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El post en Facebook de Schwarzenegger

29 de Enero de 2016
"El mundo es un lugar peligroso. No por las personas que hacen el mal, sino por todos aquellos que no hacen nada para evitarlo."  Albert Einstein

El 2015 fue intenso en muchos sentidos. No solo porque fue el año más cálido desde que se iniciaron los registros, también en lo concerniente a la lucha contra el cambio climático. Todos tenemos aún en mente las arduas negociaciones que tuvieron lugar en la reciente cumbre del clima de París, de las que se obtuvo un acuerdo vinculante para lograr que el incremento de la temperatura global quede por debajo de los 2ºC. Ahora, que estrenamos nuevo año, deberíamos poder afrontar con esperanzas renovadas esa batalla titánica destinada a evitar un escenario de colapso. Todo el mundo sabe ya de que va el asunto y qué nos estamos jugando. La información relativa al calentamiento global, a los desbarajustes ambientales y sociales que genera y a la imprescindible transición hacia a un modelo energético descarbonizado están a disposición de todos a través de infinidad de canales distintos. Sin duda así lo hemos hecho también aquí, en el blog de la Fundación AQUAE, desde el que les hemos hablado hasta la saciedad de todo lo concerniente a esta espada de Damocles de la que depende el bienestar de la vida en la Tierra. 

No será por datos: el que no está enterado es porque no quiere. 

Así que ya no vale hacerse el despistado ni el descreído. Eso se acabó. Nos enfrentamos a un reto sin precedentes en la historia de la humanidad y eso requiere un posicionamiento contundente. Basta ya: no demos ni un ápice de tregua a los que se autoproclaman negacionistas climáticos ni tampoco a los tantísimos que, con su desidia, pereza o pasotismo, soslayan incluso la mínima aportación individual a la comunidad, como por ejemplo, entre otras pequeñas cosas, evitar un gasto energético excesivo, reciclar, minimizar el uso del coche o seguir un criterio sostenible a la hora de consumir. ¿No sería hora de precisar los límites entre lo que se denomina «la libertad personal» –en ese sentido sobredimensionada y mal definida– y lo que podríamos llamar «el derecho colectivo»?

Porque saber que disponemos del conocimiento y de la tecnología necesaria para hacer de este mundo un lugar vivible para todos y constatar, al mismo tiempo, que no hacemos lo posible para encauzarnos en ese camino de futuro es una idea sobrecogedora para muchos. Y paralizadora. Pero hay que ponerse en marcha. El cambio radical de vida que nos conviene no será posible sin una revolución social de la que no hay precedentes en la historia humana, dicen los expertos. Pero no hay plan B, al menos no para el común de los mortales. Hoy entre el 20 y el 30% de la población humana consume el 70-80% de los recursos y las desigualdades van a más. ¿No se debería empezar ya a discutir en serio cómo poner límites a esa «riqueza extrema»? No parece que haya otra vía que la de achatar el vértice superior de esta sociedad piramidal hasta reconvertirla en una red capaz de albergar una vida digna para todos.

Serge Latouche, economista francés ideólogo del concepto del decrecimiento, apunta que un modelo de sociedad sostenible se parecería al que teníamos en los años sesenta, cuando se vivía, dice, mucho mejor con mucho menos. Relocalizar la industria, restaurar la agricultura a pequeña escala, reducir el horario laboral y disminuir el consumo de energía serían algunas de las medidas a implementar. También, abogan otros, sabiendo que eso es lo que se dice «políticamente incorrecto», es necesario abordar con premura una «nueva cultura demográfica» que haga compatible la vida humana en un planeta de recursos finitos.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, el del cambio climático, quizá, además del posicionamiento personal que seamos capaces de llevar a cabo y de nuestra capacidad de influencia en nuestro círculo y en nuestros gobernantes, sea también de gran utilidad reclutar buenos comunicadores capaces de influenciar en un gran número de personas. Ya los hay: desde el papa Francisco a varias celebrities, como Leonardo di Caprio, Robert Redford, Mark Ruffalo, Daryl Hannah y Arnold Schwarzenegger, Arnie para los amigos, Terminator sin fronteras y ex gobernador de California por el partido republicano.  

I don’t give a **** if we agree about climate change 

Schwarzenegger hace ya tiempo que es un acérrimo defensor del uso de las energías renovables y así lo cuenta siempre que tiene ocasión. Harto de vivir en un país donde los negacionistas climáticos son multitud y no paran de increparlo, en diciembre colgó un post en Facebook que causó un auténtico revuelo. Lo tituló I don’t give a **** if we agree about climate change y en un plis plas más de 100.000 personas le otorgaron su like. Léanlo, si les apetece, porque tiene su gracia. Tengo que confesar, amigos y amigas, que a mi también me importa una ****** lo que puedan decir los negadores de la evidencia. Pero si lo dice Terminator… ¿a que mola mucho más? Y es que ya lo dicen: los caminos del fervor son inescrutables. Hasta la vista, baby. 

ACERCA DEL AUTOR

Eva van den Berg
Redactora y editora de secciones para la edición española del National Geographic. Guionista y documentalista.
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