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El sustituto

Aquí estoy, detrás de esta silla para que no me vean.

La pandemia empezó hace ya años y somos pocos los que quedamos. Vivimos con lo básico, pero al menos no caminamos a rastras y con los ojos desorbitados.

Cuando pienso que ya estoy a salvo, salgo, cruzo la esquina y sucede el peor de mis miedos. Encorvado, babeando, con los ojos grandes y rojos pasa a mi lado sin inmutarse.

Antes me besaba bajo las escaleras de la casa de mis padres. Ahora ni levanta la vista de su smartphone para mirarme.

Millones de años viajando por el espacio a treinta kilómetros por segundo, cuando roza las capas exteriores de la atmósfera. A cien kilómetros sobre sus cabezas el meteoro arde. A cincuenta kilómetros es una bola de fuego brillante en el firmamento. Pero la luz se extingue y llega el estruendo rompiendo el cielo. Tras una estela de humo negro, cae para barrerlo todo. Y en Sodoma, Edith quedó atrás siendo petrificada en cloruro sódico, que es...
Señaló a un alumno quien contestó: ¿Sal?
Y esa fue la última vez que el profesor de ciencias sustituyó al de religión.