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Con Sylvia Earle, la dama de las profundidades

10/10/2016 - Blog - Eva van den Berg
La llaman Her Deepness porque, ¿quién sino ella podría ser llamada gran dama de las profundidades? El apodo le va como anillo al dedo, no solo por su basta experiencia en la exploración del fondo marino, sino también porque su voz es tan profunda como el mar que tanto conoce y ama.
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Un timbre de voz grave y suave que hoy mantiene intacto tras más de sesenta años sumergiéndose bajo las aguas de todos los océanos del mundo. Con sus palabras y su presencia, Sylvia Earle nos ha encandilado a todos los que hemos tenido la suerte de compartir con ella su reciente estancia en Mallorca. Allí, en compañía de periodistas de todo el mundo, ha presentado su reto más reciente: la creación de una red de áreas protegidas, los llamados Hope spots, que en el Mediterráneo cuentan con un único enclave: las aguas que circundan las islas Baleares.

Exploradora residente de National Geographic desde 1998, Earle fundó en 2009 la alianza llamada Mission Blue gracias al TED Prize que ganó ese año. Con el premio decidió poner en marcha una personal alianza con el objetivo de prender la llama del soporte público para conseguir la protección de, al menos, tantas zonas en el mar como ya existen en la Tierra. «El ecosistema marino está gravemente amenazado, y por lo tanto, nosotros los seres humanos también», afirma. Los océanos regulan las precipitaciones, la temperatura, los vientos, nos proveen de oxígeno, y constituyen el mayor sumidero de CO2 de la naturaleza. Sostienen la vida en el planeta, y hasta el 90% de las especies ­–también la nuestra, por supuesto– depende de los océanos para sobrevivir. Aún así, mientras que en la Tierra a día de hoy un 13% de su superficie está protegida, tan solo un 4% de los océanos lo está. «Sin duda estamos avanzando porque, hace apenas cuatro años, ese porcentaje no superaba el 1%», dice, recordando la recién gesta del presidente Obama, quien el mes pasado proclamó la que hoy es la reserva marina más grande del planeta en aguas de Hawái, con un millón y medio de kilómetros cuadrados.

Earle, hija de una época en la que la mayor parte de los ecosistemas se hallaban en óptimas condiciones, intocados apenas por la mano del hombre, ha sido testimonio de cómo, en unas pocas décadas, lugares prístinos y llenos de vida, muchos de los cuales ella exploró antes que ningún otro humano, han sido arrasados sin contemplaciones. «Los seres humanos tenemos la impresión de que el océano es tan inmenso, grande y resistente que no importa lo que le hagamos. Menuda locura. La ignorancia es nuestro mayor problema. Pero todo lo que le hacemos se vuelve contra nosotros», dice. Ciertamente, cuando empezamos a depredar sobre los recursos del planeta, no sabíamos los problemas que estábamos generando. Pero hoy sí lo sabemos, se afana en decir una y otra vez. Hoy, sabemos con detalle cuáles son los efectos de nuestros actos y cómo revertir la situación.

 

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Sobre el autor

Periodista especializa en ciencia y medio ambiente, redactora de National Geographic, colaboradora de otros medios especializados y editora de libros científicos.

 

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