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Asistente indiscreto

Era imposible, pero diría que su asistente virtual la conocía mejor que ella misma. Por supuesto, solo se trataba de programación sofitiscada. Pero aquella mañana la “broma” llegó demasiado lejos; apenas tomó en sus manos el smartphone para revisar su agenda, su asistente la preguntó por qué la inquietó tanto el sueño de aquella noche. En efecto, había tenido un sueño perturbador. Desde que conectaron a la nube aquel nuevo ordenador cuántico, aquella aplicación no parecía la misma.

Alberto Montiel Casas