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Una ola gigante, creada en un laboratorio (con sorpresa incluida)

Un equipo de investigadores e ingenieros de la Universidad de Oxford, han recreado una ola gigante, también conocida como vagabunda o solitaria, consiguiendo datos muy reveladores para poder predecir en el futuro su espontánea y extraña formación. Pero, a su vez, han encontrado una sorpresa.
25/03/2019
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El 1 de enero de 1995, la plataforma petrolífera Draupner, en el Mar del Norte, fue golpeada por una ola de 25.6 metros de altura. Un suceso que marcó un antes y un después para la oceanografía, aunque por fortuna, no debido a unas graves consecuencias: la gigantesca ola no causó más que daños menores gracias a la efectividad de los sistemas antioleaje, evitando grandes destrozos y que no hubiese fallecidos. Pero fue la primera vez que se registraba mediante sensores una ola gigante.

Gracias a los datos obtenidos por esos sensores, un equipo de la Universidad de Oxford trabajó para simular en un laboratorio esa ola gigante, también conocida como ola monstruo, solitaria o vagabundas, y que se forman de manera espontánea y sin motivo aparente, con un tamaño enorme y que, durante mucho tiempo, se puso en cuestión su existencia, pensando en ellas como mitos de historias o leyendas marítimas. Gracias a los datos de la ola de Draupner, se logró dar consistencia a su existencia.



En la Universidad de Oxford, un equipo de ingenieros ha simulado una serie de condiciones de oleaje, creado a escala, en un tanque de prueba de 25 metros de diámetro en el laboratorio de energía oceánica FloWave en Reino Unido. Durante las pruebas, al cruzar bancos de olas en un ángulo de 120º, han encontrado que las olas no se anulan entre ellas o se dispersa, sino que suman su energía de forma progresiva para crear olas de mucho más tamaño. Los científicos creen que podrían haber encontrado el patrón que origina la aparición de las olas monstruo en alta mar.



Pero además de estos datos esenciales para conocer la creación de las olas gigantes, los científicos se encontraron con una sorpresa cuando analizaron las fotografías de alta velocidad de la simulación: tenía un parecido sorprendente con un popular grabado japonés del artista Katsushika Hokusai, quien lo creó entre 1830 y 1833, titulado Bajo una ola en altamar en Kanagawa. Se trata de una estampa de xilografía policromada que pertenece al género del “Ukiyo-e”, también conocido como "pinturas del mundo flotante", y es una de las más famosas del período Edo. Cabe preguntarse si Hokusai experimentó en el mar una ola gigante y luego la plasmó en su grabado, o bien fue producto de su imaginación. En cualquier caso, lo relevante es que con el experimento del laboratorio y los datos obtenidos se ha dado un paso hacia delante para poder en el futuro predecir la formación de estas olas.



 

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