una sola semilla, y que presenta en su base los peculiares cascabillos: “esa suerte de pequeñas cúpulas de madera, verdaderas obras de arte, llenas de sol”, en palabras de Fernández-Aceytuno.

Encina

La bellota sirve de alimento a los cerdos, y así se producen los mejores jamones; pero también se alimentan de ella las perdices, los conejos, los patos y las palomas torcaces, que recorren miles de kilómetros para ir a por ellas cuando empiezan a caer de las ramas. E incluso las personas, ya sea asadas o crudas; también se pueden aprovechar para elaborar harina y pan.

Este fruto suele recolectarse durante los meses de octubre a diciembre. Sin embargo, este árbol da sus frutos a los 15 o 20 años de vida. Además de por su fruto, la encina es preciada por su madera. Al ser dura y muy resistente, se emplea en construcción y carpintería; para fabricar piezas que vayan a estar sometidas al roce, como coches, arados y herramientas de labranza, pero también para vigas y obras hidráulicas.

La encina, el árbol nacional de España 

Hasta 20 veces, Cervantes nombra a la encina en el Quijote. Y es que esta especie arbórea es una de las más distribuidas de la Península Ibérica y las Islas Baleares. En España, se estima que esta especie arbórea ocupe cerca de los tres millones de hectáreas repartidos por todo el país. Es el árbol más característico del clima mediterráneo y suele asentarse sobre suelos frescos o secos de hasta 1.400 metros de altitud.  Como característica especial, este árbol es resistente a la sequía, la contaminación y las temperaturas extremas.

Las encinas suelen mantenerse en dehesas y su fruto suele servir como alimento para el ganado. Los bosques formados con este tipo de árbol, que suele mezclarse con otras especies como el pino o los enebros, son el mejor hábitat para la fauna mediterránea formando reservas naturales como el Parque Nacional de Cabañeros, en Ciudad Real, o el Carrascal de la Font Roja, en Alicante.

Sin embargo, la encina no es solo famosa en España. Antiguamente, la cultura celta consideraba los árboles como elementos de la naturaleza sagrados. Y es que, precisamente de esta idea nace el refrán “tocar madera” como símbolo de atraer a la suerte y mantra para repeler lo malo.  En particular, la encina era un árbol muy venerado por ser el hogar de la diosa Epona.

Una especie con gran resiliencia

Al igual que otros árboles, una de sus características esenciales es su contribución a la lucha contra el cambio climático, pues absorbe dióxido de carbono y produce oxígeno. A pesar de no ser uno de los árboles que más CO2 capturan, la encina adulta puede capturar unas cinco toneladas de CO2 al año.

Desde Fundación Aquae trabajamos por contribuir a frenar la crisis climática a través de nuestro proyecto Sembrando Oxígeno. Esta iniciativa tiene un doble objetivo: recuperar masa forestal, a través de la plantación de árboles en zonas que así lo requieren, a la vez que compensamos nuestra huella de carbono.

La encina es uno de los árboles más presente en nuestras plantaciones no solo por su función compensadora de CO2, sino también por ser una especie autóctona de muchas de las zonas donde actúa nuestro proyecto. Es el caso, por ejemplo, de Granada, donde trabajamos de la mano de Emasagra, y Valladolid, con Aquona.

Las encinas son árboles con gran resiliencia, por lo que llegan a vivir muchos años hasta en terrenos donde otros árboles no subsistirían. Uno de estos lugares donde son más comunes es en las zonas de secano de la meseta. Allí cumplen una misión importante al proporcionar sustento a los jabalís del entorno a través de las bellotas.

encina (Quercus ilex)

 

¿Cuántos tipos de encinas hay?

Existen dos tipos de encinas:

  • Quercus ilex L. subsp. Conocida propiamente como encina, es la variedad litoral, y se sitúa desde el nivel del mar hasta por encima de los 1.500 metros. Es más vertical y con hojas y copa más alargadas.
  • Quercus ilex L. subsp. ballota (o rotundifolia). Conocida propiamente como carrasca, se trata de la variedad más continental. Tiene menor altura y la copa y hojas son más redondeadas.

Las encinas Quercus Ilex se encuentran en su mayoría más cerca a las zonas cercanas al mar Mediterráneo y al norte hacia Los Alpes. Por el contrario, las encinas Quercus Ilex rotundifolia son más frecuentes en en el resto de la península, es decir, en la zona central llana y sur este continental.

En España hay tres comunidades autónomas cuyos terrenos resultan inapropiados para el crecimiento de cualquiera de los dos tipos de encina: Galicia, Murcia, Alicante y las Islas Canarias.