Islas de calor: el desafío de enfriar las ciudades

Las grandes ciudades experimentan temperaturas superiores a las de su entorno debido a que las superficies construidas capturan y retienen el calor. Esta situación se ve agravada por el cambio climático. Para reducir este efecto se plantea un urbanismo que, entre otras medidas, introduzca más zonas de vegetación y agua en el diseño urbano

Las ciudades concentran hoy más de la mitad de la población mundial y, según estimaciones de Naciones Unidas, en 2050 esta cifra crecerá hasta el 70%. El acelerado crecimiento de los entornos urbanos en todo el planeta plantea numerosos desafíos para conseguir que sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles, tal y como propone el ODS 11. 

Entre los muchos retos ligados al bienestar humano que abordan las ciudades está el fenómeno de las islas de calor, una situación que provoca que muchas ciudades experimenten temperaturas significativamente más altas que las de las zonas de alrededor que no están urbanizadas. 

La diferencia térmica puede oscilar entre 1 °C y 3 °C durante el día, pero en episodios extremos y, sobre todo, durante las noches de verano, puede alcanzar hasta 10 grados adicionales. 

Este exceso térmico afecta al bienestar de las personas y es un un desafío de salud pública. Y más si se tiene en cuenta que el cambio climático trae aparejado un aumento creciente de las temperaturas globales y olas de calor más frecuentes y acusadas. Esto provoca que, en muchas ciudades del mundo, la sensación térmica se haga insoportable en las épocas del año con más calor.

Por qué se forman las islas de calor urbanas 

El origen de las islas de calor urbanas es complejo y responde a la interacción de múltiples factores físicos, ambientales y de planificación del territorio. 

En primer lugar hay que tener en cuenta que los materiales predominantes en las ciudades, como el asfalto, el hormigón o las cubiertas oscuras de los edificios, tienen una elevada capacidad de absorción térmica. Durante el día capturan energía solar y, por la noche, la liberan lentamente, provocando que las temperaturas nocturnas se mantengan elevadas y dificulten el descanso. 

Pero a esta acumulación térmica por los materiales empleados hay que añadir el efecto que tiene la propia geometría urbana: las calles estrechas, los edificios altos y los espacios poco ventilados atrapan el calor y reducen la circulación del aire. 

Además, hay que tener en cuenta que los vehículos a motor, los sistemas de climatización, las industrias y otras actividades liberan calor e incrementan la temperatura ambiental en la ciudad.

La falta de vegetación suficiente en los entornos urbanos agrava esta situación. Las plantas regulan la temperatura de forma natural mediante dos mecanismos esenciales: la sombra y la evapotranspiración, un proceso mediante el cual el agua absorbida por raíces y hojas se libera a la atmósfera, enfriando el aire. Además de la vegetación, es importante la presencia de zonas con fuentes y láminas de agua en la ciudad, ya que tienen la capacidad de refrescar el entorno cercano. 

Cualquier persona puede apreciar la diferencia de sensación térmica que se experimenta al pasar de una calle soleada a un parque cubierto de árboles y regado. Sin árboles, parques ni zonas húmedas, las ciudades pierden este sistema de refrigeración natural. El resultado es un círculo vicioso: días más cálidos, noches más sofocantes, menor confort térmico y un aumento del consumo energético, ya que las personas dependen más de sistemas de refrigeración que, paradójicamente, generan aún más calor y emisiones de gases de efecto invernadero.

Bangkok, Asia, ciudades. Foto: vía Pixabay

Una vista de la ciudad de Bangkok. | FOTO: Pixabay

Consecuencias para la salud

Las consecuencias para la salud y el bienestar son considerables. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que las olas de calor son responsables de un aumento preocupante de la mortalidad. Añade, además, que el número de personas expuestas al calor extremo está aumentando exponencialmente debido al cambio climático en todas las regiones del mundo

Por ejemplo, según la OMS, sólo en Europa, en 2023 fallecieron 70.000 personas como consecuencia del calor sufrido entre junio y agosto. Los colectivos más vulnerables son las personas mayores, los niños pequeños y quienes padecen enfermedades cardiovasculares, respiratorias o metabólicas, aunque el impacto alcanza a toda la población. 

El calor extremo, señala la OMS, también afecta al bienestar psicológico: interfiere con el sueño, reduce la concentración y eleva los niveles de ansiedad e irritabilidad.

El calor extremo también afecta al mundo laboral. Según un informe conjunto publicado en 2025 por la OMS y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la productividad de las personas trabajadoras disminuye entre un 2% y un 3% por cada grado por encima de 20 °C, especialmente cuando a la temperatura alta se suman condiciones de humedad elevada y potente radiación solar. Es algo que afecta especialmente a los trabajos desarrollados al aire libre

En ese mismo sentido, un informe publicado en enero de 2025 por el World Economic Forum, o Foro de Davos, en colaboración con la compañía de seguros Allianz, señala que que el calor extremo podría ocasionar pérdidas de productividad por valor de 2,4 billones de dólares anuales para 2030.

Existen otros riesgos: por ejemplo, según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), del Gobierno de España, los accidentes en el entorno laboral aumentan un 17 % durante los episodios de calor extremo.

Infraestructuras verdes y azules 

Los expertos coinciden en que la solución al fenómeno de las islas de calor urbanas pasa por repensar la planificación y el diseño urbano. Una de las estrategias más efectivas es apostar por las infraestructuras verdes y azules, un enfoque que integra naturaleza y agua en la ciudad. 

Las infraestructuras verdes abarcan parques, corredores ecológicos, jardines verticales, techos ajardinados y arbolado urbano, mientras que las infraestructuras azules incorporan elementos hídricos como fuentes, estanques, canales o humedales artificiales. La combinación de ambas permite reducir las temperaturas mediante sombra y evapotranspiración, además de mejorar la calidad del aire, aumentar la biodiversidad y favorecer el bienestar psicológico de la población.

El papel del agua en la mitigación de las islas de calor es esencial. Los cuerpos de agua estratégicamente diseñados generan microclimas más frescos gracias a la evaporación, especialmente cuando se integran con vegetación circundante.

El empleo de sistemas de drenaje urbano sostenible, como pavimentos permeables, jardines de lluvia y sistemas de retención contribuye a reducir la escorrentía superficial y a permitir que el agua se integre en el suelo de las ciudades y no pase por encima de ella a toda velocidad.

Aplicar estas técnicas evita la saturación de los sistemas de drenaje durante episodios de lluvias torrenciales, cada vez más frecuentes debido al cambio climático y permite que pueda ser contenida más tiempo para aportarle la depuración adecuada antes de devolverla al medio ambiente. También se puede emplear para generar zonas húmedas estacionales, espacios que potencian la adaptación al cambio climático y crean zonas de enfriamiento de la urbe

Los techos verdes y las fachadas vegetales representan otra solución de gran potencial. Además de mejorar el aislamiento térmico de los edificios y reducir el consumo energético, ayudan a rebajar la temperatura superficial de las cubiertas en varios grados. 

También cabe emplear pavimentos reflectantes, también llamados “pavimentos fríos”, que incrementan la capacidad de las superficies urbanas para reflejar la radiación solar y evitar la acumulación de calor. 

El futuro de las ciudades requiere una planificación que las haga más resilientes y sostenibles. Apostar por infraestructuras verdes y azules, aumentar el arbolado, rehabilitar espacios públicos mediante soluciones basadas en la naturaleza y repensar los materiales constructivos son pasos para construir ciudades más frescas, habitables y resistentes frente al cambio climático.

Actualizado: 13/11/2025