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Diario de un perseguido

Con un oscurantismo así, ser crítico frente a lo establecido constituía una vía peligrosa, destinada a la muerte. Sólo se apoyaba a los dóciles ante el poder. Sin embargo, conservé algunas notas y libros de colegas y viejos maestros –quienes ignoro dónde estén–; dedicados contra todo a un saber riguroso. Sinteticé esas fuentes para orientarme en un mundo aterrador, que a la vez creaba un ánimo atrevido en mí. Pero ¡ya!, debo seguir y no ser captado por unos tentáculos que me vigilan.

Fredy Aldo Macedo Huamán